La ley vigente es buena, pero hay que mejorarla, evaluó Jorge Gvozdenovich, director del Centro Regional Entre Ríos del INTA, quien definió a la erosión hídrica como un problema social. Advirtió, además, sobre el uso de tecnologías que no están probadas en la provincia. Leonardo Novelli, investigador del INTA Paraná y del Conicet, por su parte, habló de la importancia de “usar el invierno” y remarcó el concepto de “secuencia de cultivos”.
La erosión hídrica es la mayor limitante natural de la producción agropecuaria en Entre Ríos, dado que un alto porcentaje de los suelos de la provincia presenta problemas que van de leves a severos.
Las elevadas intensidades de lluvia, los suelos de moderada a baja permeabilidad —debido a los altos contenidos de arcilla—, el relieve ondulado, las pendientes de entre el 2 % y el 4 % y el uso predominantemente agrícola, entre otros factores, predisponen a la erosión.
En ese sentido, los investigadores aseguran que, a pesar de la eficiencia de las labranzas superficiales en cuanto a captación de agua, cuando el suelo se encuentra degradado o saturado se producen excedentes que erosionan las pendientes y anegan los bajos.
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El tema es abordado desde hace muchos años por investigadores y extensionistas del INTA Paraná y la Facultad de Ciencias Agropecuarias de Oro Verde. En su momento, además, el Estado provincial aportó lo suyo con funcionarios y legisladores comprometidos, que impulsaron la sanción de una ley que fue modelo para otras regiones con la misma problemática y convirtió a Entre Ríos en una provincia de vanguardia en conservación de suelos. La pregunta, sin embargo, es cómo está la provincia hoy en esta materia.
Jorge Gvozdenovich, director del Centro Regional Entre Ríos del INTA y experto en erosión hídrica, señaló que “en la actualidad, como hace 40 años, lo primero que limita la producción en Entre Ríos es la erosión hídrica”. Lo que ha cambiado es que “hay otros actores”, dado que “ya no están solo el INTA y la facultad, que investigan sobre erosión hídrica, y el Estado”, sino que “ahora entran en juego todos, porque esto es un problema social”.
En Entre Ríos, los suelos son vertisoles, ricos en arcillas expansivas, que presentan baja infiltración —por debajo de los diez centímetros infiltran apenas 0,4 milímetros por hora— y alta susceptibilidad a la erosión y al anegamiento. Conocer esa limitante es clave para su manejo. La rotación de cultivos es importante, pero no suficiente.
Una ley pionera que hoy necesita cambios para seguir siendo efectiva
En octubre de 1989, la Legislatura entrerriana sancionó la Ley N.º 8.318 de Conservación y Manejo de Suelos, considerada vanguardista por promover prácticas como la sistematización de suelos y la construcción de terrazas, además de ofrecer incentivos fiscales —desgravaciones impositivas— a los productores que aplican planes de manejo aprobados.
Esa legislación, remarcó Gvozdenovich, fue “pionera a nivel mundial, diría yo, porque premia al productor que quiere cuidar el suelo”. Sin embargo, la norma necesita algunas modificaciones y, en este sentido, “hemos mantenido reuniones con el Ministerio de Desarrollo Económico y la Secretaría de Agricultura para hablar sobre el tema”, porque la ley “es buena, pero hay que mejorarla”.

El profesional consideró que, en todo lo concerniente a la conservación de los suelos, debe intervenir el Estado con premios y castigos. “Hoy, si un productor quiere pasar el arado a favor de la pendiente, nadie le dice nada, y esos centímetros de suelo tardan 400 años en generarse”, enfatizó. Advirtió que, de lo contrario, Entre Ríos “puede pasar a ser marginal y quedar fuera del sistema”.
—¿Estamos mejor o peor que en los años 80/90?
—Estamos mucho mejor, pero han aparecido nuevas cuestiones que amenazan esta mejoría. Hay, por ejemplo, nuevos implementos traídos de otras zonas del país en las que funcionan muy bien, pero en Entre Ríos hay que tener mucho cuidado.
Se están usando mucho, por ejemplo, la rastra de diamante y la reja plana, pero hay que ver dónde se utilizan. En lugares sin pendientes y con suelos que infiltran bien, no pasa nada: se puede usar esa tecnología.
En suelos con pendientes, como en Entre Ríos, donde tenemos una infiltración de 0,4 milímetros por hora, no se puede trabajar a favor de la pendiente. Por eso, hay que tener cuidado con traer tecnologías que funcionan bien en otros lugares, pero que en Entre Ríos no están probadas.
Arrendamientos: el eslabón clave que falta para cuidar los suelos
Claro que, para el cuidado de los suelos, no alcanza solo con una buena norma de conservación, sino que se requiere, además, una ley de arrendamientos.
Gvozdenovich, en este sentido, recordó que en Entre Ríos “el 70 % de los campos en producción está en manos de terceros” y que una desventaja de la actual legislación es que “el beneficio va al dueño del campo y no al arrendatario”. Por eso, “una de las cosas que propusimos a la Mesa de Conservación de Suelos es analizar la forma de que el beneficio vaya al que arrienda el campo y no al dueño. Es algo para corregir”. Una ley de arrendamientos, en este marco, sería “clave”, porque “pondría las reglas de juego claras”.
Decisión política: el factor necesario para actualizar la normativa
Para actualizar y mejorar la normativa vigente, es indispensable una decisión política del Gobierno que cuente con el acompañamiento de los legisladores provinciales.
El director del INTA entrerriano consideró que los funcionarios “entienden que se trata de una problemática prioritaria a resolver y quieren empezar a trabajar en estas cuestiones, pero hay una coyuntura política nacional e internacional que los frena”.

“Usar el invierno”: la clave productiva para mejorar los suelos
Leonardo Novelli, investigador de la Estación Experimental Agropecuaria Paraná del INTA y del Conicet, planteó una mirada más amplia sobre la problemática de la erosión hídrica. “Hace muchos años se hablaba de que había que dejar descansar el suelo porque eso le hacía bien a los cultivos, y siempre se tenía la idea de que había que ir rotando”, señaló.
Con el paso de los años, sin embargo, “se fue viendo que gran parte del problema era que el invierno lo teníamos desaprovechado”.
Entonces, explicó, “se fue cambiando esa lógica: se empezó a hablar de secuencia y no solamente de una rotación con maíz. Y, normalmente, cuando hablamos de cultivos agrícolas, hablamos de secuencias de cultivos”.
“En este último tiempo está muy fuerte el tema de usar el invierno, ya sea con cultivos dobles o con cultivos de cobertura, para aprovechar mejor el agua. También se puede usar un cultivo leguminoso que provea nitrógeno para el cultivo siguiente. Es decir, la mirada ha cambiado y ahora está más enfocada en la secuencia de cultivos”.
Novelli, asimismo, puso énfasis en la materia orgánica, indicador clave de la salud del suelo, y subrayó su importancia. “Cuando un suelo tiene poca materia orgánica, puede ser menos productivo. Y lo que venimos observando es que aquellas rotaciones agrícolas intensificadas y diversas permiten, al menos, mantener los niveles de materia orgánica”, destacó.
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Resaltó, por último, que para evitar la caída de la materia orgánica también son relevantes los sistemas mixtos. “Incorporar la ganadería dentro de los sistemas es una práctica muy interesante, sobre todo en aquellos suelos que no son totalmente de aptitud agrícola”, concluyó.

