Exportadoras y empresas de insumos están empezando a pagar beneficios a productores que implementan agricultura regenerativa. En Córdoba, un establecimiento ya accedió a mejores precios, certificaciones ambientales y descuentos comerciales.
En los últimos cuatro años, el establecimiento La Blanca inició un proceso de transición hacia la agricultura regenerativa en el sur de Córdoba. Durante la última campaña, la adopción de estas prácticas empezó a traducirse en mejores precios por la soja, acceso a mercados diferenciados, certificaciones ambientales y descuentos en insumos.
La firma concentra unas 1.900 hectáreas en la localidad de San Ambrosio, en las cuales tradicionalmente realizó un manejo convencional, con rotaciones basadas en soja y maíz y, en menor medida, trigo y cebada. El cambio comenzó con la incorporación de cultivos de servicio, que hoy cubren casi la totalidad de la superficie agrícola del campo durante el invierno. “Fue el primer paso que dimos hacia la agricultura regenerativa”, explicó a AIRE Agro Juan Cruz Magrini, titular de la firma. Luego se incorporaron forestación y corredores biológicos.
El esquema combina sustentabilidad, trazabilidad y rentabilidad. Para Juan Cruz, la experiencia confirma una estrategia que la empresa viene sosteniendo en los últimos años: “La idea siempre fue sembrar y armar el sistema pensando que en algún momento iba a llegar la cosecha, aunque no supiéramos cuándo. Bueno, ahora llegó y empezamos a ver los resultados”.
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Prácticas sostenibles que impulsan la agricultura regenerativa
Los cultivos de servicio incluyen especies como vicia, centeno y rabanito, que se utilizan para mantener el suelo cubierto y activo, y evitar que quede desnudo durante el invierno. En paralelo, este año pusieron en marcha dos proyectos con las empresas Optimizar Forestal y Agrodesign para el rediseño del sistema y la captura de valor.

Desde 2023, en el marco de la Ley Agroforestal de Córdoba, la empresa forestó un total de 103 hectáreas, con foco en especies nativas. “La forestación, junto a Optimizar, implicó el diseño de parches leñosos, que son bosques distribuidos en todo el campo”, explicó Tomás Magrini.
Luego, el establecimiento fue rediseñado junto a Agrodesign. En el área agrícola, las zonas no productivas se implantaron con herbáceas perennes para conformar corredores biológicos que unen los parches leñosos de monte.
“Los corredores se implantaron entre agosto y septiembre de 2025 en sitios improductivos, donde la renta generalmente es negativa”, explicó Juan Cruz. Según detalló, el impacto no se limita a esas áreas, sino que alcanza a los lotes agrícolas lindantes, ya que mejoran los servicios de polinización y el control biológico, con efecto sobre los rendimientos de los cultivos de renta.
Los beneficios comerciales de producir de manera regenerativa
A partir de esta transición hacia prácticas de agricultura regenerativa, en la última campaña la empresa concretó una venta de soja con un diferencial de precio asociado al manejo del sistema productivo previo a la siembra.
“Hicimos una venta de soja con un plus de 11 dólares por tonelada por haber sembrado sobre verdeos”, explicó Juan Cruz. La operación se dio con una empresa que buscaba granos provenientes de establecimientos que ya estuvieran avanzados en la medición y reducción de la huella de carbono. “Necesitaban que no hubiera un bache de más de 30 días sin cobertura verde. Logramos cumplir con ese requisito, entrar en ese esquema y ya lo cobramos”, señaló.
Tomás precisó que la exportadora involucrada fue Source by Indigo y que la gestión del acuerdo estuvo a cargo de Lucas Andreoni, quien articuló la demanda del comprador con el esquema productivo del establecimiento. “El diferencial de 11 dólares estuvo vinculado específicamente a la implementación de cultivos de cobertura antes de la siembra de los cultivos de gruesa”, afirmó.
Según Andreoni, socio de Agrodesign: “Cada vez más empresas exportadoras empiezan a pagar un diferencial como incentivo a la agricultura regenerativa. Para acceder a estos beneficios, el productor debe cumplir ciertas condiciones vinculadas a la trazabilidad del sistema: cómo se implantaron los cultivos de servicio, qué prácticas se aplicaron y cómo impactaron en el suelo y en el ambiente a lo largo del tiempo, no solo en una campaña puntual”.

“En el caso de La Blanca, el reconocimiento no estuvo asociado únicamente a la presencia de un cultivo de cobertura, sino a un esquema multiespecie con requisitos específicos, como el tiempo de establecimiento de cada especie y su manejo previo a la siembra del cultivo comercial”, indicó. “No se trata solo de hacerlo, sino de hacerlo bien y de manera consistente para poder acceder a un valor extra”, agregó.
Un valor diferencial para la soja producida en paisajes regenerativos
En articulación con Nativas, el establecimiento también incorporó mediciones para cuantificar el valor ambiental generado por las prácticas regenerativas implementadas en el campo. Ese desempeño se traduce en un índice que permite emitir activos de Naturaleza Positiva, certificados bajo un protocolo específico, y asociarlos a la producción agrícola.
En La Blanca, el esquema habilita la valorización de soja producida en un paisaje regenerativo, con un diferencial sobre el valor de la tonelada —tomada como referencia de precio—. “Hoy tenemos unas 260 hectáreas de soja a las que les agregamos un diferencial del 5 % sobre el valor”, detalló Tomás.
El modelo prevé que el productor sostenga el sistema y genere el servicio ambiental, mientras que Nativas se encarga de la certificación, la emisión de los activos y su comercialización, en articulación con actores de la cadena comercial.
Además del plus en la comercialización del grano, la medición de la huella de carbono comenzó a habilitar otros incentivos económicos. “Con Bayer, por medir nuestra huella de carbono, tenemos un 2 % de descuento en la compra de insumos. Y vendiéndole a Viterra también accedemos a un 2 % extra”, explicó Tomás.

Una oportunidad hoy y una exigencia del mercado a futuro
Para Andreoni, estos incentivos cumplen un rol clave como motor de transformación productiva. “Lo veo como una herramienta para que más productores se involucren en este proceso de cambio. Hay que entender que se trata de procesos que no se construyen de un día para otro. Requieren diseño del paisaje, planificación y manejo. No es posible pasar de una agricultura tradicional a una basada en procesos de manera inmediata. Lleva tiempo, aprendizaje y conocimiento para tener éxito”, explicó.
En ese sentido, señaló que quienes ya vienen trabajando con enfoques regenerativos hoy se encuentran en una posición ventajosa. “En el corto y mediano plazo, estos productores pueden capturar un plus y anticiparse a lo que viene. Es probable que, en el futuro, los mercados empiecen a exigir este tipo de prácticas como una condición”, advirtió.
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A largo plazo, no adaptarse también puede tener consecuencias comerciales. “Si un agricultor no produce de determinada manera, su mercadería podría tener un valor diferencial negativo o, directamente, quedar fuera de algunos mercados”, planteó.
Finalmente, adelantó que la empresa trabaja en nuevas herramientas para profundizar este camino. “Estamos desarrollando un proyecto para que los productores también puedan recibir una compensación por implementar corredores biológicos y paisajes multifuncionales”, concluyó.
