Un episodio de mortandad de colmenas ocurrido en el centro de Santa Fe volvió a exponer los riesgos asociados a aplicaciones inadecuadas de fitosanitarios en zonas productivas compartidas. Productores y técnicos del sector apícola advirtieron sobre pérdidas evitables y destacaron el diálogo y el cumplimiento de las normas como claves para una convivencia sostenible entre actividades.
La mortandad masiva de abejas registrada a fines de diciembre en el centro de Santa Fe, presuntamente asociada a una aplicación indebida de agroquímicos, encendió alertas en la apicultura regional y reabrió el debate sobre controles, cumplimiento normativo y la necesidad de respetar las buenas prácticas para garantizar la convivencia entre la agricultura y la apicultura.
La aplicación de productos fitosanitarios es una herramienta habitual en los sistemas agrícolas actuales. Sin embargo, cuando se realiza fuera de las recomendaciones técnicas y legales, puede generar impactos severos sobre el ambiente y sobre otras producciones que comparten el mismo territorio.
En ese marco, referentes del sector coinciden en que la planificación, el uso de productos habilitados y la consideración de las condiciones climáticas son factores decisivos para evitar daños.
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Un episodio que expuso la problemática
El hecho ocurrió a fines de diciembre, cuando un productor apícola asociado a la Cooperativa Apícola Cosar detectó una mortandad masiva en dos colmenares ubicados a distintas distancias de su establecimiento.

Según relató Oscar Beresvil, productor de la localidad de Humboldt, el 29 de diciembre las colmenas se encontraban en condiciones normales. “Hice un recorrido para agregar medias alzas y estaba todo perfecto”, recordó. Dos días después, el panorama cambió de forma abrupta: “Encontré un desastre, el colmenar afectado al 100%”.
El productor estimó una pérdida cercana al 60% de la cosecha de miel, además de la muerte de numerosas colmenas y una fuerte disminución de la población de abejas en plena temporada productiva. De acuerdo con la información recabada posteriormente, el episodio estaría vinculado a la aplicación de un insecticida en un lote cercano.
El producto mencionado, identificado como “finopril”, se encuentra prohibido por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) debido a sus riesgos ambientales y su impacto sobre los polinizadores. Además, la aplicación se habría realizado sin asesoramiento técnico y en horario diurno, condiciones que incrementan el riesgo de exposición de las abejas pecoreadoras.

Daños evitables y responsabilidad compartida
Desde la cooperativa, su presidente Guillermo Tavella señaló que estos episodios implican mucho más que una pérdida puntual. “No solo se pierden colmenas; se pierde capital productivo y toda la inversión en manejo, alimentación y sanidad”, afirmó.
Tavella remarcó que muchas de estas situaciones podrían evitarse con una correcta planificación. “La convivencia es posible, pero depende del cumplimiento de las buenas prácticas”, sostuvo, y agregó: “Influyen el aplicador, el producto y las condiciones climáticas; con cuidados básicos, las actividades pueden convivir sin inconvenientes”.
En la misma línea, el integrante del departamento técnico de la cooperativa, Juan Dukart, aseguró que la mayoría de los daños son prevenibles. “En aproximadamente el 98% de los casos, estos problemas se pueden evitar”, indicó. Para el técnico, “el problema no es la producción en sí, sino las malas aplicaciones o la falta de conocimiento sobre las consecuencias”.
Dukart explicó que los efectos de una mala pulverización pueden alcanzar apiarios ubicados hasta dos kilómetros del lugar de aplicación y detalló distintos niveles de afectación, desde daños leves hasta la pérdida total de la colmena. En los casos más graves, recomendó retirar el material comprometido y descartar miel y cera potencialmente contaminadas.

Prevención y diálogo para una convivencia posible
Más allá del caso puntual, los referentes del sector coincidieron en que la prevención y el diálogo son herramientas centrales. “Es fundamental hablar con el productor agropecuario, con el aplicador y con los vecinos; cuando hay diálogo, los problemas se reducen muchísimo”, afirmó Dukart.
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El propio productor afectado apeló a la concientización. “Sabemos que el productor tiene que sembrar y cumplir con su trabajo, pero nosotros también producimos un alimento”, señaló. Y concluyó: “Todos tenemos que trabajar, pero hay que hacerlo con respeto y responsabilidad”.
