El consumo de pollo alcanzó 47 kilos por habitante y supera al de carne vacuna, pero la cadena enfrenta márgenes ajustados. Desde la Cámara Avícola Santafesina, Alejandro Coianiz explicó qué factores sostienen la demanda y cuáles condicionan la rentabilidad del sector.
Entre agosto de 2025 y julio de 2026, la carne de pollo llegó a 47 kilos por habitante, contra 46,7 kilos de carne bovina, según IERAL de la Fundación Mediterránea. Para Alejandro Coianiz, presidente de la Cámara Avícola Santafesina, el dato refleja un cambio que va más allá de una coyuntura de precios: el pollo ganó un lugar estable en la dieta de los hogares.
El precio, la principal razón del cambio
La diferencia de precios es el principal motor de la demanda. IERAL calculó que durante los últimos doce meses un kilo de carne vacuna equivalió, en promedio, a 3,6 kilos de pollo entero o 1,9 kilos de pechito de cerdo.
“Tal vez el principal motivo sea el precio, que siempre está muy acomodado», explicó Coianiz a AIRE Agro. Según describió, el kilo de pollo se consigue en ofertas de grandes supermercados a unos $3.000 y en carnicerías alrededor de $4.000. «Con lo que vale 1 kg de carne de vaca podés comprar 4 kg de carne de pollo», destacó.
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Pero el dirigente santafesino señaló que la diferencia no se explica únicamente por el bolsillo. El producto también se consolidó por sus características: “No solo se afianzó ya en la mesa por precio, sino por practicidad, por terneza de la carne, variabilidad de platos de comida”.

El avance se da dentro de un consumo total de carnes relativamente estable, de entre 100 y 115 kilos anuales por habitante. La modificación está en la composición: mientras la carne vacuna destina una proporción de su producción cada vez mayor a la exportación, el pollo y el cerdo ganan espacio en el mercado interno. En ese sentido, Coianiz señaló que hay «menos kilos volcados al mercado interno» de carne vacuna.
El consumo puede seguir creciendo, pero con márgenes ajustados
La diferencia todavía es reducida: apenas 300 gramos por habitante al año. Coianiz considera que el pollo tiene margen para continuar ganando participación si mantiene su ventaja de precio y sus atributos de consumo.
El desafío está en que esa mayor demanda no se traduce automáticamente en una mejor rentabilidad para las granjas y empresas. Coianiz describió la actividad como un negocio de «números muy finitos«, con márgenes históricamente pequeños que incluso pueden desaparecer o transformarse en pérdidas cuando existe sobreoferta, porque el pollo es perecedero y debe venderse aunque el precio sea bajo.
Con menor inflación, además, perdió importancia la ganancia que antes podía obtenerse por diferir pagos o manejar el dinero durante algunos días. Por eso, el sector debió «buscar la eficiencia o el menor costo mirando hacia dentro y no tanto hacia el precio de venta».
A esa presión se suma el aumento del combustible, que encarece el cereal, principal insumo de la alimentación de las aves. Como las empresas no pueden trasladar libremente esos aumentos al consumidor, la eficiencia se volvió determinante.
Brasil y las exportaciones condicionan al sector
La apertura comercial agregó otro desafío: las importaciones desde Brasil, un productor de una escala muy superior y con costos que le permiten competir con mayor margen. Para Coianiz, la avicultura argentina tendrá que convivir con esa realidad y responder con reducción de costos y eficiencia, además de reclamar mejoras en caminos, financiamiento y menores costos impositivos.
Mientras tanto, según el empresario la exportación se mantiene en niveles mínimos, sólo para conservar abiertos los mercados, colocando productos como pechuga, alita o el cuarto trasero, porque la ecuación económica no resulta atractiva.
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En este aspecto, la principal expectativa está puesta en China: su reapertura permitiría mejorar el valor de la garra de pollo, que hoy se exporta a Vietnam prácticamente al costo. Sin ese mercado y con una rentabilidad exportadora limitada, las inversiones no apuntan a aumentar fuertemente el volumen, sino a incorporar tecnología y maquinaria que permitan producir con mayor precisión y menor costo.
