La pérdida de porosidad limita el desarrollo radicular y el aprovechamiento del agua en gran parte de los sistemas agrícolas del país. El ingeniero agrónomo Jorge Romagnoli analiza las causas del problema y las prácticas de manejo para reducir su impacto.
La compactación de los suelos afecta a gran parte de los sistemas agrícolas en la Argentina. Según Jorge Romagnoli, ingeniero agrónomo y productor agropecuario especializado en siembra directa, la mitad de la superficie sembrada con cultivos extensivos a nivel nacional muestra restricciones físicas, vinculadas a un manejo inadecuado.
Según el ex presidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID), la compactación restringe el crecimiento de las raíces y aumenta el riesgo de estrés hídrico. Al mismo tiempo, como la fertilización se aplica, en mayor en mayor medida, en las capas superficiales del suelo, el desarrollo radicular de los cultivos se limita a esa zona y no explora el agua en profundidad, lo cual también termina afectando los rendimientos.
Frente a este escenario, el especialista analizó las causas que explican la pérdida de porosidad en los suelos agrícolas y repasó distintas prácticas de manejo y herramientas disponibles, orientadas a reducir la compactación y mejorar la implantación y el desempeño de los cultivos.
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Un problema de magnitud
Romagnoli señaló que, pese a la amplia adopción de la siembra directa en el país, muchos establecimientos no incorporan otras prácticas clave para sostener la producción en el tiempo. “Un 70% de los planteos en siembra directa no termina de cubrir las pautas básicas de manejo que permiten mantener una buena fertilidad del suelo, como la rotación de cultivos, la inclusión de cultivos de servicio y una fertilización adecuada”, explicó.

La ausencia de estas prácticas reduce el aporte de rastrojos y la diversidad de raíces, y se manifiesta en indicadores físicos del suelo, como la pérdida de porosidad, asociada a procesos de compactación.
“Esa compactación aparece, en muchos casos, entre los 5 y 12 centímetros, y a veces algo más profundo, como consecuencia de sistemas radiculares muy superficiales, poca cobertura y un tránsito intenso de máquinas cada vez más pesadas”, describió.
El problema se agrava en lotes con barbechos prolongados. “Hay planteos donde el suelo queda seis meses desnudo, sin raíces vivas. En ese proceso se pierde actividad biológica y se deteriora la estructura de macro y microporos, que denominamos compactación”, agregó.
Si bien indicó que el problema no se repite por igual en todo el país, y depende del sistema y del manejo, también afirmó que la compactación “está en el orden del 50% de la superficie a nivel nacional. Después hay otra proporción que, en diferentes grados, mantiene los suelos más cubiertos con cultivos de invierno, y ahí problema es de menor magnitud”.
Alternativas de manejo
Para mejorar la porosidad del suelo, la principal estrategia es implementar una rotación con una amplia diversidad de cultivos de invierno y de verano, con especies de leguminosas y gramíneas. “Sembrar un mix de cultivos, manteniendo el suelo con vegetación la mayor parte del año, es clave para mantener la porosidad, una buena infiltración de agua y fluidez gaseosa”, aseguró. Estas prácticas ayudan a sostener la fertilidad del suelo, cuando son acompañadas por un manejo adecuado de la nutrición de los cultivos, a través de la fertilización.

También subrayó la necesidad de ajustar la sembradora para favorecer un desarrollo radicular vigoroso desde la germinación del cultivo. “Es fundamental que la línea de siembra esté adecuadamente preparada, con una roturación en una banda delgada y a la profundidad suficiente, para que la germinación sea uniforme y el desarrollo radicular inicial sea adecuado, y no encuentre impedimentos que hagan que las raíces tengan deformaciones o una arquitectura no adecuada”, explicó.
Una alternativa mecánica
En la búsqueda de mejorar la implantación de los cultivos y atenuar los efectos de la compactación, Romagnoli describió el sistema Tainar: “Hace muchos años venimos realizando ensayos para lograr una línea de suelo adecuadamente preparada antes de colocar la semilla”, apuntó. El sistema incorpora una cuchilla alabeada que trabaja por delante de la siembra y va acondicionando el suelo para que, al momento de implantar el cultivo, la semilla encuentre un ambiente favorable.
El objetivo es generar una franja con mejor estructura física, manteniendo el rastrojo en superficie fuera de la línea y favoreciendo el contacto entre la semilla y el suelo. “Esa preparación deja el suelo más mullido en la banda de siembra y permite una germinación más rápida y uniforme, clave en cultivos de implantación temprana como maíz o girasol”, señaló.
“Cuando la emergencia es pareja, el cultivo arranca más homogéneo y cada planta puede expresar mejor su potencial. Eso termina impactando en los rendimientos promedio del lote”, indicó.
El sistema también apunta a resolver problemas compactación por el tránsito de maquinaria. “En muchos campos hay huellas o zonas pisadas que, sobre todo en condiciones de humedad, pierden porosidad. Al trabajar sobre la línea, se logra romper esas capas compactadas y mejorar la uniformidad de la germinación”, describió.
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“La cuchilla corta el rastrojo y trabaja a una profundidad suficiente, acompañada por una reja muy delgada que permite ubicar los fertilizantes por debajo del corte, separados de la futura posición de la semilla, evitando riesgos de toxicidad”, detalló. Ese manejo genera un entorno favorable para el desarrollo radicular inicial. “El fertilizante ubicado a 10 o 12 centímetros se disuelve con la humedad del suelo y promueve un crecimiento radicular más profundo, porque no hay impedimentos físicos y sí disponibilidad de nutrientes”, afirmó.
Romagnoli aclaró que la adopción del sistema se fue dando a partir de los resultados observados en campo. “En la medida en que se lo conoce y se ven los efectos, productores y técnicos lo evalúan como una herramienta útil, sobre todo en lotes con problemas de compactación, donde ayuda a mejorar la implantación y ordenar la logística de la siembra”, concluyó.
