En el centro de Santa Fe, entre los departamentos San Jerónimo y San Martín, los anegamientos dificultan el ingreso de maquinaria. Con lluvias recurrentes, los productores enfrentan el dilema de esperar a que el suelo se recupere o cosechar en condiciones adversas para evitar pérdidas por deterioro del grano.
Las lluvias de otoño son la gran amenaza para la cosecha de soja. La sucesión de temporales en el centro santafesino obligó a algunos productores a sacrificar el piso de sus lotes para garantizar la recolección del poroto.
Entre los departamentos San Jerónimo y San Martín, en un triángulo delimitado por López, Colonia Belgrano y Campo Piaggio, este fin de semana se vieron máquinas de doble tracción trillando en lotes completamente encharcados. La escena se parecía más a la cosecha arrocera que a la de soja.
El recuerdo de una campaña crítica y la urgencia de trillar
El apuro por levantar los granos no es antojadizo. Muchos productores aún recuerdan el drama de la campaña 2015/16, cuando el clima impidió cosechar a tiempo y se perdieron alrededor de un millón de toneladas de soja en la región.
“Hay como 1.000 hectáreas a la redonda con el mismo problema. El tema es que no hay suficientes cosechadoras con doble tracción”, dijo a AIRE Agro el productor Dante Bressi, quien el domingo se apuró a trillar un lote antes de la llegada de nuevas lluvias, tal como indicaban los pronósticos.
Las imágenes del trabajo muestran cómo el avance de la cosechadora destruye por completo el lote. “Es muy difícil tomar la decisión, porque uno siempre quiere romper lo menos posible”, reconoció. Pero, a veces, “no queda otra” para asegurarse la recolección del cultivo.
Actualmente, los suelos están saturados por la recurrencia de lluvias. Las mediciones del INTA Gálvez indican que en abril (hasta el momento) llovió un 60% más que la media, mientras que el acumulado anual está casi 200 milímetros por encima del promedio.
“Algunos no quieren romper, pero el grano queda ahí y después se termina pudriendo; a la larga, terminás trillando igual, rompiendo el lote, pero con una soja podrida”, señaló Bressi.
Entre el riesgo climático y la urgencia productiva
El productor explicó que el grano no estaba pasado, pero la situación climática era muy amenazante. “Estaban pronosticando lluvias nuevamente y sabemos que a ese lote le iba a llevar al menos un mes secarse”. Y aunque romper el potrero es problemático, destacó: “Ahora el cereal ya está levantado; después se preparará el suelo otra vez y se acomodará”.
Recordó que “hace siete años pasó lo mismo en la zona” y que, en este contexto, no se justificaba arriesgar el buen rendimiento del cultivo. “Acá la soja estaba dando 45 quintales; y eso que, con el lote encharcado, tenés que cortar alto por el agua y capaz que perdés 2 o 3 quintales por hectárea”, precisó.
“Hoy no está como para estar tirando. Los días pasan, no se puede avanzar, se amontonan las trillas, hay muchas sojas maduras, no hay suficientes máquinas y no hay piso”, resumió.
Tiempos, impacto agronómico y costo de recomponer el lote
Bressi estimó que se necesitarían entre 15 y 20 días de buen tiempo para avanzar con la cosecha. “Ahí se levantaría bastante, pero hay lotes como este que, por más que tengan una semana de sol y viento sur, el agua está ahí y no se va”, explicó.
Por su parte, el ingeniero agrónomo Leonel Tornotti, con base en Gálvez, estimó que la superficie afectada forma un triángulo que incluso puede superar las 1.000 hectáreas mencionadas por Bressi.
El asesor recordó que en la zona de Campo Piaggio ya hubo anegamientos hace algunos años. “Volvimos a la normalidad: tenemos la napa alta y se está trillando en el barro”, remarcó.
“Ahora el objetivo es levantar la soja y el problema será a futuro”, advirtió, ya que se están dañando los lotes donde logran ingresar con maquinaria de doble tracción. Luego, “cuando se pueda”, explicó que habrá que realizar una labranza superficial con disco, con un costo de entre 38 y 40 litros de gasoil por hectárea por pasada. Sin embargo, alertó que “va a ser complicado entrar rápido” debido al nivel de saturación del suelo.
“Hay lotes en los que no vamos a poder sembrar trigo si sigue lloviendo así”, advirtió.
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Pese a las dificultades del terreno, Tornotti señaló que la soja se está cosechando con niveles de humedad adecuados (entre 13,5% y 15%) y que la humedad ambiente ayuda a evitar pérdidas por desgrane.
