Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
La batalla cultural no puede realizarse en el vacío: requiere comprender el contexto porque, de lo contrario, puede terminar validándose aquello que se pretende combatir.
Esta semana, durante la reunión conjunta de las comisiones de Asuntos Constitucionales y Legislación General de la Cámara de Diputados, el gobierno libertario promovió un dictamen sobre el proyecto de “inviolabilidad de la propiedad privada” que incluye la restitución de la “Ley de Tierras” (Nº 26.737) que había sido derogada por el decreto 70/2023 del mismo gobierno libertario.
Los mandriles maliciosos y desinformados seguramente sostendrán que se trata de una contradicción flagrante, pero la realidad de los hechos dista mucho de esa afirmación imberbe.
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El asesor presidencial Santiago Caputo explicó con notable destreza la naturaleza del asunto en un posteo en redes sociales que muy probablemente será, en el futuro, materia de estudio en los principales centros académicos del mundo civilizado.
“Ver al Reino Unido siendo colonizado por el Islam no sólo es un riesgo inminente para la causa de Occidente todo, sino que es una tragedia en términos históricos para quienes defendemos las ideas de la libertad. Esta es otra de las razones por las que la Argentina debe proyectarse con firmeza hacia el Atlántico Sur y recuperar las Islas Malvinas. Dada la relevancia geopolítica estratégica que el Atlántico Sur tomará en las próximas décadas, Occidente no puede permitirse la injerencia de un Estado islámico en esa zona de influencia”, destacó el asesor e intelectual.
Mientras que la derogación de la Ley Nº 26.737 resultaba apropiada para potenciar inversiones y promover la riqueza cuando las fuerzas de la libertad eran preponderantes en el orbe, la instauración progresiva de regímenes contrarios a los valores fundacionales de Occidente hace necesario revisar políticas que podrían afectar la soberanía nacional.
No existe disparidad de criterios entre una y otra acción, sino más bien coherencia ante la defensa inclaudicable de la libertad individual frente al avance del oscurantismo.
El mismo criterio es el que empleó el país esta semana durante una votación crucial en las Naciones Unidas. Argentina se abstuvo en la votación de la Cuarta Comisión de la Asamblea General de la ONU sobre un proyecto impulsado por Rusia acerca de las “formas contemporáneas de colonialismo”, que pretende extender ese concepto hacia las dimensiones económicas, financieras o comerciales implementadas de manera unilateral por el poder dominante.
El gobierno autocrático de Rusia, enemigo de la libertad, pretende confundir a la comunidad internacional con argucias discursivas que no hacen mella en las mentes bien formadas en la filosofía libertaria.
La apropiación de activos rusos por parte de las naciones occidentales no puede ser considerada una acción “colonialista”, así como tampoco las sanciones comerciales instrumentadas contra Rusia. Se trata de medidas necesarias para que Ucrania, faro de la libertad en la región del Mar Negro, pueda defenderse de las agresiones bélicas de su vecino en las mejores condiciones posibles.
Eso no implica desconocer que la Argentina sigue estando en contra de las “formas tradicionales de colonialismo”, como es el caso de la apropiación indebida de las Islas Malvinas por parte del Reino Unido.
Es crucial que los defensores de la libertad conozcamos muy bien estos matices para comprender que toda política bien configurada pretende proteger a las naciones en las que rige el Estado de derecho de aquellas que ostentan regímenes autoritarios o bien totalitarios.
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Si bien nuestros adversarios harán todo lo posible para intentar confundirnos, no tenemos que caer en esa trampa. Las decisiones podrán cambiar, pero lo importante reside en la protección de los valores que nos diferencian de los bárbaros. No bajemos los brazos ¡Viva la libertad, carajo!

