Un sistema que combina gallineros móviles, rotación de parcelas y suplementación alimentaria para producir huevos con trazabilidad y diferenciación. La escala, el manejo sanitario, la organización familiar y la comercialización semanal son factores determinantes para su viabilidad económica.
La producción de huevos pastoriles en esquemas regenerativos combina exigencias técnicas, organización del trabajo y una mirada de largo plazo sobre el ambiente y las personas. Requiere manejo cuidadoso del pastoreo, planificación comercial y una escala ajustada, pero también abre oportunidades en mercados que valoran el origen y la calidad del alimento. En ese marco se inscribe la experiencia que impulsa el ingeniero agrónomo Federico Sörenson, quien detalló su proyecto en el programa 6AM de AIRE de Santa Fe.
Un proyecto en marcha en Santa Fe
Sörenson desarrolla la producción de huevos pastoriles “Naturaleza en Cascarón” en asociación con la familia Tomatis, en Colonia Ituzaingó, departamento Las Colonias, dentro del establecimiento Santa Ángela. “Yo quería campos que estén desarrollando una ganadería regenerativa”, explicó sobre el origen de la iniciativa.
El sistema se basa en un gallinero móvil con capacidad para entre 500 y 600 gallinas —actualmente con poco más de 400 en producción— que permite integrar el manejo avícola al pastoreo. Las aves entran y salen libremente de la casilla y se desplazan sobre parcelas que se rotan periódicamente.
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Para sostener el esquema, utilizan cercas eléctricas que reducen el riesgo de predadores y aseguran que las gallinas accedan a superficies de pasto limpio. “Buscamos que encuentren muchos bichitos, que son una muy buena fuente de proteínas y minerales”, señaló. A la vez, el manejo sanitario se apoya en la prevención: “Tenemos que prevenir la enfermedad y tratamos de que tengan un piso firme, sin tanto barro”.
Manejo técnico y requerimientos productivos
El sistema pastoril no elimina el uso de alimento balanceado. Según explicó, en Argentina no existen líneas genéticas adaptadas plenamente a este tipo de producción, “Todo el desarrollo ha sido para la industria de la jaula”. Por eso, el complemento nutricional es indispensable: si dependieran sólo del pastoreo, “no ponen, directamente, no tienen producción”. Aun así, se procura que el balanceado provenga de esquemas libres de agroquímicos y alineados con criterios regenerativos.
En términos de escala, Sörenson indicó que unas 500 gallinas permiten alcanzar un nivel de rentabilidad razonable, aunque planteó que con 350 o 400 aves, mano de obra familiar y campo propio, se puede lograr “un margen bruto muy ameno”. “Yo no pensaría en menos que eso”, afirmó.
Respecto de la superficie, detalló: “Para 500 gallinas con media hectárea recontra alcanza de una pastura, natural o implantada, con buen rendimiento y buen manejo”. Sin embargo, advirtió que la gestión del pastoreo es clave: “La gallina mal manejada puede ser muy degradativa”.

También subrayó la importancia de la planificación económica: “Hay que hacer bien los números para no llevarse chascos”.
Comercialización y organización social
Uno de los principales desafíos de estos sistemas de baja escala es la comercialización. “Si uno no lo tiene en cuenta antes de arrancar, puede producir muy bien pero si falla en la colocación y el valor de venta… (el negocio no funciona)”, advirtió, al tiempo que recordó que se trata de un producto fresco con salida semanal.
En ese sentido, destacó que el mercado muestra señales favorables: “La demanda que tenemos es enorme, hoy el mercado está más desarrollado”.
Desde el punto de vista organizativo, consideró que el modelo más adecuado es asociarse con familias que ya estén en el campo y busquen diversificar ingresos. La mano de obra familiar y el arraigo territorial aparecen como factores clave para sostener la actividad.

Diferencias con el huevo industrial
Sörenson remarcó que las diferencias con el huevo industrial se perciben tanto en la calidad como en la trazabilidad. “Cuando uno desarma el huevo hay que mirar la consistencia”, explicó. “Tanto la clara como la yema tiene que ser muy consistente; si se rompe en un plato tiene que quedar armadito, mientras que los otros son más flácidos”.
Además, el sistema pone énfasis en la información al consumidor: “Es un poco nuestro foco: que la gente sepa de dónde viene el producto”.
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Qué implica producir de manera regenerativa
Más allá de la producción avícola, el planteo se inscribe en un enfoque regenerativo. “Tratamos de hacer una producción más holística o regenerativa”, indicó, centrada en la alimentación, el bienestar animal y el impacto ambiental.
Definió este modelo como uno que busca ser rentable pero también resiliente frente a contingencias externas: “Las empresas tienen que ganar dinero, pero que no sea a costa de cualquier cosa”.
En la práctica, implica “aumentar el capital biológico y social”. El primero se vincula con la mejora de la cobertura del suelo, la materia orgánica y la biodiversidad. El segundo, con el bienestar de las personas que trabajan en el campo y su participación en las decisiones. “Eso forma parte de la producción regenerativa: incorporar a las personas y a las nuevas generaciones en la toma de decisiones”, sostuvo.
