Durante 2026 ingresaron 214 equipos usados por el puerto de Zárate, frente a los 61 registrados en igual período de 2025. Las inspecciones buscan impedir que cosechadoras e implementos transporten semillas de malezas, insectos y agentes causantes de enfermedades.
El crecimiento de las importaciones de maquinaria agrícola usada plantea nuevos desafíos para la protección fitosanitaria argentina. Los equipos que llegan desde otros países pueden transportar organismos perjudiciales ocultos entre sus componentes, restos vegetales o acumulaciones de tierra, capaces de introducir nuevas plagas y enfermedades en los sistemas productivos locales.
Según informó el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), durante 2026 ingresaron al país 214 maquinarias e implementos agrícolas usados a través del puerto de Zárate, en la provincia de Buenos Aires. La cifra más que triplica las 61 unidades fiscalizadas durante el mismo período de 2025.
Ante ese incremento, el organismo intensificó las inspecciones fitosanitarias en la terminal portuaria. Personal del Centro Regional Buenos Aires Norte realiza controles documentales y físicos para verificar que los equipos cumplan con las exigencias sanitarias antes de su ingreso. La mayoría de las maquinarias proviene de Estados Unidos y países de la Unión Europea.
Qué controles exige Senasa para importar maquinaria usada
Los procedimientos se ajustan a los requisitos de la Autorización Fitosanitaria de Importación (AFIDI). Entre las condiciones obligatorias se encuentran la limpieza interna y externa de los equipos, la ausencia de suelo, restos vegetales y plagas, y la aplicación de alguno de los tratamientos cuarentenarios aprobados por la Argentina.

Además, cada maquinaria debe contar con un certificado fitosanitario emitido por la autoridad competente del país de origen.
Semillas de malezas e insectos: los riesgos que viajan en las cosechadoras
Uno de los principales peligros es el traslado de semillas de malezas que quedan retenidas en tolvas, cabezales, sinfines y plataformas de cosechadoras. Si los equipos trabajaron en lotes afectados por especies invasoras o resistentes, pueden transportarlas hasta los campos argentinos.
También pueden ingresar insectos en distintos estadios de desarrollo —adultos, ninfas y pupas— que permanecen ocultos en grietas, conductos y restos vegetales secos.
Un antecedente es la dispersión de la polilla de la vid (Lobesia botrana), asociada al traslado de pupas en cosechadoras utilizadas para recolectar uvas destinadas a vinificación.
Suelo y restos vegetales, otras vías de dispersión de plagas
El barro adherido a ruedas, chasis y orugas puede transportar microorganismos, nematodos, esporas de hongos y bacterias perjudiciales para los cultivos. A su vez, los restos de tallos, hojas y granos que permanecen en cosechadoras y desmotadoras pueden albergar virus y plagas cuarentenarias.
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Por eso, la limpieza de los equipos constituye una condición central para autorizar su importación. Con un volumen de ingresos que más que se triplicó en un año, Senasa busca fortalecer los controles para evitar que la renovación del parque de maquinaria agrícola se convierta en una vía de entrada de amenazas para la producción agropecuaria nacional.
