Ensayos a campo muestran que el uso estratégico de bioestimulantes puede duplicar la producción de pasturas en sistemas ganaderos.
El rendimiento de las pasturas es el punto de partida de cualquier sistema ganadero. Allí se define buena parte de los kilos de carne y litros de leche que se pueden producir. En ese escenario, los bioestimulantes empiezan a consolidarse como una herramienta clave para mejorar la productividad, especialmente en ambientes desafiantes.
Ensayos a campo evidencian que una aplicación estratégica de estos productos puede generar incrementos de rendimiento superiores al 100% respecto de lotes sin tratamiento. El resultado, sin embargo, no es automático: depende del tipo de producto elegido y, sobre todo, del momento de aplicación.
El momento de aplicación define el resultado
Los ensayos, realizados por INTA Rafaela junto a UPL Corp, muestran que cuando los bioestimulantes se aplican hacia fines de primavera o comienzos del verano, en situaciones de estrés, la respuesta del cultivo puede ser contundente. En esos casos, se registraron mejoras de rendimiento que superaron el 100%.
En cambio, en condiciones ambientales más favorables, como durante el otoño, las aplicaciones orientadas al crecimiento también mostraron impactos positivos, con aumentos de productividad cercanos al 65%.
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Implantación: el primer paso para cerrar la brecha productiva
Uno de los momentos más sensibles del ciclo de las pasturas es la implantación. En suelos degradados o con problemas de salinidad, el desarrollo radicular suele verse limitado, lo que condiciona todo el ciclo productivo.
Ensayos en el centro de la provincia de Buenos Aires demostraron que el uso de biosoluciones para el suelo, como HUMIPLEX®, combinado con fertilización fosfatada, permitió mejorar el desarrollo de raíces y lograr incrementos de entre 35% y 90% en la productividad.
Este tipo de herramientas busca no solo mejorar la implantación, sino también favorecer la actividad biológica del suelo y lograr sistemas más estables en el tiempo.
Dos tipos de bioestimulantes, dos estrategias
“No todos los bioestimulantes cumplen la misma función”, explicó Daniel Germinara, especialista en protección vegetal. Según detalló, existen dos grandes grupos:
- Los orientados a mitigar el estrés del cultivo
- Los que apuntan a potenciar el crecimiento
La clave está en identificar correctamente la necesidad del cultivo. Ante eventos como sequías, heladas o fitotoxicidad, los productos recuperadores permiten sostener la actividad fisiológica de la planta. En este grupo se destacan herramientas como BIOTRON® PLUS y OPTIMAT®.
Por otro lado, cuando el cultivo se encuentra en buenas condiciones, los bioestimulantes de crecimiento permiten acelerar el desarrollo y aumentar la producción de biomasa. En este segmento se ubica BIOZYME® TF, que puede aplicarse tanto de manera foliar como en tratamiento de semillas.
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Más pasto, más eficiencia
En sistemas ganaderos donde cada kilo de materia seca cuenta, mejorar la implantación, sostener el crecimiento frente al estrés y potenciar el desarrollo del cultivo puede marcar una diferencia significativa.
Los datos de campo muestran que, con un manejo adecuado, los bioestimulantes no solo ayudan a estabilizar la producción, sino que pueden llevarla a un nuevo nivel, mejorando la eficiencia y la rentabilidad de los sistemas productivos.

