La profundidad de la napa puede definir la estrategia del cultivo de maíz ante un escenario Niño. Qué evaluar para ajustar fecha de siembra, inversión y manejo.
Ante la evidencia de El Niño, la profundidad de las napas freáticas puede ser una variable central para definir la estrategia del cultivo de maíz. Una napa cercana a la superficie aumenta el riesgo de anegamiento, mientras que una profundidad intermedia puede favorecer planteos de alto potencial y su ausencia incrementa la dependencia de las lluvias.
A partir de esas diferencias, Adrián Rovea, asesor de los grupos CREA Teodelina y Ascensión, de la región Sur de Santa Fe, propuso caracterizar cada ambiente antes de definir la próxima campaña. Además de la napa, recomendó evaluar la recarga del perfil, la capacidad de retención de agua del suelo, el relieve, los antecedentes de excedentes hídricos y la transitabilidad.
Rovea presentó estos criterios durante la Jornada de Actualización Técnica de Gruesa, organizada por la EEA INTA Marcos Juárez y la región CREA Sur de Santa Fe. Su análisis tomó como punto de partida lo ocurrido durante la campaña 2025/26 para explicar el papel de la napa y proyectar distintas estrategias de manejo ante un escenario Niño.
La napa como reserva
Aunque la campaña 2025/26 estuvo condicionada por un evento La Niña, en las tres localidades analizadas del sudeste de Córdoba y sur de Santa Fe –Teodelina, Arias y Las Rosas– las precipitaciones fueron elevadas durante el barbecho. Entre abril y agosto se acumularon 562 mm en Teodelina, 275 mm en Arias y 378 mm en Las Rosas, frente a una media de 220 mm para ese período.

Agosto fue particularmente atípico, con alrededor de 250 mm de precipitaciones. Ese aporte terminó de recargar los perfiles y elevó el nivel de las napas. En Teodelina, por ejemplo, la napa pasó de 3,50 metros en mayo de 2025 a 2,70 metros luego de los 230 mm registrados en agosto.
Esa reserva de agua resultó relevante cuando las precipitaciones disminuyeron. «Si bien en enero llovieron apenas 6 mm, el cultivo pudo superar la falta de agua y tuvo una buena productividad por la capacidad de retención de los suelos de la zona», explicó Rovea.
Manejo según la napa
De cara a la próxima campaña, el asesor planteó que es necesario prepararse para un evento El Niño de gran intensidad. «Hay que medir la profundidad de la napa, la recarga del perfil, hacer análisis de suelo, conocer la capacidad de retención de agua, el relieve del lote, el historial de excedentes hídricos y la transitabilidad«, resumió.
La capacidad de almacenar agua del suelo es clave para interpretar la profundidad de la napa y definir la estrategia. Según Rovea, no es lo mismo trabajar sobre un suelo capaz de retener 180 mm que sobre otro que puede almacenar 350 mm. A partir de esa combinación propuso diferenciar el manejo según cada ambiente.

El asesor recordó que la ventana óptima de siembra en la región se ubica entre el 20 de septiembre y el 10 de octubre, aunque el maíz permite ampliar el período desde septiembre hasta enero. «Después cambian los potenciales de rendimiento, pero el cultivo sigue funcionando», explicó.
Una napa ubicada entre 1,5 y 2,5 metros representa el escenario ideal, con bajo riesgo de encharcamiento y desnitrificación. En esas condiciones, recomendó apuntar al máximo potencial de rendimiento mediante un planteo de alta inversión, ajustando densidad, nutrición, fungicidas y fecha de siembra.
La estrategia cambia con una napa a 50 centímetros, por el alto riesgo de encharcamiento y pérdida de superficie productiva. «En ese caso conviene esperar y sembrar durante la primera quincena de noviembre«, señaló. Hasta entonces, recomendó mantener limpio el barbecho y definir el nivel de insumos según la evolución de la situación hídrica.
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En el extremo opuesto, con una napa a 4,5 metros o directamente sin influencia freática, aumenta la dependencia de las lluvias. Si el suelo almacena poca agua y las precipitaciones no llegan durante diciembre o enero, el maíz temprano queda más expuesto al estrés durante el período crítico.
En esos ambientes, propuso distribuir el riesgo entre estrategias: un maíz temprano defensivo, con baja densidad, alta nutrición y fungicida, o un maíz tardío de alto potencial, con alta densidad, alta nutrición y fungicida. La elección dependerá de la disponibilidad de agua y las características de cada ambiente.
