Javier Martín, presidente de la Federación Industrial Santafesina, planteó que aumentar los volúmenes exportados no será suficiente para cerrar la brecha de desarrollo con países comparables. El dirigente industrial propuso avanzar hacia una economía basada en la transformación de materias primas, la química verde y el cumplimiento de los estándares europeos.
En el marco del seminario “Del Campo a la Industria: Agregar valor frente al Acuerdo Unión Europea-Mercosur”, organizado por Carsfe en el Puerto de Santa Fe, el presidente de la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), Javier Martín, planteó que el principal desafío para la provincia y para la Argentina no pasa únicamente por exportar más, sino por incrementar significativamente el valor de lo que se vende al mundo.
Durante su exposición en el panel “Santa Fe, de provincia productiva a potencia exportadora”, vinculó el desarrollo económico con la capacidad exportadora de los países. A partir de un análisis comparativo, señaló que Argentina registra exportaciones per cápita por unos US$ 2.100, muy lejos de los niveles de Canadá (US$ 17.000) y Corea del Sur (más de US$ 15.000), pese a tener poblaciones de magnitud similar.
“Cuanto más exportaciones tiene un país, más PBI per cápita y mayor nivel de desarrollo económico”, resumió.
El agro y la minería no alcanzan para cerrar la brecha
Martín destacó que actualmente cerca de US$ 1.000 por habitante de las exportaciones argentinas provienen del agro, unos US$ 300 de la minería, y aproximadamente US$ 400 tanto de manufacturas como de servicios.

Incluso considerando una expansión de la producción agrícola hasta las 200 o 210 millones de toneladas y un fuerte crecimiento minero, estimó que Argentina podría alcanzar exportaciones per cápita cercanas a US$ 3.000, todavía muy por debajo de las economías desarrolladas.
“Es muy importante que sigamos avanzando con las exportaciones del agro y con la minería, pero con eso no nos alcanza. Necesitamos agregar valor”, afirmó.
Como ejemplo, comparó la composición de las exportaciones argentinas con las de Nueva Zelanda. Mientras el país oceánico exporta principalmente lácteos, carnes y productos procesados, Argentina continúa concentrada en commodities como pellets de soja, maíz, aceite de soja y trigo.
La tonelada de salamín que vale más que un Toyota
Para ilustrar el potencial de la industrialización, Martín recurrió a una comparación que atravesó buena parte de su presentación.
Explicó que una tonelada de salamín se comercializa entre US$ 4.500 y US$ 7.500 en América Latina y entre US$ 6.500 y US$ 9.000 en Europa, mientras que en góndola alcanza valores de entre 25 y 35 dólares por kilo.
En contraste, señaló que un automóvil Toyota de US$ 20.000 pesa aproximadamente 1.500 kilos, lo que equivale a entre 12 y 13 dólares por kilo.
“Estamos hablando de 25 a 35 dólares por kilo de salamín. Hay muchísimas oportunidades de capturar valor ahí”, sostuvo, aunque advirtió que existen restricciones sanitarias y exigencias regulatorias que requieren trabajo coordinado de toda la cadena productiva.

El modelo de Mato Grosso que observó para replicar en Santa Fe
Uno de los ejemplos que presentó fue la transformación productiva del estado brasileño de Mato Grosso, donde participó en la construcción de una planta vinculada a la producción animal.
Según relató, grandes frigoríficos y cooperativas impulsaron esquemas de integración con pequeños productores de 10 o 15 hectáreas mediante financiamiento, asistencia técnica, genética y compra garantizada de la producción. El resultado fue la conversión de miles de productores de subsistencia en pequeños empresarios integrados a cadenas exportadoras.
Martín consideró que el modelo podría adaptarse al centro-norte santafesino, especialmente en zonas donde resulta más costoso transportar maíz a los puertos que transformarlo localmente en proteína animal.
Destacó además el impacto territorial de ese proceso. “Detrás viene el frigorífico, y el frigorífico emplea entre 800 y 1.000 personas”, señaló, al remarcar el efecto sobre el arraigo y la generación de empleo en localidades del interior.
De la molienda a la química verde
El dirigente industrial sostuvo que Santa Fe enfrenta el desafío de profundizar la complejización de sus cadenas productivas. En ese sentido, propuso avanzar desde un esquema centrado en la molienda de granos hacia otro basado en la producción de proteínas de alto valor, alimentos funcionales, bioinsumos, biomateriales, bioplásticos, cosmética y aplicaciones farmacéuticas derivadas de materias primas agroindustriales.
“Debemos pasar de un complejo de molienda a considerar que necesitamos tener fábricas con química verde”, afirmó.

También destacó el papel que pueden desempeñar la biotecnología, los servicios basados en el conocimiento, el sistema científico y tecnológico, y el entramado metalmecánico santafesino para abastecer una industria más sofisticada.
Europa abre mercados, pero mantiene exigencias
Respecto del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, Martín consideró que la reducción gradual de aranceles representa una oportunidad relevante, aunque advirtió que la verdadera barrera competitiva seguirá siendo el cumplimiento de estándares técnicos y sanitarios.
Recordó que la Unión Europea mantiene actualmente más de 7.000 reglamentos técnicos, además de exigencias vinculadas a sustentabilidad, trazabilidad, bienestar animal, huella de carbono y normativa antideforestación.
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“Hay tres o cuatro dimensiones que son innegociables para Europa: producción más sustentable, trazabilidad, normativa de deforestación y certificaciones ambientales”, señaló.
Por eso, concluyó que el desafío no pasa solamente por acceder a un mercado con menores aranceles, sino por preparar a toda la cadena productiva para cumplir requisitos que demandan inversiones, coordinación institucional y una estrategia de largo plazo. “No es algo simple. Hay que prepararse”, resumió.
