El OCLA proyecta para 2026 un aumento de la producción de leche respecto del año anterior, con un arranque condicionado por relaciones de precios desfavorables para el productor. La evolución del consumo interno y del mercado internacional será determinante para la mejora de los precios y de los resultados económicos del sector.
Con un incremento estimado de la producción lechera cercano al 3% interanual y un arranque marcado por buenas condiciones productivas, la lechería argentina proyecta para 2026 un nuevo año de crecimiento.
Sin embargo, según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), la clave estará en si los precios que reciben los productores logran recomponerse en los primeros meses del año: la expectativa es que, con menor presión de oferta, una leve mejora del consumo interno y cierta recuperación de los precios internacionales, “la rentabilidad vuelva al cuadrante positivo”, tras cerrar 2025 mayormente por debajo de los costos.
Cómo cerró la producción lechera y con qué base arranca 2026
De acuerdo con el informe “Estimación de Producción de Leche – año 2026” del OCLA, el punto de partida es un 2025 excepcional desde lo productivo. El año pasado finalizó con 11.617.591.887 litros de leche, lo que implicó una suba del 9,7% respecto de 2024 (o del 10% si se ajusta por días). Medida en sólidos útiles —grasa butirosa y proteína—, la producción creció aún más: 11,4% interanual, favorecida por mejores tenores de calidad (7,28 frente a 7,17).
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Ese desempeño estuvo acompañado, al inicio de 2025, por “aspectos económicos favorables”, con una rentabilidad promedio en torno al 4%, aunque la situación se deterioró hacia el final del año. Según el OCLA, 2025 cerró “con precios a la producción primaria que en general estuvieron por debajo de los costos de producción”, en un contexto de fuerte dispersión de precios según calidad, volumen y región.
Para 2026, el escenario combina continuidad productiva con tensiones económicas. El informe señala que el año “arranca con un efecto inercial de crecimiento, buenas condiciones meteorológicas en general y gran disponibilidad de pasturas y reservas forrajeras”. A esto se suma una mejora estructural en eficiencia, productividad y tecnología, especialmente en los tambos de mayor escala.
Sin embargo, el principal condicionante sigue siendo la relación de precios. “Lamentablemente las relaciones de precios entre la leche y los principales insumos y servicios necesarios para producirla no son favorables”, advierte el OCLA. En ese marco, la rentabilidad positiva no aparece garantizada desde el inicio del año, sino como una posibilidad ligada a cambios en el mercado.
Consumo interno y exportaciones: las variables que pueden cambiar el escenario
La expectativa central del informe es que hacia los primeros meses de 2026, en coincidencia con el pico estacional de mínima de producción (abril), se produzca un alivio. Según el OCLA, ante “la menor presión de oferta total en el año y durante los primeros meses, con una leve mejora en el consumo doméstico y una recuperación (al menos en parte) de los precios internacionales, se puedan mejorar los precios percibidos por los productores y la rentabilidad vuelva al cuadrante positivo”, entendida como una contribución marginal que permita absorber los costos de estructura.
En términos de volumen, las proyecciones industriales muestran un rango amplio: las tasas de crecimiento estimadas para 2026 van desde 0,2% hasta 6,1%, con un promedio ponderado del 3,08% respecto de 2025. Este crecimiento, de concretarse, volvería a estar impulsado principalmente por los establecimientos de mayor tamaño.
Concentración productiva y el nuevo mapa de los tambos
El informe destaca que se sigue profundizando “el proceso de concentración de la producción en unidades productivas de mayor tamaño, con alta automatización”, con sistemas de encierre, foco en bienestar animal y sostenibilidad ambiental. Estos tambos son los que explicaron gran parte del crecimiento en 2025, tanto por mayor producción individual como por incorporación de vacas al rodeo.
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Entre los factores positivos para 2026, el OCLA enumera el crecimiento inercial de los primeros meses, la disponibilidad forrajera, el adecuado estado corporal de las vacas, el desarrollo tecnológico, un mejor ambiente de negocios y la posible mejora de los precios internacionales de las commodities lácteas.
Del lado contrario, pesan los precios al productor por debajo de los costos, relaciones insumo-producto desfavorables, problemas financieros en muchos tambos, dificultades en parte de la industria, el estrés térmico y la persistente incertidumbre política y económica.


