El ingeniero agrónomo del INTA, Hernán Ferrari, explicó en AIRE Agro cómo la inteligencia artificial y los sensores permiten detectar el estrés hídrico y la falta de nutrientes antes que el ojo humano. Argentina ya escaló al puesto 11° en desarrollo tecnológico mundial.
La tecnología agropecuaria ha dado un salto disruptivo. Lo que hace dos décadas era una discusión centrada en la potencia de los tractores y la velocidad de avance de las máquinas, hoy se ha transformado en un ecosistema de algoritmos y datos. Así lo aseguró Hernán Ferrari, referente del INTA, durante la Expoagro 2026, donde habló de el «Internet de las plantas».
«Empezamos conectando máquinas, luego conectamos lotes y ahora conectamos a las plantas. A través de una red, podemos censar qué está sucediendo en el suelo y detectar si una planta entrará en punto de marchitez permanente mucho antes que el ojo humano», detalló Ferrari en diálogo con AIRE Agro.
De la hectárea al manejo planta por planta
Este avance permite una precisión quirúrgica que redefine la eficiencia. Argentina, que enfrenta una degradación histórica de suelos, encuentra en esta tecnología una aliada para la nutrición de los cultivos.
A su vez, se destacan las siguientes características:
- Detección temprana: las plantas conectadas informan en tiempo real deficiencias de nitrógeno, fósforo, potasio y micronutrientes.
- Evolución del manejo: la agricultura pasó de gestionarse por hectárea a metros cuadrados, y hoy se encamina a una gestión individual planta por planta.
- Impacto en la siembra y cosecha: esta red de datos está cambiando la forma de fertilizar y cosechar, basándose en decisiones tomadas por inteligencia artificial aplicada a la red.
«La siembra directa revolucionó nuestro suelo, pero cuando incorporamos inteligencia artificial y le sumamos toda una red, cambian las decisiones. Y cuando cambian las decisiones, todo el sistema cambia», subrayó el ingeniero.
Argentina, potencia tecnológica: puesto 11° a nivel mundial
El crecimiento de la industria nacional es uno de los datos más destacados del 2026. Ferrari destacó que la capacidad de respuesta del sector privado argentino para adoptar y fabricar estas tecnologías es asombrosa.

«Hace cinco años decíamos con orgullo que Argentina ocupaba el 13° lugar en desarrollo tecnológico para el agro. Hoy, ya se encuentra en el 11° lugar», confirmó. Esta evolución se traduce en una base de datos masiva: «los cerca de 17.000 contratistas del país ya manejan 34 petabits de información sobre los campos argentinos», aseguró.
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Este flujo de datos no es solo estadística; es el combustible de la nueva agricultura que permite minimizar pérdidas por estrés hídrico y maximizar el rendimiento mediante el uso eficiente de insumos.
