En las sierras de Córdoba, un equipo autónomo reduce recorridas de hasta seis horas y suma usos para controlar hacienda, agua, infraestructura y cultivos.
Pilar Porta administra un campo en las sierras de Córdoba, donde la topografía y el monte durante años dificultaron tareas cotidianas, como revisar la hacienda o controlar la infraestructura. Hoy encontró una forma de acortar esas distancias con un dron autónomo. Desde su casa, puede revisar comederos y bebederos, controlar tanques de agua, localizar animales, detectar roturas y observar cultivos y pasturas.
El establecimiento está ubicado en Berrotarán, al sur de la provincia mediterránea, en el valle de Calamuchita y sobre el último cordón serrano. Tiene 4.300 hectáreas, de las cuales unas 850 son agrícolas. El resto se destina a la ganadería y, dentro de esa superficie, alrededor del 70% corresponde a sierras y monte nativo. La empresa integra el CREA Ganaderos del Noroeste, de la región CREA Córdoba Norte.
También gestiona otro establecimiento mixto en Las Varillas, en el sudeste provincial, con condiciones productivas muy diferentes. Allí, el relieve es llano, con suelos de aptitud agrícola, mientras que la ganadería se concentra en los bajos salinos.
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“Nada que ver un campo con el otro”, resumió ante la consulta de AIRE Agro. Esa diferencia condiciona las decisiones de manejo. En Las Varillas no encontraron necesario incorporar el dron; en Berrotarán, en cambio, surgió como una alternativa para acceder a sectores difíciles de recorrer. “Creo que es una muy buena herramienta, sobre todo para campos de monte”, planteó.

“Teniendo el dron en el campo y pudiéndolo hacer trabajar 12 horas los 365 días del año, la cantidad de cosas que podés hacer es enorme”, agregó. Esa disponibilidad permite incorporar nuevos usos a medida que aparecen necesidades.
Cómo cambió el manejo ganadero en las sierras de Córdoba
En Berrotarán, el planteo ganadero alcanza una carga de 0,45 equivalente vaca por hectárea, frente a un promedio zonal cercano a 0,3. La diferencia se apoya en un manejo intensivo del pastoreo, con el establecimiento dividido en parcelas. “Lotes que antes se manejaban en 300 hectáreas hoy los estamos manejando en 50. Estamos dividiendo todo lo posible”, graficó.
La base forrajera incluye pasturas implantadas de Panicum coloratum, que también aprovechan como diferido, además de verdeos. La topografía y el monte, sin embargo, ponen un límite a las subdivisiones. A eso se suma la disponibilidad de agua en un terreno con grandes desniveles.
También trabajaron sobre la mansedumbre de la hacienda. Aprovechan la entrega de sales para acostumbrar a las vacas al contacto con el personal, hasta el punto de que responden al llamado casi como mascotas. Esa conducta facilita los movimientos en un ambiente donde el arreo puede ser complejo y permitió reducir el traslado del rodeo de unos tres días a medio día. “Hoy las llamamos y se cruzan solas de lote. Antes, si se asustaban y se metían al monte, podíamos tardar días en juntar la hacienda”, contó.
Otra modificación reciente fue la incorporación de la recría del 100% de los terneros producidos. Para hacerlo, destinaron a la ganadería algunos lotes agrícolas de menor aptitud. El rodeo está compuesto por unas 1.200 vacas y 80 toros, con una producción anual de entre 960 y 980 terneros, que este año permanecerán todos a campo.

La intensificación incluyó otras decisiones para aumentar los kilos producidos. Incorporaron inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) para concentrar las preñeces al comienzo del servicio y realizan el servicio de las vaquillonas a los 15 meses. En el ciclo pasado también utilizaron creep feeding, una suplementación para los terneros al pie de la madre, que permitió elevar el peso al destete en 20 kilos por animal.
“Nosotros medimos mucho. La idea es ser lo más eficientes posible y producir la mayor cantidad de kilos de carne por hectárea”, explicó. En la campaña 2025/26, el planteo de cría produjo 49 kilos de carne por hectárea. En la recría alcanzaron los 100 kilos de carne por hectárea que se habían fijado como objetivo.
Por qué un dron autónomo se volvió clave para recorrer el campo
Una recorrida completa por el establecimiento de Berrotarán puede demandar unas seis horas, mientras que llegar hasta determinados puntos, como un tanque de agua, puede llevar alrededor de una hora. Esa escala fue el disparador de la búsqueda. “Siempre pensaba cómo podía resolver esos costos de logística y tiempo y manejar el campo de una manera más sencilla”, recordó.
El dron, modelo Matrice 4TD, llegó a través de la importadora de DJI, que buscaba probarlo a campo. A diferencia de los equipos utilizados para siembra o pulverización, se trata de un modelo más pequeño, pensado para el monitoreo. Como fue una experiencia de prueba, la empresa no afrontó el costo. Como referencia, el sistema ronda los 36.000 dólares, sin impuestos, bajo un esquema de leasing a 12 meses. Incluye una estación autónoma DJI Dock 3 y el software de gestión de vuelos.

Desde esa estación, el dron despega y regresa por sus propios medios, queda almacenado y recarga las baterías. Los vuelos se programan a distancia y tiene una autonomía cercana a una hora, con un alcance de hasta 7 kilómetros, según el viento. Entre vuelos requiere alrededor de una hora de carga y puede operar unas 12 horas por día. Cuenta con zoom de alta definición y cámara térmica para realizar controles nocturnos.
La posibilidad de seguir el vuelo en vivo depende de la conectividad. Como en Berrotarán solo disponen de conexión satelital en la zona de la casa, buena parte de los recorridos queda programada de antemano. Aun así, la productora puede definir qué necesita observar: “Desde mi casa puedo decirle dónde quiero que saque una foto, haga un video o acerque la imagen para mirar un comedero o un bebedero”.
Del control de la hacienda a la vigilancia del campo
Los primeros usos de este dron estuvieron vinculados con la hacienda. Cuando realizan una vacunación, un conteo u otro trabajo que requiere reunir el rodeo, utilizan el equipo para recorrer los sectores restantes y comprobar que no hayan quedado animales sin juntar.
Los vuelos nocturnos resultan útiles porque, cuando las vacas bajan hacia los valles, la cámara térmica permite localizarlas y, por diferencia de tamaño, distinguirlas de los terneros. Las imágenes también sirven para observar los corrales.
Con esos resultados ampliaron los usos. El sistema pasó a formar parte de las rondas de seguridad, tanto para detectar la presencia de cazadores como para observar fauna silvestre. En una oportunidad, sospecharon que jabalíes consumían alimento destinado al creep feeding y pudieron comprobarlo mediante un vuelo nocturno. A partir de esa experiencia, el control de los comederos también pasó a formar parte de las recorridas del equipo.
Cómo usan el dron para controlar agua, cultivos e infraestructura
El uso se extendió al manejo de los valles ganaderos. Después del pastoreo realizan desmalezadas, una tarea cuyo control puede resultar difícil en sectores donde no es sencillo ingresar con una camioneta. “Lo volás y en dos minutos te das cuenta si quedó todo bien desmalezado”, ejemplificó.

Su utilidad también apareció frente a situaciones imprevistas. “Una vez vimos humo en la otra punta del campo. Al personal le podía llevar una hora llegar y con el dron, en pocos minutos, ya tenía imágenes para saber si había un incendio, un caño roto, un alambre cortado o animales que se habían pasado”, relató la empresaria.
El monitoreo se extendió luego a la infraestructura. La cámara térmica permite detectar roturas de silobolsas a partir de diferencias de temperatura y controlar bombas solares, bebederos y niveles de agua. Durante el verano llegaron a programar tres observaciones diarias de los tanques y utilizaron inteligencia artificial para comparar las imágenes tomadas en distintos horarios. Así podían evaluar la evolución del nivel de agua y verificar si el sistema de bombeo funcionaba bien.
En cultivos y pasturas programaron vuelos tres veces por semana, una frecuencia difícil de alcanzar mediante recorridas convencionales. Las imágenes permitieron identificar daños por granizo en sectores de difícil acceso y detectar salivazo en Panicum antes de que el problema fuera advertido desde tierra.
El desafío ahora es analizar toda la información que genera el dron
La búsqueda por contar con más información no se limita al dron. La empresa también incorporó FieldData, una plataforma de gestión que permite al personal cargar novedades mediante audios de WhatsApp y convertirlas en registros disponibles para la administración. La herramienta redujo la doble carga de información y parte de los errores en los registros.
“Tengo que mandar reportes mensuales y trimestrales con todos los números, proyecciones de presupuesto y ejecución. Por eso fueron muy útiles los drones, y esta plataforma también”, indicó.
No obstante, la cantidad de información que puede producir el dron abrió un nuevo desafío. El equipo puede generar hasta 12 horas diarias de imágenes, pero todavía necesitan una herramienta capaz de analizarlas y señalar solo las situaciones que requieren atención.
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“Puedo hacerlo volar 12 horas por día, pero no sirve si después tengo que pasar 12 horas mirando las imágenes. Lo que falta es que el sistema me avise que bajó el nivel de un tanque o que quedaron tres vacas en un lote”, sostuvo.
Ese desarrollo podría llegar pronto: la productora adelantó que ya mantuvo reuniones para incorporar un software que permita automatizar el análisis de las imágenes.
