La producción porcina en Entre Ríos enfrenta limitaciones que frenan su competitividad y reducen su capacidad de crecimiento regional. La falta de servicios básicos, la necesidad de personal calificado y la ausencia de políticas efectivas para abrir mercados externos condicionan el desarrollo del sector.
La cadena porcina en Entre Ríos enfrenta obstáculos que condicionan su competitividad. Entre los principales, desde el sector mencionan el ingreso creciente de carne y productos porcinos desde Brasil, la falta de infraestructura en el interior provincial y los altos costos energéticos que impactan directamente en los sistemas productivos.
Dificultades que sujetan el despegue del sector porcino en Entre Ríos
“Faltan caminos en condiciones, energía estable —especialmente tendido eléctrico de alto rendimiento— y gas natural”, sostiene Irina Hergert, socia y gerente administrativa de Granja Alimentaria Entre Ríos (Granalier).
A esto se suman desafíos vinculados a la mano de obra, más por cuestiones de compromiso y dedicación que por especialización técnica, y la falta de plantas de faena con controles de calidad que permitan potenciar el crecimiento regional.
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Respecto de los mercados externos, la empresaria advierte que se trata de una oportunidad aún pendiente: “La carne generada localmente es de alto valor, pero no tiene las oportunidades suficientes para colocarse en otras plazas”. Si bien existe stock suficiente, considera que faltan medidas concretas para impulsar exportaciones.

Carne de cerdo entrerriana, un modelo productivo integrado
“Todo comienza con la visión de sumar a los sistemas productivos tradicionales de generación de granos y carne vacuna el valor agregado de un criadero de cerdos”, explica Hergert.
El sistema productivo está conformado por tres eslabones: cría porcina, industrialización y comercialización de carne a través de puntos de venta propios. Se trata de una empresa familiar donde Irina comparte funciones con su hermano Miguel, encargado de la producción y del circuito comercial.

Con la idea de industrializar la carne que producen, sumaron un paso más para atender el mercado interno con cortes frescos y congelados destinados al consumo regional. También desarrollaron productos elaborados, chacinados y embutidos.
“Con las bocas de expendio directas podemos escuchar a los consumidores y ajustar la producción a la demanda. Es la forma que encontramos de abastecer conociendo de primera mano cómo se comporta el consumo”, describe.
Asociativismo y genética, pilares de una producción porcina eficiente
La empresa trabaja con un modelo asociativo para la provisión de lechones. “Fuimos productores de ciclo completo por años. Hoy estamos dejando de serlo para enfocarnos en la fase de agregado de valor. Entendemos que las granjas pueden generar carne de calidad y proveernos siguiendo normas que aplicamos durante muchos años: razas de pedigree y una alimentación que convierte granos en tiempos cortos”, detalla.

Los sistemas productivos operan en confinamiento: compran los lechones y los productores asociados los crían hasta la faena. Actualmente, trabajan con la provisión de unos 350 lechones por semana, equivalentes a 700 madres en producción.
Las líneas genéticas utilizadas presentan predominancia de Topigs, Landrace y Yorkshire. “Es vital contar con animales de buena línea de sangre por la productividad que permiten alcanzar: buena conversión alimenticia, cantidad de lechones y calidad de carne”, remarca.
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Al proyectar el panorama del sector porcino entrerriano, Hergert pone el foco en el consumo: actualmente la carne porcina ocupa el tercer lugar en la canasta alimentaria, con 18 kilos anuales por habitante, un récord histórico. “Entre Ríos tiene la materia prima y las condiciones para crecer; eso alienta al sector”, concluye.
Entre los planes estratégicos, evalúan avanzar en la concreción de una planta de faena propia, aunque por el momento trabajan integrados con dos frigoríficos zonales.
