Dos animales aparecieron con lesiones llamativas en un campo de Lanteri y el caso volvió a instalar viejas versiones sobre un supuesto depredador desconocido. Investigaciones realizadas por Senasa y especialistas determinaron hace más de dos décadas que estos episodios responden a la acción de pequeños carroñeros sobre animales muertos.
El hallazgo de dos ovejas mutiladas en un establecimiento rural de Lanteri, en el norte de Santa Fe, volvió a alimentar uno de los mitos más persistentes del ámbito rural: el del «chupacabras«. Sin embargo, lejos de las hipótesis paranormales que resurgen cada vez que aparecen animales con cortes llamativos y ausencia de sangre visible, desde hace más de veinte años existen investigaciones que identificaron las causas biológicas detrás de estos episodios.
Un hallazgo que sorprendió al productor
El episodio fue dado a conocer por el sitio Vía Libre Reconquista. El productor Elvio Vicentin relató que descubrió las ovejas al salir a alimentarlas por la mañana. «Pensé que estaba por parir, pero cuando me acerqué vi que estaba toda comida», contó. Una de las ovejas apareció dentro del corral y la otra fuera del mismo.
Según describió, ambos animales presentaban mutilaciones muy precisas. «Es como si estuviera cortado con láser. Ni con un cuchillo se hace un corte así», afirmó. En un caso faltaba gran parte de la zona de la paleta y las costillas, mientras que en el otro las lesiones se concentraban en la cabeza.
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Lo que más llamó la atención del productor fue que no encontró sangre, huellas ni signos de pelea. «No hay una gota de sangre. Es como que la chupó», sostuvo. También señaló que los perros no reaccionaron durante la noche y que el resto de las ovejas evita volver a ingresar al corral desde el episodio.

Vicentin recordó además un antecedente similar ocurrido años atrás con una vaca perteneciente a un familiar y descartó que se tratara de un robo de animales.
La explicación que especialistas conocen desde hace años
Consultado por AIRE Agro, el médico veterinario Federico Berger, asesor ganadero de Villa Minetti y expresidente del Colegio de Médicos Veterinarios de Santa Fe, recordó que situaciones similares ya generaron preocupación tiempo atrás.
«Hubo un furor bárbaro» por animales mutilados que se atribuían a fenómenos inexplicables, señaló. Sin embargo, explicó que las cámaras trampa permitieron observar qué ocurría realmente.
«Lo que se pudo ver con cámaras trampa fue un tipo de roedor que hace ese consumo carnívoro y con esos cortes tan parejitos, pelando los huesos de esa manera», indicó. Y resumió: «Mucho más no hay, va por ahí».
El trabajo de Senasa que desmontó el mito
La explicación científica comenzó a consolidarse en 2002, cuando aparecieron numerosas denuncias de animales mutilados en La Pampa y en el centro y sur de Córdoba. Los casos, caracterizados por la ausencia de ubres, lengua, órganos reproductivos y otros tejidos blandos, fueron rápidamente asociados con una nueva ola del mito del «chupacabras».
Ante la repercusión, el entonces presidente del Senasa, Bernardo Cané, impulsó una investigación para reproducir el fenómeno en condiciones controladas.
Para ello, colocaron el cadáver de un animal recientemente muerto en las sierras de Tandil y montaron un puesto de observación con visión nocturna.
Durante el seguimiento detectaron la presencia de pequeños animales alimentándose del cadáver. Tras capturarlos y enviarlos para su identificación a la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Buenos Aires, el resultado fue concluyente.

«El dictamen determinó que se trataba del hocicudo rojo, un pequeño roedor carroñero que aumenta su actividad durante los años secos y fríos. Es un animal agresivo al alimentarse y consume tejidos blandos», explicó Cané.
Un fenómeno natural que sigue generando interrogantes
El ratón hocicudo rojizo (Oxymycterus rufus) es un roedor nativo del Cono Sur que, junto con otros carroñeros, puede producir lesiones muy características sobre animales muertos. Su forma de alimentarse deja bordes limpios y consume preferentemente tejidos blandos, un patrón que durante años alimentó interpretaciones extraordinarias.
Aunque cada nuevo episodio vuelve a despertar especulaciones entre productores y pobladores rurales, la evidencia acumulada por investigaciones oficiales y las observaciones de veterinarios coinciden en que detrás de estos casos no hay fenómenos inexplicables, sino procesos naturales de carroñeo que, por sus particulares características, continúan sorprendiendo a quienes los encuentran por primera vez.
