Agromandriles: un toque de atención para educar en la filosofía libertaria a los argentinos con problemas de comprensión.
Esta semana corta y ajetreada me escribió un alumno para comentarme un capítulo del libro «Defendiendo lo indefendible», de Walter Block, que el líder Javier Milei regaló a sus ministros en la última reunión de gabinete del año.
El alumno, entusiasta estudiante y amante de la filosofía libertaria, decidió compartir algunos párrafos de la obra, los cuales, por cierto, deben ser contextualizados para evitar interpretaciones erróneas.
“La justificación para considerar heroico al blanqueador común es que hay una falsificación previa (por parte del Estado), por lo que el dinero falsificado por el blanqueador común no es dinero legal. De hecho, es dinero blanqueado. Una cosa es decir que falsificar dinero genuino es robo, ¡y otra es decir que falsificar dinero falsificado es robo!”, señala el libro.
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“De igual manera, está claro que del hecho de que falsificar dinero genuino es ilegítimo no se deriva que falsificar dinero falsificado sea ilegítimo. Si se puede corroborar que el blanqueo de dinero falso no es ilegítimo y que el dinero ‘original’ es falso, habrá quedado demostrado que la ‘empresa privada’ del blanqueador no es culpable de nada malo y podría hasta considerarse heroica”, añade.
El alumno quería saber si, tal como menciona el libro, es adecuado evadir impuestos o realizar actividades ilícitas para luego, de manera “heroica”, blanquear dinero fiat a espaldas del Estado. Desde ya que no. Es indispensable pagar impuestos para poder lograr el tan ansiado superávit fiscal y, cuantos más se paguen, mejor: así habrá un mayor superávit y se fortalecerá la lucha contra la angustiante inflación. Por supuesto, tampoco es aconsejable emprender ninguna actividad que esté fuera de la ley.
Pero Walter Block —repuso el alumno— dice que “los blanqueadores privados no suponen una amenaza para el pueblo porque no tienen ni tendrán la fuerza suficiente como para hacerlo. Lo que hacen es reducir y contrarrestar el gran mal del blanqueo gubernamental, y esto es beneficioso para muchísima gente. Pese a que unos pocos puedan verse perjudicados por esta actividad, si hacemos un balance, el blanqueo no gubernamental resulta más beneficioso que dañino. Por último, debemos recordar que su trabajo no es fraudulento ni mucho menos inmoral, ya que no tratan de hacer pasar dinero falso por verdadero”.
Por favor: seamos serios. Tales argumentos, que pueden ser muy válidos para destacarse como panelista estrella en programas televisivos, son ejercicios teóricos que no se corresponden con la realidad de los hechos al momento de aplicar los principios de la filosofía libertaria.
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El alumno en cuestión —con lógica— me planteó que mis afirmaciones embisten contra lo expresado en la obra de Walter Block, pero resulta indispensable entender que el contenido del polémico libro no es el aspecto relevante aquí, sino el mensaje emitido a través del gesto político.
Un libro con el título «Defendiendo lo indefendible» fue repartido en la Quinta de Olivos a todos los integrantes del gabinete, quienes fueron obligados a posar con el mismo esgrimiendo una espléndida sonrisa (aunque algunos obviaron este último requisito; habrá que investigar la causa).
Sucede que la batalla cultural libertaria requiere hacer sacrificios de diversa índole y, tal como menciona la obra, a veces resulta necesario defender alianzas y acuerdos que, si bien pueden parecer reñidos con la ética, se justifican en términos políticos por un bien mayor.
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Finalmente, luego de una extensa conversación telefónica, mi alumno entró en razones y comprendió la naturaleza magnánima detrás del gesto del líder, lo que representa un alivio, porque el estudiante está a unas pocas materias de recibirse de contador.
La anécdota sirve también para toda la comunidad libertaria. Si bien el acto en cuestión estuvo destinado a los ministros, todos los que apoyamos el proceso de transformación de la Argentina tenemos que saber sopesar los hechos con los principios y las metas establecidas. Así volveremos algún día a ser una gran nación de nuevo. ¡Viva la libertad, carajo!

