Con precios de la leche atrasados frente a costos que crecen muy por encima de la inflación, el titular de Meprolsafe advierte por una rentabilidad al límite. El consumo interno débil y las exportaciones en baja agravan el escenario y ponen en riesgo la continuidad de los tambos en 2026.
La lechería llega al final de 2025 en una situación opuesta a la del inicio del año: el viento de cola que significaron los buenos precios para el productor se cortó a mitad de camino y, en el sprint final, vuelven a encenderse las alertas por una rentabilidad sectorial al borde de la cornisa.
Del viento de cola a la rentabilidad bajo alerta en la lechería
Así lo entiende la Mesa de Productores Lecheros de Santa Fe (Meprolsafe), que junto a Carsfe trazó recientemente un contundente diagnóstico sobre el fuerte retraso en el precio de la materia prima frente a una suba de costos que —en algunos insumos— duplica la inflación.
“La verdad es que el sector lácteo inició el año con buenos precios y estabilidad, situación que nos acompañó hasta junio o julio, y luego vino un derrumbe de precios, inestabilidad, y ahora el sector la está pasando mal”, resumió a AIRE Agro el presidente de Meprolsafe, Roberto Perracino.
Precios estancados y costos que duplican la inflación
Según el relevamiento de los productores, los $475,44 del litro de leche SIGLeA en noviembre apenas se recompusieron un 8,12 % respecto de igual mes del año pasado, mientras que el balanceado subió 64 %, la harina de soja 75 % y el combustible 33 %, entre otros. Este descalce, anticipó Perracino, “va a pegar muy fuerte en el servicio de ensilado de reservas”, con un sobrecosto de entre 20 y 25 %. “Esa ecuación económica hace que las finanzas del productor estén muy complicadas”.

Por este motivo, el titular de Meprolsafe estimó que en 2026 “la leche no va a florecer tanto, porque nos parece que va a haber importantes cierres de tambos”. Las dificultades financieras, dijo, se traducirán en menor confort para los animales, con el consecuente impacto productivo. “Creo que va a haber un poquito más de leche, no mucha más, un poquito”.
Las reglas como base para ordenar la lechería
A su criterio, el freno que sufrió el sector este año se produjo por un consumo interno retraído —que en los últimos meses empezó a repuntar, pero a costa de precios más bajos— y cotizaciones bajistas para la exportación. Frente a eso, “nosotros decimos que falta trabajar mucho, porque el sector está muy desorganizado”.
En esa dinámica, comentó que ante las contingencias del mercado “el que paga los platos rotos es el productor”, ya que el resto de los eslabones traslada sus dificultades a otros, pero al final de la cadena el tambero no puede hacer lo mismo. Y adelantó: “esta nueva baja de precios en el sector va a ser una zaranda gruesa; se van a caer muchos tambos más”.
Al respecto, el dirigente admitió que la concentración es una tendencia mundial, pero aclaró que en otros países “existen mecanismos para amortiguarla”.
“La regulación existe y es necesaria en todo el mundo”, y la diferenció de la “intervención” del mercado, a la que calificó como “corrupta, arbitraria”. “Si yo intervengo en un mercado, yo decido quién sí y quién no, y eso es corrupción, y eso es lo que tanto daño le ha hecho a nuestra lechería”.
En cambio, aclaró que la regulación está dada por reglas que ordenan el sector. “Cuando usted tiene la lechería con reglas, cuando hay que cumplir con un manual de buenas prácticas comerciales, entonces todos estamos bajo un paraguas claro, y eso es lo que hacen los países organizados”, definió.

Cuatro ejes para recomponer la actividad lechera
En este contexto, Perracino valoró el trabajo conjunto con otras entidades y estamentos de gobierno durante 2025, con quienes consensuaron cuatro puntos básicos para “volver a acomodar la lechería”: trabajar para disminuir la marginalidad del sector, que estimó en un 30 %; el pago por sólidos y calidad de leche; trabajar sobre la sobreoferta; y avanzar en sanidad animal con “un plan nacional a 10 años, que permita ordenar un poco los rodeos sanitarios”. Además, comentó que se habló de promover el consumo de lácteos, que supo alcanzar los 230 litros por persona al año y hoy está en 180.
“Para el sector, el mercado interno siempre fue el que sostuvo la actividad”, explicó el productor, y se abastece con unos 9.000 millones de litros al año. “Por eso nosotros decimos que tenemos que trabajar mucho en eso, en planificar ofertas y planificar la venta, porque producir leche a tontas y a locas no siempre es sinónimo de progreso”, sentenció.
En tal sentido, citó el año 2011, con una producción cercana a los 14.000 millones de litros, y sostuvo que “eso significó la salida del sector de más de mil productores”.
Un nuevo escenario macroeconómico y desafíos pendientes
A esto, Perracino sumó la inestabilidad económica y política de los últimos años, que dificultó cualquier planificación. Ahora, “creemos que en este nuevo escenario político y de tranquilidad macroeconómica, de buscar ser un país normal, la lechería no puede quedar afuera”.
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Pese a la volatilidad de la coyuntura, Perracino dijo que hay aspectos positivos para el sector. “El clima viene acompañando bien, viene lloviendo, se van a poder confeccionar reservas y se va a poder tener grano de maíz”, destacó en primer lugar.
A ello sumó que se está trabajando muy bien con gobiernos e industrias para “acomodar” la actividad. “Creo que, más temprano que tarde, va a rendir frutos”, concluyó.

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