Ocurrió en la audiencia desarrollada el jueves ante la Secretaría de Trabajo de la Nación, donde se ofreció procesar 50 mil litros en la planta de Totoras. La situación cayó muy mal entre los trabajadores, que siguen sin cobrar el sueldo desde diciembre y deben soportar el silencio de la mayoría de los delegados y secretarios generales.
Una historia repetida es la de Lácteos Verónica, sin lograr una alternativa de solución a una situación muy compleja que ya lleva ocho años, pero que, tristemente, cumple un año de caos con la discontinuidad en el pago de salarios y en el cumplimiento con la materia prima, los insumos y los servicios; en definitiva, alterando la vida de las comunidades y, de forma directa, la de 700 trabajadores.
Crisis en Lácteos Verónica: sin acuerdo tras una nueva audiencia
Las idas y vueltas entre la provincia de Santa Fe y la Nación tienen nuevamente el tema en la Secretaría de Trabajo del Ministerio de Capital Humano. En la tercera audiencia de este tramo, realizada este jueves, los resultados fueron los mismos: no se logró nada.
Aunque hubo una propuesta ínfima, ahora se abre una nueva espera sin fecha de próximo encuentro, lo que vuelve cada vez más caótico el panorama.
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La Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra) se tomó un día para poder elaborar una explicación sobre lo sucedido en la reunión con representantes de la familia Espiñeira ante la Nación, quienes ahora tienen una intimación ministerial para llegar a una salida más concreta.

Clason no reabre: rechazan una propuesta que emplearía solo al 10 % del personal
Según declaró a FM Totoras el secretario general de la seccional de esa localidad, Juan Lucena, la propuesta para la que la empresa había pedido más tiempo desde el lunes pasado consistía en conseguir 50 mil litros diarios para procesar en la línea UAT (ultra alta temperatura, leche fluida en tetra), para lo cual solo se precisarían 15 trabajadores, lo que representa poco más del 10 % de la plantilla de las instalaciones de Clason. La propuesta dejaba afuera a las demás plantas de Lehmann y Suardi.
“Sabemos que 50 mil litros diarios no alcanzan ni para pagar los insumos propios de las calderas”, por lo que decidieron rechazar la propuesta y, en una supuesta asamblea realizada este viernes a las 14 en Totoras, los presentes reafirmaron esa intención.
El gremio también cuestionó el origen incierto de la materia prima, aunque se trata de un tema sobre el que no tienen ninguna injerencia. “En definitiva, la propuesta que realizaron es una burla, no tiene razón de ser”, a lo que agregó que es “insuficiente e inviable para quienes conocemos la industria”.
El rechazo de Atilra impide entonces retomar la actividad en una planta que no funciona desde el año pasado, e incluso frena cualquier tipo de producción que pudiera encadenarse a esta iniciativa.
Crece el malestar de los trabajadores ante sueldos impagos y falta de respuestas
Resulta relevante la declaración de Lucena, al igual que había ocurrido en diciembre: “Volvimos a solicitar que paguen lo que corresponde: los salarios atrasados, más lo que corresponde a las leyes sociales y las cuotas alimentarias que descuentan y no pagan”.
Llamativamente, no menciona aportes gremiales ni a la obra social. Esto fue incluido por muchos en los telegramas que respondían al recorte de horas por turnos y salarios hace dos semanas. Podría ser porque el gremio ya tiene resueltos sus propios pendientes y se presta a dilatar la solución del caso, a pesar de ir en contra de los intereses de sus representados.
La situación cayó muy mal entre los trabajadores, que tienen salarios adeudados desde diciembre, no reciben ninguna transferencia desde comienzos de febrero e incluso deben soportar el silencio de la mayoría de los delegados y secretarios generales, más aún ahora que el tema se trata en Buenos Aires y está en manos del responsable de Capital Federal, Gustavo Campos, y ya no del titular de la seccional Rafaela, Domingo Posetto.
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Los puntos suspensivos parecen alargarse cada vez más en esta historia, escrita con la angustia de 700 familias de forma directa, y que además involucra a un gran número de tamberos con deudas millonarias, un volumen creciente de cheques rechazados y compromisos con organismos que tensan cada vez más los límites de la Justicia. Todo ello se basa en malas decisiones de una familia que está dilapidando una historia centenaria en el sector lechero.
