Un productor agropecuario encontró el ejemplar en San Agustín, cerca de la ciudad de Santa Fe, y decidió fotografiarlo antes de que lo eliminara la desmalezadora. Su particular aspecto despertó curiosidad y volvió a poner el foco en una especie silvestre cada vez más frecuente en las banquinas rurales.
Emanuel Bertone encontró una extraña planta cerca de su casa y decidió fotografiarla antes de que pasara la desmalezadora de la comuna. El ejemplar pertenece a la especie Echium plantagineum, conocida como viborera o flor morada, es una de tantas malezas presentes en la región y se destaca en primavera por sus flores violetas y azuladas. Pero su forma no es la habitual, sino que está visiblemente alterada.
Lo que llamó la atención del productor fue la forma del tallo, que en lugar de crecer de manera cilíndrica se ensanchó y quedó aplanado, con una apariencia similar a una cinta. «Suele pasar en las plantas silvestres», explicó Bertone a AIRE Agro.
Según su experiencia, este tipo de alteraciones también aparece en otras especies. «Siempre entendí que mutan de esa manera porque las toca algún veneno cuando fumigan, no sólo en esta especie sino en otras también como los cardos», comentó.
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Sin embargo, aunque los productos químicos pueden dañar los tejidos vegetales, no es posible atribuir esta deformación a una aplicación de agroquímicos sin determinar su causa.
Qué es la fasciación y por qué se produce
La anomalía se conoce como fasciación, también llamada crestación o cristación. Se produce cuando el meristemo apical, el tejido responsable del crecimiento de la planta, se desarrolla de manera anormal y se ensancha en lugar de mantener su forma habitual.
Como consecuencia, el tallo puede aplanarse y adoptar formas de cinta, abanico o cresta. En algunos ejemplares, la estructura parece formada por varios tallos que crecieron fusionados.
El fenómeno puede tener un origen genético o responder a factores ambientales y biológicos. Entre las causas posibles figuran alteraciones espontáneas en las células de crecimiento, lesiones en la punta del tallo, ataques de insectos e infecciones que afectan los mecanismos hormonales de la planta.
Por lo general, la fasciación no provoca la muerte del ejemplar, aunque puede reducir su fertilidad o la duración de algunas estructuras. También puede afectar flores, raíces y frutos.
La deformación tiene, además, un valor ornamental: los coleccionistas y aficionados a la jardinería aprecian especialmente las formas crestadas que aparecen en cactus y suculentas, que pueden alcanzar un mayor valor comercial por su aspecto poco común.

Viborera: una especie que se extiende en las banquinas
Bertone explicó que años atrás, cuando se araban los lotes y se removía la tierra, encontraba esta planta con mayor frecuencia. Actualmente, señaló, es habitual verla en las banquinas, donde la vegetación puede desarrollarse sin aplicaciones regulares de herbicidas. También aparece en establecimientos ganaderos y tamberos.
Otro productor de la región, Juan Appendino, que trabaja entre Coronda y Larrechea, advirtió sobre su expansión en las banquinas de la ruta provincial 64. «Se está haciendo plaga porque todos los años encuentro más», afirmó.
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La viborera pertenece a la familia de las borrajas. Se reconoce por sus hojas ásperas y cubiertas de pelos, y por sus flores en forma de campanita, con tonalidades que varían del rosado al azul violáceo.
Es una especie muy melífera, cuyas flores atraen a las abejas y les proporcionan néctar y polen. Sin embargo, también tiene importancia desde el punto de vista productivo: contiene alcaloides que pueden resultar tóxicos para el ganado cuando se consume en cantidades suficientes y es considerada una planta invasora.
