Productores y bodegas cordobesas trabajan para posicionar a la provincia dentro del mapa vitivinícola argentino con vinos de nicho y fuerte identidad regional. El desarrollo del terroir, la investigación técnica y el crecimiento del enoturismo aparecen como claves para el futuro del sector.
Hace poco más de un mes, en una subasta realizada en Nueva York se alcanzó el mayor precio pagado por un vino en la historia: 812.500 dólares. Se trató de una botella de Romanée-Conti cosecha 1945.
El viñedo que la produjo ocupa apenas 1,8 hectáreas en la región de Côte de Nuits y genera unas pocas miles de botellas al año. Aun así —o justamente por eso— es considerado uno de los grandes símbolos de la vitivinicultura mundial.
Aunque pueda parecer lejano, para una región vitivinícola emergente como los valles serranos de Córdoba, este tipo de experiencias funciona como referencia a la hora de pensar el desarrollo de la actividad a partir del terroir —o terruño—, es decir, de las características propias de cada lugar y de las particularidades que aporta cada región.
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El potencial de los terroirs cordobeses
Según Carlos Testa, presidente de la Cámara de Bodegas y Productores Vitivinícolas de la Provincia de Córdoba (Cabyp) y productor de la bodega Río del Medio, en el Valle de Calamuchita, el caso de Romanée-Conti muestra hasta qué punto el terroir influye en la calidad de un vino.

“Esas dos hectáreas en Côte de Nuits tienen condiciones perfectas de insolación, suelo y drenaje para elaborar un vino único”, señaló.
Además, destacó el potencial de zonas como Punilla y Traslasierra, donde en los últimos años crecieron algunos de los principales emprendimientos vitivinícolas de la provincia. “En Córdoba tenemos una enorme diversidad de terroirs y muchísimas oportunidades de desarrollo”, sostuvo.
El desafío de construir una identidad para los vinos cordobeses
Uno de los principales desafíos actuales es consolidar la identidad de los vinos cordobeses y posicionarlos dentro del mapa vitivinícola nacional.
En ese sentido, desde Cabyp impulsan estudios junto con técnicos de Argentina e Italia para fortalecer la calidad y construir una marca provincial vinculada al vino.
“Estamos trabajando para fortalecer la calidad y construir una marca de vinos de Córdoba, como ya ocurrió en otras provincias del país”, indicó Testa. Y adelantó que los resultados serán presentados próximamente.
Qué es el terroir y por qué define la calidad de un vino
La vitivinicultura busca cada vez más elaborar productos que expresen el lugar donde fueron producidos y, en ese contexto, el concepto de terruño ocupa un lugar central, muchas veces incluso por encima de las cepas utilizadas.
El terroir combina factores naturales y humanos —como el clima, el relieve, la orientación del viñedo y las prácticas de manejo— que le dan identidad a cada vino.
“Hoy el gran desafío es hacer algo diferente, que exprese el lugar donde está plantada la vid. Los grandes resultados no salen de casualidad, sino de haber encontrado los lugares adecuados”, explicó Testa.

La importancia de la ciencia y la investigación en el viñedo
La búsqueda de un buen terroir comienza mucho antes de la elaboración del vino. La elección del viñedo implica analizar el tipo de suelo, el régimen de lluvias, la amplitud térmica entre el día y la noche y otras variables que condicionan el desarrollo de la planta. “Para encontrar un buen terroir hay que estudiar la geología, la climatología y entender bien cada ambiente”, explicó.
En ese proceso, Testa destacó también el aporte de la ciencia y de los equipos técnicos para generar conocimiento aplicado a la producción. “Esto no depende solo del viticultor. Hace falta investigación y desarrollo para acompañar la llegada de tecnología al territorio”, afirmó.
Según explicó, la calidad de la uva sigue siendo el principal factor que determina el resultado final. “El 80% de un vino se explica por la calidad de la uva. Podemos arruinar una uva sobresaliente en la bodega, aunque con la tecnología actual eso es bastante infrecuente. Lo que sí es imposible es hacer un vino sobresaliente sin una uva sobresaliente”, sostuvo.
Los desafíos de la vitivinicultura en Córdoba
La vitivinicultura argentina tiene su principal centro de desarrollo en Mendoza, donde se concentra gran parte de los proveedores de insumos, fabricantes de maquinaria y profesionales vinculados al sector. Para provincias emergentes como Córdoba, esa centralización implica desafíos adicionales a la hora de desarrollar la actividad.
En ese contexto, Testa explicó que buena parte del crecimiento local estuvo apoyado en la formación técnica y en el acompañamiento de instituciones especializadas, como INTA. Entre los especialistas mencionó a Gustavo Aliquó y a Adolfo Grión.
Vinos de nicho y crecimiento del enoturismo
Actualmente, Córdoba cuenta con unas 300 hectáreas implantadas con vid, una escala muy reducida frente a las cerca de 200.000 hectáreas de Mendoza. La mayoría de sus bodegas son emprendimientos pequeños, con un perfil asociado más a la calidad que al volumen.
“Lo que está pasando en Córdoba tiene mucho que ver con vinos de nicho y de muy alta calidad”, afirmó Testa. A eso se suma el crecimiento del enoturismo, una actividad que impulsó buena parte de la expansión reciente del sector.
La sostenibilidad económica, el gran reto del sector
Sin embargo, el dirigente advirtió que la sostenibilidad económica todavía representa un desafío para muchas bodegas. “Hay mucho entusiasmo de los dueños y de los bodegueros, pero la ecuación económica todavía está por verse”, sostuvo.
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De cara al mediano plazo, señaló que uno de los riesgos sería depender exclusivamente del enoturismo como motor de crecimiento. “El desafío es no quedar ligados solamente a la experiencia turística, sino también consolidar una marca Córdoba vinculada a vinos de alta calidad. Si no avanzamos en ese camino, la sostenibilidad va a ser más limitada”, concluyó.
