Cuatro exintegrantes de este movimiento campesino que se desarrolló entre 1973 y 1976 compartieron sus experiencias de compromiso gremial, político y religioso durante una jornada realizada en el comedor universitario de la Universidad Nacional de Entre Ríos, en Paraná. El encuentro se realizó el 8 de septiembre, Día del Agricultor.
Benjasmín Chiapino, Stella Maris Rébora, Carmen Dalmazo y Diego Benedetti fueron los protagonistas centrales del encuentro “Custodiar la memoria: Las Ligas Agrarias Entrerrianas y su archivo”, cuyo objetivo fue recuperar relatos sobre la experiencia de militancia y compromiso político-gremial de familias campesinas de la provincia de Entre Ríos durante las décadas del 60 y del 70.
Durante la jornada también se presentó el proceso de trabajo conjunto que vienen desarrollando exmilitantes de las Ligas Agrarias Entrerrianas e integrantes del Instituto de Estudios Sociales (INES) del Conicet-UNER. La iniciativa está orientada a la identificación, organización, preservación, digitalización y puesta en valor de un importante acervo documental producido, reunido y conservado por sus protagonistas. Esa documentación, de gran valor histórico, quedará bajo la guarda del INES.
Cómo surgieron las Ligas Agrarias Entrerrianas
Durante el encuentro, desarrollado en el comedor universitario de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), en Paraná, los cuatro exintegrantes de las Ligas Agrarias Entrerrianas relataron innumerables experiencias y anécdotas de aquella convulsionada época de la Argentina.
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El origen de las Ligas Agrarias Entrerrianas se remonta a fines de los años 50, cuando numerosos jóvenes campesinos, en su mayoría pertenecientes a familias de pequeños productores agropecuarios y fuertemente vinculados con la Iglesia Católica, dieron nacimiento al Movimiento Rural de Acción Católica. Luego, a partir de 1970, esa organización se transformó en las Ligas Agrarias, que en Entre Ríos llegaron a reunir a unas 4.000 familias campesinas.

La crisis de las economías regionales, fundamentalmente de la avicultura, aceleró la participación de jóvenes de toda la provincia, que rompieron con la estructura piramidal de la Iglesia y crearon una organización horizontal y de base.
“Las decisiones eran asamblearias porque los delegados no tomaban ninguna medida que no hubiera sido propuesta durante la asamblea”, recordó Chiapino, uno de los dirigentes más activos de aquel tiempo. Además, subrayó que las Ligas Agrarias “no pertenecían a los dirigentes, sino que eran de los productores”.
El reclamo de un precio justo y de sostén para la producción, sobre todo de huevos, junto con mejoras en la comercialización, fueron algunos de los motivos que impulsaron las grandes movilizaciones durante la dictadura del general Alejandro Agustín Lanusse.
“La fuerza de las Ligas Agrarias estaba realmente en la participación de toda la familia”, se remarcó durante el encuentro.
Benedetti, por su parte, señaló que “las Ligas Agrarias me dejaron una enseñanza profunda de solidaridad, compromiso y servicio junto a la gente” y valoró especialmente “al campesinado que trabaja y ama la tierra”.
“Pasó mucho tiempo, pero aún mantengo la esperanza de construir un mundo nuevo, participativo y justo”, subrayó Benedetti.

Mientras tanto, Chiapino, que durante muchos años estuvo al frente del Programa Social Agropecuario (PSA) en Entre Ríos, habló, a modo de cierre de la jornada, de “tiempos de esperanza” y remarcó que “nunca hay que sentirse derrotado, sino seguir pensando y extendiendo las manos”.
Qué legado dejaron las Ligas Agrarias
El legado de las Ligas Agrarias, según la mirada de los protagonistas de aquellos tiempos, está asociado a la posibilidad de mantener viva una propuesta colectiva que debe continuar en el tiempo, con nuevas formas de participación y desde el contacto con la tierra, con el campesinado como protagonista.
Las Ligas Agrarias en el país tuvieron una vida relativamente corta. Surgieron en 1970 y las de Entre Ríos se conformaron en 1973, pero fueron disueltas tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.
Muchos de sus integrantes fueron perseguidos, encarcelados y desaparecidos a medida que la política represiva se fue profundizando. Otros se exiliaron y algunos lograron sobrevivir.
Hay que señalar, sin embargo, que antes de 1976, durante la dictadura de Lanusse y aun durante el gobierno constitucional peronista, también se registraron hechos represivos.
Los documentos del archivo que está recuperando el INES fueron escondidos por muchas de las propias familias que participaron de las Ligas.

Los objetivos que impulsaban a las Ligas Agrarias
Los principales objetivos de las Ligas Agrarias, vale remarcarlo, apuntaban a un cambio radical de las reglas de juego del agro argentino. Se pueden sintetizar en cinco ejes.
- Económico. Buscaban romper los monopolios y terminar con la intermediación de acopiadores, frigoríficos y grandes molinos. También reclamaban precios justos y sostén para las producciones regionales, como el algodón en Chaco, la yerba en Misiones y los cítricos y la avicultura en Entre Ríos. Otro de los reclamos era eliminar la prenda agraria, debido al endeudamiento de los productores con créditos usurarios que dejaban sus bienes prendados hasta la cosecha.
- Gremial. Planteaban una comercialización propia. No querían subsidios, sino vender directamente su producción. Para eso proponían crear cooperativas, acopios y mercados propios, además de fijar las condiciones de comercialización de la producción y no dejarlas en manos de las grandes empresas. En Entre Ríos, este punto era especialmente relevante para las producciones de huevo y pollo.
- Social. La propuesta incluía que la tierra fuera para quien la trabajara y planteaba una reforma agraria integral. También reclamaba mejoras en los caminos vecinales, las escuelas rurales y el acceso a la salud.
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- Político. Promovían la conciencia y la organización de base, a partir de la metodología del Movimiento Rural de Acción Católica: ver, juzgar y actuar. La organización debía ser horizontal, de abajo hacia arriba, con delegados elegidos en cada colonia y no con un caudillo impuesto desde arriba. También destacaban la participación de toda la familia, con un rol muy importante de las mujeres, motivo por el cual se hablaba de la familia chacarera. Además, buscaban formar un movimiento nacional campesino independiente de las cuatro entidades tradicionales del campo.
- Quedarse en el campo. El proyecto también tenía un fuerte componente de arraigo. La consigna era evitar la migración y garantizar que los hijos de las familias de productores pudieran continuar vinculados a la actividad agropecuaria. El objetivo era que “el hijo del gringo o del criollo pudiera seguir siendo productor”.
