Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Nuevamente tenemos que ocupar este espacio para ofrecer lecciones sobre filosofía libertaria ante interpretaciones erróneas de ciertas informaciones recientes.
La batalla cultural no es para flojos: tenemos que trabajar de lunes a lunes e insistir hasta el cansancio para iluminar mentes adoctrinadas por décadas de socialismo empobrecedor.
El Servicio de Investigaciones Económicas del Departamento de Agricultura de EE. UU. (ERS-USDA) proyectó esta semana que el ingreso neto del sector agropecuario de EE.UU. en 2026 sería de 158.500 millones de dólares, una cifra que, ajustada por inflación, sería 1,1 % superior a la registrada en 2025.
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Si bien los ingresos por ventas de commodities agrícolas caerían este año en relación con el pasado, los subsidios del gobierno a los productores de EE.UU. alcanzarían la cifra de 44.300 millones de dólares, lo que representa una suba de 13.800 millones con respecto a 2025.
No faltaron los mandriles que comenzaron a preguntar cómo era posible que compitiéramos con una nación que aplica semejante cantidad de subsidios al agro y que eso va en contra de la economía de mercado, y no sé cuántas burradas más.
El presidente Donald Trump, faro de la libertad en EE. UU. y el mundo, está emprendiendo una guerra contra China, país comunista que, al camuflar corporaciones estatales para hacerlas pasar como compañías privadas, pretende colonizar todos los mercados del orbe.
Esa guerra, como toda contienda, ocasiona heridos, los cuales deben ser compensados para que puedan seguir adelante. El agro de EE. UU. es una de esas víctimas. Ningún comandante dejaría morir a un sector tan estratégico en tales circunstancias.
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El hecho de que se trate de una guerra comercial, financiera y económica no implica que sea menos grave que un conflicto bélico, pues también se registran bajas a gran escala y daños significativos.
Así que, si estamos del lado de la libertad, tenemos que alegrarnos al saber que EE. UU. colmará de dinero los bolsillos de los farmers estadounidenses, aunque eso represente un perjuicio para los productores sudamericanos.
Además, técnicamente, no es razonable hablar de subsidios agropecuarios cuando se tiene a mano la máquina de fabricar billetes; en todo caso, se trata de una asignación estratégica de oferta monetaria. Ese sería el término más correcto.
Esa misma asignación estratégica de oferta monetaria es la que permite, por ejemplo, sostener la economía de países que son atacados por fuerzas oscuras en momentos electorales; así que, por favor, no denostemos los subsidios agropecuarios aportados por EE. UU.
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Resulta esencial poder contextualizar las informaciones que recibimos para no llegar a interpretaciones indebidas, las cuales pueden promover una ventaja táctica al enemigo, que busca acaparar los mercados con productos de baja calidad a precios demasiado bajos (promoción no válida para países colmados de empresaurios que deben fundirse para expiar sus pecados prebendarios).
Ya sea en el transporte público, en redes sociales, en eventos familiares o en reuniones de trabajo, cuando detectemos a algún mandril hablando pavadas, no nos quedemos callados y aleccionemos con fundamentos probados. No claudiquemos. ¡Viva la libertad, carajo!

