La industria molinera advierte problemas de abastecimiento pese a una cosecha histórica de 27,9 millones de toneladas. En Santa Fe, se suman tensiones comerciales y dificultades para fijar precios en un mercado con escasa oferta de calidad.
La paradoja se instaló en el corazón de la cadena triguera: con una cosecha récord en los silos, los molinos argentinos encendieron una alerta amarilla por la dificultad para conseguir trigo con calidad panadera. Lo que comenzó como una preocupación técnica por los parámetros del grano terminó derivando en un problema de abastecimiento que hoy condiciona la operatoria industrial.
Una cosecha histórica que no se traduce en más molienda
La advertencia fue formalizada por la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM), que describió un escenario inusual: abundancia de volumen, pero escasez de mercadería apta para panificación.
“La cosecha fue histórica, pero la molienda está muy lejos de reflejar esa dinámica”, señaló el presidente de la entidad, Diego Cifarelli. En el primer cuatrimestre del ciclo 2025/26, el procesamiento creció apenas 1% interanual, pese a una producción que alcanzó 27,9 millones de toneladas.
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El contraste también se observa en el mercado: mientras la exportación avanzó con compras por más de 14 millones de toneladas (versus 9,66 millones en igual fecha de 2025), la molinería se mantuvo en niveles similares al año pasado.

Incluso pagando mejores precios por calidad, no se consigue cereal. “Aun ofertando valores superiores, la mercadería no aparece en los volúmenes que el sector requiere”, advirtió Cifarelli. La decisión de buscar liquidez vendiendo otros granos, como maíz, o el «descalce» del trigo frente al precio en alza de los fertilizantes, serian algunas explicaciones probables para los molineros.
La preocupación escala hacia adelante: la propia industria pone en duda poder alcanzar las metas oficiales. “A este ritmo de compras de trigo no vamos a poder cumplir tales expectativas”, afirmó, en referencia al objetivo de molienda proyectado en 7,2 millones de toneladas. Y resumió el impacto potencial: “Eso representa menos trabajo argentino y menos valor agregado en origen”.
El foco en Santa Fe: entre la calidad y el mercado
Desde el centro de Santa Fe, la situación se vive con matices propios. En Molino Matilde, su director Juan Cruz Imhoff reconoció a AIRE Agro que el escenario combina factores técnicos y comerciales. “Está pasando lo que se esperaba: los grandes rindes fueron en detrimento de la calidad del cereal”, explicó.
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Aun así, destacó que la empresa logró cierta previsión: “Gracias a convenios con productores, nos hicimos de un buen colchón de trigo de calidad”. Sin embargo, el problema no desaparece. “Nadie esperaba estar en esta situación de salir a buscar trigo”, admitió.
A nivel zonal, se destacan dos tensiones. Por un lado, la reticencia a vender o fijar precio: gran parte del trigo se entregó “a fijar”, pero hoy no hay apuro por cerrar operaciones. “No hay interés en el productor en vender”, resumió Imhoff.

Por otro, la dificultad para reponer stock: la industria vende harina, pero encuentra obstáculos para reponer la materia prima. “Nos está siendo difícil salir a recomprar cereal con lo que cobramos”, señaló. El resultado es un mercado trabado. “Eso genera ruidos, descalces”, sintetizó.
La raíz del problema: rindes altos, proteína baja
Detrás de la coyuntura comercial hay una explicación agronómica. Durante la campaña, los rindes superaron ampliamente las expectativas, pero sin una fertilización acorde. Ya al inicio de la campaña, en la zona centro santafesina los niveles de proteína se ubicaron en torno al 10,3%–10,4%, por debajo de los estándares industriales. La causa es conocida: la planta produjo más grano, pero sin suficiente nitrógeno disponible, lo que diluyó la concentración proteica.
El impacto es directo en la calidad. “El gluten cayó drásticamente”, había advertido el propio Imhoff meses atrás, con valores de 19 a 20 puntos frente a los 28–30 habituales. La consecuencia es operativa: “No liga, y la masa no se aguanta el leudado”.
Lo que muestran los análisis de laboratorio
Desde el laboratorio de la Cámara Arbitral de Cereales de Santa Fe, el bioquímico Mauricio Katz confirmó que el problema no es solo de cantidad de proteína, sino de su comportamiento.
“Estamos viendo harinas con gluten que ligan con mucho esfuerzo”, explicó. Y marcó la diferencia con campañas anteriores: “Antes, con proteínas de 9,5% o 10%, los gluten eran bajos pero ligaban; este año no”.

La razón está en la composición del grano. “El gluten está extremadamente diluido en almidón”, indicó, lo que obliga a trabajar con niveles proteicos más altos para lograr la misma calidad panadera.
Un problema que podría repetirse
Lejos de ser un episodio aislado, la situación proyecta interrogantes hacia la próxima campaña. Las perspectivas de un año Niño anticipan buenas lluvias y, potencialmente, otra cosecha de alta productividad. El riesgo es repetir el mismo desequilibrio. “Ya hay temor de que este año pinta ser igual”, advirtió Katz.
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En este contexto, Molino Matilde pondrá el tema en agenda durante el lanzamiento de la campaña 2026/27. “Tenemos que encontrar el equilibrio entre rendimiento y calidad”, planteó Imhoff.
La advertencia atraviesa a toda la cadena. “Si no, el trigo termina no sirviendo”, concluyó, en un diagnóstico que sintetiza la preocupación actual: cuando falla la calidad, el volumen deja de ser una ventaja.
