El fenómeno El Niño representa un desafío constante para los productores ganaderos de las islas entrerrianas. La historia de inundaciones anteriores, los costos y la incertidumbre climática obligan a repensar estrategias y a fortalecer la colaboración entre productores y autoridades para minimizar el impacto en la producción y el bienestar animal.
El fenómeno del Niño vuelve a encender las alarmas entre los productores ganaderos de las islas entrerrianas. Desde las entidades agropecuarias salieron a alertar sobre la magnitud que podría alcanzar este evento climático en los próximos meses y los riesgos que implica para el ganado que permanece en las territorios insulares.
La historia de inundaciones y la dificultad para trasladar el ganado se suman a la preocupación de los productores, quienes enfrentan desafíos logísticos y económicos para proteger su hacienda.
Los pronósticos indican que El Niño –algunos hablan de un súper Niño– llegará con toda su fuerza a la zona de islas entrerrianas durante el trimestre octubre-diciembre.
Ante estos vaticinios, los productores isleños y quienes trasladaron su hacienda a esos territorios ya trabajan para encontrar campos donde reubicar los animales antes de que las aguas comiencen a subir.
Ese traslado, sin embargo, no es nada sencillo por distintas razones, entre ellas porque en las islas hay casi 500.000 cabezas.
José Luis Peter, productor de Villa Paranacito –en el sur provincial– e integrante de la Federación Agraria Argentina, señaló que “más que preocuparnos, debemos ocuparnos de una crecida que, según los especialistas, va a golpear en toda la zona de islas”.
Todos aseguran que será un Niño “de intensidad muy fuerte, razón por la cual en nuestra zona (departamento Islas del Ibicuy) se está analizando y pensando qué hacer a futuro, cómo sacar y dónde ubicar las 264.182 cabezas, que tenemos en la zona”.

Productores y entidades ya han comenzado a buscar lugares para hacer un embarcadero en la zona de Villa Paranacito, pero enfrentan un problema adicional: la poca cantidad de embarcaciones aptas para el traslado de animales.
Por esta razón, Peter consideró que “lo más lógico sería contar con un embarcadero y corrales donde el barco pueda descargar la hacienda y luego cargarla en camiones con destino a un campo alto, o, directamente, a remates feria”.
En la actualidad, en Villa Paranacito, un solo barco reúne las condiciones para trasladar hacienda, mientras el problema de los corrales, que permitirían una rápida salida hacia la ruta, aún no está resuelto. Esto se debe a que el camino que llega hasta el lugar quedaría cubierto por el agua si no se realizan las obras necesarias.
Los productores no quieren que se repita la historia de crecientes pasadas cuando muchos tuvieron que malvender su hacienda.
Es así que inmobiliarias y consignatarias han recibido llamados de productores que ya se están ocupando de la situación, aunque la oferta de campos altos es escasa, y, en la zona norte de Entre Ríos, persiste la amenaza latente de la garrapata.
Números
La cantidad de ganado que se engorda en zonas de islas y campos inundables de Entre Ríos es alta y abarca a seis departamentos, de acuerdo con el siguiente detalle:
- Diamante: 65.102.
- Gualeguay: 46.549.
- Islas del Ibicuy: 264.182.
- La Paz: 22.178.
- Paraná: 13.224.
- Victoria: 80.872.
Reuniones
Por estos días, con cierta antelación, funcionarios del Gobierno provincial, dirigentes de las entidades agropecuarias y de la Fucofa (Fundación de Lucha contra la Fiebre aftosa), referentes del Senasa y representantes de la Policía y Prefectura mantienen reuniones para elaborar un plan de contingencia que resulte eficaz para que los productores puedan evitar pérdidas. El objetivo central –nada fácil, por cierto– es encontrar campos altos con espacio para ubicar los miles de animales que serán evacuados.

El Estado provincial, además, posee paneles para el armado de corrales móviles y ya se están elaborando convenios, especialmente con cooperativas, para cederlos en comodato ante la emergencia que se viene.
Más de 150 años de historia
Peter recordó que la producción ganadera en las islas tiene más de un siglo de historia y que los eventos climáticos extremos han sido recurrentes: “Hace 150 años que estamos produciendo en el delta, y siempre han sucedido estos casos”.
Destacó, sin embargo, que la tecnología actual permite anticipar las crecidas con mayor precisión: “Creo que, por suerte, hoy los medios tecnológicos van advirtiendo con mucho tiempo de antelación la llegada de una creciente”.
Experiencias pasadas
El fenómeno de El Niño ha dejado huellas profundas en la memoria de los productores isleños. Peter enumeró los eventos más graves: “Hace años, de lo que he vivido yo, lo peor de todo fue 1982/83. 1991/92, 1997/98, y 2016. En 2016 había un déficit total de embarcaciones para sacar el ganado de las islas, sólo contábamos con una balsa del Ejército, que creo que está en la zona de Santo Tomé, y que la prepararon para sacar hacienda”.
Admitió, a modo de autocrítica, que muchas veces los ganaderos esperan hasta último momento para evacuar el ganado, lo que complica aún más la logística. “Normalmente, también los productores tenemos algunas culpas dado que siempre esperamos a último momento, pero espero que esta vez se pueda trabajar de otra manera”, señaló.
