En la cuenca lechera de Villa María, el proyecto Equslac combina investigación y producción para obtener un alimento con fines medicinales, con un reciente desarrollo en formato en polvo.
En Villa María, una de las principales cuencas lecheras de la provincia de Córdoba, funciona un tambo modelo que aúna esfuerzos de universidades nacionales y emprendedores privados. Pero, a diferencia de los sistemas tradicionales, en este caso no se ordeñan vacas, sino burras.
El proyecto, denominado Equslac, trabaja con unas 300 burras en producción. Cada animal aporta alrededor de medio litro diario, un volumen reducido pero de alto valor, con un precio de referencia cercano a los 35.000 pesos, destinado principalmente al tratamiento de niños que padecen Alergia a la Proteína de Leche de Vaca (APLV) y a otros usos asociados al cuidado del sistema inmunológico.
En enero de 2026, el emprendimiento sumó un nuevo hito tecnológico: la producción de leche de burra en polvo, un desarrollo que amplía la vida útil del producto y abre nuevas posibilidades para su distribución a escala nacional, con la posibilidad de, en el futuro, ampliar sus operaciones en el exterior.
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Atributos saludables
La iniciativa surgió de manera casual, hace unos diez años, cuando el médico veterinario Luis Losinno, investigador y jefe de la cátedra de Equinos de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC), realizó un viaje académico a China. Allí tomó contacto con la leche de burra, cuando le ofrecieron “donkey milk” por sus beneficios para reforzar las defensas.
El interés fue tal que decidió extender su estadía dos semanas más para interiorizarse en el sistema productivo. Durante ese recorrido, pudo conocer tambos con alrededor de 5.000 burras, con instalaciones de gran escala, y profundizar en los atributos y usos del producto.
“La leche de burra tiene una similitud de alrededor del 96% con la leche humana. La principal diferencia está en el contenido de grasa: es mucho más liviana, con cerca de un 1%, frente al 3% tanto en la leche humana como en la de vaca”, explicó Pablo Talano, socio fundador de Equslac.
Uno de sus usos más relevantes está vinculado a la APLV, ya que contiene niveles muy bajos de caseína —entre cinco y seis veces menos que la leche de vaca— y presenta una alta digestibilidad. Además, su perfil proteico incluye inmunoglobulinas y lisozimas, compuestos asociados al refuerzo del sistema inmune, por lo que también se utiliza en algunas enfermedades pulmonares.
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“En Italia está disponible en dispensarios públicos para esta patología. En Francia se destina en gran medida a cosmética, y en China una parte va a salud y otra a cosmética”, señaló. El interés de la comunidad científica también se refleja en el crecimiento de publicaciones: en los últimos años se duplicó la cantidad de trabajos sobre leche de burra a partir del estudio de sus propiedades.
De la investigación a la empresa
A su regreso de China, Losinno impulsó un trabajo de investigación en la Universidad Nacional de Río Cuarto para profundizar en los atributos de la leche de burra y adaptar su producción a condiciones locales. Ese proceso incorporó a equipos de las universidades nacionales de La Pampa (UNLPam), La Plata (UNLP) y Villa María (UNVM), donde se desarrollaron líneas de trabajo en genética y técnicas reproductivas, como el sexado de semen y la generación de los primeros embriones de burro in vitro.
En 2021, en plena pandemia, se asoció con Talano y Jorge Muract para escalar la investigación hacia un desarrollo comercial. “El objetivo es poder proveer este producto a niños con APLV, con una solución natural. Las alternativas disponibles son importadas y de base química. Nos interesó el desafío por su triple impacto: un producto que nace en el campo y se transforma en un alimento con fines medicinales”, explicó Talano.
Hoy, el proyecto involucra a un equipo de 11 personas. Además de los tres socios fundadores, el trabajo operativo se apoya en veterinarios, técnicos en alimentos, un investigador de CONICET, personal de tambo y un equipo comercial y de gestión, que cubre desde el procesamiento hasta los canales comerciales.
Tambo modelo
Tras la pandemia, el proyecto se enfocó en el diseño y puesta en marcha de un tambo modelo en el establecimiento Yucat, en Tío Pujio, a cinco kilómetros de Villa María. Allí se instaló infraestructura de última generación para el ordeñe de las 300 burras que actualmente están en producción.
“En la Universidad Nacional de Villa María pusimos en marcha una planta de procesamiento, donde pasteurizamos, embotellamos y congelamos la leche. En ese laboratorio también realizamos la caracterización organoléptica y el análisis de sus componentes”, explicó Talano.
La producción por animal es baja: cada burra aporta en promedio medio litro diario, con un ciclo de 12 meses de gestación y nueve de lactancia, lo que condiciona naturalmente la escala del sistema.
“Priorizamos el bienestar animal: el burrito vive con la madre y solo se separan durante cuatro horas para la extracción de leche. En el futuro podría evaluarse una mayor intensificación y hacer dos extracciones por día, pero por ahora el sistema está pensado con este esquema”, apuntó.
Comercialización
En el plano regulatorio, el proyecto ya cuenta con el Registro Nacional de Producto Alimenticio (RNPA) y el Registro Nacional de Establecimiento (RNE), a través de la universidad donde se realiza la producción como alimento. “Ahora estamos trabajando para que el producto ingrese al Plan Médico Obligatorio y obtener el sello que lo identifique como apto para APLV, de modo que pueda ser incorporado por las mutuales”, explicó Talano.
La comercialización se realiza de manera directa, con el producto pasteurizado y congelado, a través de canales propios. “Hoy vendemos principalmente por Instagram. Nuestros primeros clientes son entre 30 y 40 chicos que ya probaron todas las alternativas disponibles en el mercado y que no tuvieron respuesta”, señaló.
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Según afirmó, entre el 2 y el 8% de los niños nacen con APLV, con distintos grados de severidad, lo que marca un potencial comercial significativo. “En muchos de esos casos, la leche de burra fue la única que funcionó. Además, como tiene un sabor muy similar a la leche humana y prácticamente no tiene olor, los chicos la aceptan muy bien”, agregó.
El precio actual ronda los 35.000 pesos por unidad, un valor muy superior al de la leche de vaca, pero menor frente a las alternativas disponibles. “Es caro si se lo compara con la leche de vaca, pero es aproximadamente un tercio del costo de los productos con los que hoy competimos”, explicó.
Si bien también hay demanda por parte de personas que buscan reforzar el sistema inmune, el foco principal está puesto en el uso pediátrico. “Hay gente que la compra para reforzar defensas, pero nuestro objetivo central es dar una solución a los chicos con APLV que hoy dependen de este tipo de alimentación”, sostuvo.
Nuevo hito
A mediados de enero de 2026, la empresa avanzó en un nuevo hito de desarrollo al lograr producir leche de burra en polvo, una alternativa al producto congelado que comercializaban hasta ese momento, con una vida útil de alrededor de seis meses y una logística compleja.
La versión en polvo ofrece múltiples beneficios. “El producto en polvo, que todavía no lanzamos comercialmente, nos da hasta dos años de vida útil y, a su vez, reduce la logística a cerca del 10%, lo que nos permite llegar a todo el país”, explicó Talano.
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“Logramos completar un proceso de liofilización, o deshidratación en frío, en el que el producto pasa directamente del estado sólido al gaseoso. Ese secado por frío mantiene intactas las características de la leche, especialmente las proteínas que buscamos preservar”, detalló.
Este último avance se desarrolló en el marco de un proyecto público-privado financiado por el Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC), que involucra a la Universidad de Villa María y a Equslac. Gracias a este apoyo, el equipo pudo adquirir un liofilizador y otros equipos necesarios para procesar y aditivar la leche a pequeña escala.
“Nuestro objetivo es demostrar que existe una oportunidad de negocio, generar demanda y, a partir de eso, expandir la actividad en Argentina. A futuro, también vemos potencial para avanzar hacia mercados externos”, concluyó.




