El ordeño manual, los inviernos con nieve y el esfuerzo cotidiano forman parte de la vida de Leonides Morales, Ada Merino y Ana Zapata. En el 3º Foro de Género y Ruralidad, compartieron sus experiencias sobre la lechería extrapampeana y el valor de intercambiar saberes con otras productoras.
Cada 15 de octubre, el Día Internacional de las Mujeres Rurales reconoce el aporte de quienes producen alimentos, sostienen emprendimientos familiares y contribuyen al desarrollo de las comunidades del campo.
La fecha, establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), también pone en agenda las desigualdades que persisten en el acceso a recursos, servicios y oportunidades.
En Neuquén, las historias de tres productoras de quesos artesanales muestran cómo ese trabajo se construye a diario, entre el esfuerzo físico, las condiciones climáticas y la necesidad de generar ingresos para sus familias.
Leonides Morales, Ada Merino y Ana Zapata tienen en común una actividad que exige dedicación desde las primeras horas de la mañana: la producción de leche y la elaboración de quesos caseros.
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Con vacas criollas o cruzas con Jersey, ordeñan a mano y adaptan sus rutinas a las características de los animales y del ambiente. Sus testimonios fueron recogidos por Elida Thiery, enviada especial de AIRE Agro, durante el 3º Foro de Género y Ruralidad, organizado por la asociación civil Mujeres de la Ruralidad Argentina en Mar del Plata.
Ordeñar a mano y producir quesos para sostener la economía familiar
Leonides Morales vive en el paraje Los Carrillos, en Villa del Nahueve, al norte de Neuquén. Su jornada productiva está marcada por el ordeño manual de 20 vacas, una tarea que realiza una vez al día y que limita la cantidad de animales que puede atender.
“Tengo más vacas pero más de eso no puedo, las ordeño una vez por día”, explicó sobre una actividad que desarrolla con pasto natural y alimento balanceado para la nutrición del rodeo.
Pese a las exigencias, Morales considera que la lechería puede ser una alternativa económica viable en la región. “Es un trabajo pesado pero si uno lo sabe manejar se puede vivir”, afirmó.
Su experiencia refleja una realidad de la producción extrapampeana, donde la organización del trabajo, la disponibilidad de alimento y las posibilidades de manejo condicionan el volumen que cada familia puede producir.
Para Ada Merino, de Los Guañacos, la elaboración de quesos caseros y artesanales también representa un aporte fundamental a la economía del hogar. Lleva 11 años en la actividad y trabaja con vacas cruza Jersey. Este año tiene previsto ordeñar ocho animales, también de manera manual.
Su rutina comienza la tarde anterior, cuando separa a los terneros de sus madres. A la mañana temprano realiza el ordeño y luego vuelve a reunirlos con las vacas. Es un esquema de trabajo que requiere constancia y atención tanto a la producción de leche como a la crianza.
“Salva un montón, para darle estudio a los hijos, pagarles el alquiler porque tienen que vivir en otra localidad”, contó Merino al explicar cómo los ingresos de la lechería ayudan a afrontar los gastos familiares.
La actividad también permite “ayudar al compañero en la casa” y comprar el alimento necesario para mantener a los animales durante todo el año. “Hay que mantenerlas para poder ‘lecharlas’ si no tampoco van a dar y las crías se ponen muy chiquitas”, advirtió.

En Aluminé, la nieve y la trashumancia marcan el ritmo de la lechería
La experiencia de Ana Zapata, productora de Aluminé, muestra cómo las condiciones ambientales pueden determinar la continuidad de la actividad. A diferencia de quienes trabajan con razas seleccionadas para la producción lechera, ella utiliza vacas criollas, a las que amansa para poder ordeñarlas.
Su rutina incluye separar a los terneros por la tarde y levantarse temprano para enlazar, manear y ordeñar a mano. La cantidad de vacas en producción cambia según los partos de cada temporada y las características de las crías. “Hay medidas de terneros que son muy grandes o muy chiquitos y las vacas paren a veces en invierno, primavera o verano”, explicó.
La selección de los animales también forma parte de su estrategia de trabajo. Zapata observa cuáles son las vacas que efectivamente producen leche y cuáles conviene mantener en el sistema, con el objetivo de evitar esfuerzos que no se traducen en resultados.
Al describir su actividad, combina el conocimiento adquirido con el humor propio de las tareas cotidianas. La define como un trabajo “muy divertido, se trabaja y se aprende… te caga la vaca”, dice entre risas.
Sin embargo, el clima impone límites concretos. “Donde yo vivo hay mucho invierno, mucha nieve, hasta más de un metro y por eso la lechería es una actividad de verano”, señaló.
En esa región, los inviernos severos obligan a trasladar los animales mediante la trashumancia, con movimientos entre las zonas de veranada e invernada para resguardar el rodeo de las condiciones más adversas. La producción lechera queda así sujeta a una ventana estacional que exige aprovechar los meses favorables.

El Foro de Género y Ruralidad, un espacio para compartir experiencias
Además de visibilizar las dificultades de producir en distintos ambientes, el 3º Foro de Género y Ruralidad ofreció a las tres mujeres la posibilidad de conocer otras experiencias, intercambiar formas de trabajo y compartir los desafíos de la vida rural.
Para Morales, el encuentro fue una oportunidad de ampliar sus vínculos con otras productoras. Lo definió como un espacio “muy lindo para compartir y conocer a más personas y más productoras queseras”.
Merino, en cambio, llegó por primera vez a una experiencia de estas características y destacó la diversidad de conocimientos que encontró. “Es espectacular, re linda, porque uno escucha a cada mujer con distintas formas de trabajar y producir”, expresó.
El viaje también le permitió conocer el mar por primera vez. “Primera vez que vengo, no conocía el mar y es espectacular”, contó, al compartir una experiencia personal que se sumó al intercambio con otras mujeres del sector.
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Para Zapata, el foro representa una nueva instancia de participación. El año anterior había viajado a Santa Fe para intervenir en la categoría quesería y, en esta edición, fue postulada en la categoría de lechería.
Las tres historias muestran distintas formas de organizar la producción, pero comparten una misma realidad. Sus experiencias permiten poner en primer plano una tarea que muchas veces transcurre lejos de los grandes centros productivos y que combina conocimientos transmitidos a lo largo de generaciones, adaptación al ambiente y esfuerzo cotidiano.

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