Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
La Argentina, gracias al gobierno de Javier Milei, logrará en el presente ciclo 2025/26 alcanzar una cosecha estimada de trigo superior a 25 millones de toneladas. Un récord absoluto.
Aquellos que dicen que el gobierno no tiene nada que ver con esa marca histórica porque los rendimientos extraordinarios de trigo se explican por factores meramente climáticos, además de malicia, carecen de una comprensión profunda de la realidad de los hechos.
Cuando el líder hace referencia a las “fuerzas del cielo”, lo hace en un sentido amplio que, si bien abarca la dimensión conceptual, también comprende las variables meteorológicas que contribuyeron a generar semejante éxito productivo. No sean resentidos y aprendan a valorar los éxitos como si fuesen propios.
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Por si no fuese suficiente, también tenemos que lidiar con quienes dicen que el trigo que se cosechó hasta el momento tiene baja proteína y no sirve para panificar.
¿Dónde está escrito que la Argentina sólo debe producir trigo con destino a consumo humano? Así como el país produce cebada cervecera, también hace lo propio con la variedad forrajera, y existen dos mercados bien diferenciados al respecto.
Si el trigo tiene condiciones para ser vendido como alimento para chanchos, debe ser comercializado así, con el mismo orgullo con el que se vende el cereal destinado a oficiar como corrector de harinas con elevados estándares de panificación. El precio de venta, por supuesto, no puede ser el mismo.

El supuesto problema de calidad del trigo argentino que se cosechó hasta el momento –veremos cómo viene el resto de la cosecha– no representa una cuestión comercial, sino una herida al orgullo propio; se trata, por lo tanto, de algo para hablar con el psicólogo más que con el funcionario de turno encargado de la política agrícola.
También están aquellos –existen detractores de todos los colores– que aseguran que la baja calidad panadera del trigo recolectado hasta ahora se podría haber evitado con una política de promoción del uso de fertilizantes.
Los razonamientos rústicos y lineales pueden lucir apropiados si se los analiza de cerca, pero al hacer “zoom” en ellos suelen mostrar falencias inocultables.
El uso de fertilizantes no puede estar disociado del cuidado de las napas freáticas, algo que, en campañas como la actual, con un régimen hídrico sobresaliente –las fuerzas del cielo–, habría representado no sólo una inversión irrecuperable, sino también un eventual problema ambiental. Menos mal que existe un gobierno que tiene una visión integral de las cuestiones productivas argentinas.
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Todos los difamadores, en definitiva, no terminan de visualizar que una gran cosecha de trigo representa un gran ingreso de divisas, algo esencial para recomponer las reservas internacionales del Banco Central (BCRA), ya sea de modo espontáneo y progresivo o, en caso de requerir una aceleración del flujo, con alguna ayuda adicional, como fue el caso del régimen de suspensión temporaria de derechos de exportación.
Si las divisas se hacen con trigo pan o forrajero, no es lo importante. Lo importante es que el agro siga haciendo su parte para que la Argentina vuelva a ser grande otra vez. ¡Viva la libertad, carajo!
