Productores, empresarios y referentes institucionales analizan un escenario atravesado por márgenes ajustados, costos elevados y la necesidad de mayor previsibilidad. La eficiencia productiva, la tecnología y las decisiones de largo plazo aparecen como las principales herramientas para sostener y potenciar la actividad.
En este 2026 el sector agropecuario en Entre Ríos proyecta un escenario de oportunidades condicionadas. Si bien existen expectativas positivas en algunos rubros, especialmente en la ganadería, la rentabilidad continúa siendo una preocupación central, en un contexto de precios internacionales deprimidos, altos costos y una fuerte presión fiscal. La eficiencia productiva, la mejora de los rindes en la agricultura y la necesidad de previsibilidad aparecen como ejes comunes en los distintos planteos.
Clima, precios y reglas de juego: las variables que condicionan al agro
Desde la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, su gerente, Manuel Villagra, destaca el rol clave del clima y la necesidad de reglas claras. “Si el clima acompaña, creemos que la provincia podría alcanzar una nueva cosecha récord. Por tercer año consecutivo, se superarían las 8 millones de toneladas producidas”, señala a AIRE Agro.
En ese marco, resaltó la expectativa de una mejora en la rentabilidad, asociada a precios más competitivos y a una reducción de retenciones e impuestos que permita “mayor previsibilidad, agregado de valor, generación de empleo y arraigo en el campo entrerriano”. A nivel institucional, subrayó el objetivo de fortalecer el vínculo con los socios, aportando información estratégica para una mejor toma de decisiones.
En el plano productivo, Santiago Kenny, empresario agropecuario en un establecimiento mixto del norte entrerriano, describe un panorama más ajustado para la agricultura. “La rentabilidad está muy erosionada, especialmente en un contexto de precios internacionales bajos. Con este nivel de impuestos se dificulta invertir o financiarse”, afirmó.

Frente a ese escenario, explicó que decidió diversificar el sistema incorporando arroz y aumentando la superficie bajo riego, apostando a una mejor cotización. “No queda otra que ser eficientes: producir la tonelada al menor costo posible, aumentar rindes y bajar costos”, resumió.
La eficiencia también es el eje del planteo de Laura Varese, gerente de la empresa productora de arroz Duval Flores, quien pone el foco en la estabilidad productiva y la sostenibilidad. “La prioridad es cuidar el suelo, mejorar su estructura y fertilidad, con rotaciones bien pensadas”, explicó. Además, destacó el trabajo en diferenciación de ambientes para optimizar costos y una mirada integral que incluye lo humano, la conformación de equipos y las inversiones tanto en maquinaria como en industria.
Ganadería: el rubro que muestra mejores perspectivas
Con una mirada de largo plazo, Arnaldo Rubén Para, médico veterinario, reconoce señales positivas pero insiste en la necesidad de avanzar hacia retenciones cero. “Con libertad y reglas claras, las comunidades del interior podrían explotar de progreso. El campo mueve gran parte de la economía nacional”, afirma, y llama a contar con dirigentes honestos y capacitados que representen al sector.

La ganadería aparece como uno de los rubros con mejores perspectivas. Diego Rodríguez, director ejecutivo de la Asociación Braford Argentina, destaca que el cierre de un año con precios históricos cambia de manera significativa el panorama. “Arrancamos 2026 desde una base de valores altos que permite pensar en crecimiento: mayor retención de vientres, más terneros destetados y mayor peso de faena”, explica.
En ese camino, remarca el rol clave de la genética para mejorar los indicadores productivos. “El desafío es hacer bien las cosas, elegir correctamente los costos y lograr más kilos de carne por hectárea”, señala.
Luis Barcos, productor de la raza Wagyu y médico veterinario, pone el acento en la calidad como objetivo estratégico. “Mejorar la calidad va más allá de la rentabilidad; una cosa es consecuencia directa de la otra”, expresa. En ese sentido, reclama una reducción de las trabas burocráticas en el sistema de exportación de carnes, al considerar que aliviar esas cargas permitiría potenciar el crecimiento del sector.
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Desde el segmento ovino, Mauro Pintos, productor y titular de la cabaña San Miguel, además de representante regional en asociaciones internacionales de productores de carne, señala que esperan que en 2026 se pueda crecer en exportación de genética, reproductores y carne. Asimismo, anticipa un incremento en la participación argentina en espacios de intercambio con países vecinos, como los que comenzaron a fortalecer con Paraguay junto al INTA.

“El trabajo que realiza Mariano Ferreira, desde la Experimental Paraná, es fundamental para que los productores contemos con pautas de manejo de nuestros rodeos y para crecer como polo productivo”, destaca. “Cuando pensamos en 2026, el desafío es construir futuro. Para nosotros, el eje principal del proyecto ovino es la mejora genética de la raza Santa Inés, porque creemos que es el punto de partida de todo lo demás. Es ahí donde se define la eficiencia, la calidad de la carne y la competitividad del sistema”, remarca.
Desde la producción porcina, Juan Pablo Cerini, de El Hinojo, sostuvo que el principal desafío es optimizar costos. “El foco está puesto en revisar línea por línea los presupuestos para lograr eficiencia en todos los segmentos productivos”, explicó. En las granjas porcinas, el objetivo es mejorar los indicadores productivos, con especial atención a la calidad del producto y la satisfacción del cliente.
Previsibilidad e inversión: lo que el sector espera del Estado
Por su parte, Irina Hergert, gerente de la empresa familiar Granalier, productora de carne fresca de cerdo y embutidos, considera que en 2026 será clave contar con mejores herramientas de financiamiento y tasas más accesibles. “Eso permitiría realizar inversiones de largo plazo, ser más eficientes, aumentar la producción, la faena y la oferta de carne”, explicó. Además, señaló la necesidad de ampliar las plantas de frío para mejorar la distribución y avanzar en exportaciones. “Más producción implica más empleo, tanto en el sector como en las comunidades rurales”, remarca.

Desde el segmento vitivinícola, Deolindo Luna, productor de uvas en una hectárea en el departamento Villaguay, señala que el sector atraviesa un cambio de perspectiva y de ánimo, donde la clave estará en aprender a gestionar de manera diferente. “Se necesita una transformación productiva y cultural para salir del estancamiento, poniendo el foco en generar y consumir lo propio”, afirma.
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Entre los desafíos, menciona la necesidad de mayores inversiones en equipamiento, desde insumos básicos hasta tecnología de laboratorio, envases y acceso a mercados. En ese sentido, considera que el acceso a créditos a tasas accesibles será determinante para que los microemprendimientos puedan crecer.

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