En el norte santafesino, un encierre con corrales amplios y autoconsumo reduce el estrés y baja el uso de antibióticos hasta un 80%.
¿Puede un sistema de producción intensiva de carne ser compatible con el ambiente y el bienestar animal? En Santa Fe y otras provincias comienzan a consolidarse planteos conocidos como feedlot ecológico, que proponen reducir la carga animal, minimizar el barro y mejorar el manejo sanitario mediante corrales amplios, autoconsumo controlado y menor estrés.
No se trata de infraestructura costosa ni de tecnologías avanzadas, sino de ajustar el manejo, la densidad animal y la lógica de alimentación a las condiciones reales del campo.
Un sistema adaptado al terreno: la experiencia de la familia Crespín
Ese enfoque encontró un desarrollo particular entre las localidades de Calchaquí y Pedro Gómez Cello, en el norte provincial, donde la familia Crespín decidió transformar un feedlot convencional —afectado por barro y problemas sanitarios recurrentes— en un sistema adaptado al terreno.
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La decisión surgió de una dificultad concreta: los suelos no tenían la pendiente adecuada para escurrir el agua y se generaban anegamientos. Según relató el veterinario Santiago Crespín, “el barro nos traía problemas en la ganancia de peso y en enfermedades, que incluso hasta podían provocar la muerte de animales”, lo que llevó a cuestionar no la dieta, sino el ambiente.

Desde entonces, el establecimiento presta servicios de hotelería a terceros, con una ocupación actual de 600 cabezas y capacidad para 1000. La hacienda ingresa con 200 a 250 kilos, pasa por una recría corta de 15 a 30 días y luego entra a terminación hasta alcanzar el peso de mercado.
La clave está en la densidad: los corrales ofrecen entre 100 y 300 metros cuadrados por animal, con un máximo de 80 o 90 terneros por lote. Con ese ajuste, se reduce la competencia, se limita el pisoteo y el barro deja de ser un factor sanitario crítico. En palabras de Crespín, “reducimos ampliamente el nivel de estrés de los animales al estar en una superficie no muy confinada”.
Al tratarse de hotelería, los animales tienen distintos orígenes, caminos sanitarios y tiempos de transporte. Muchos llegan después de pasar por ferias o de viajar más de 20 horas en camión. Por eso, el proceso de adaptación es determinante. Como explica el productor, “se hace una recepción donde se brinda agua y, los primeros días, les damos rollo para que el animal se adapte lo más rápido posible”. Solo después de esa etapa ingresan a alimentación plena con autoconsumo.
Autoconsumo controlado
El segundo eslabón del sistema es la alimentación mediante silos de autoconsumo disponibles las 24 horas. Estos silos almacenan entre 4 y 12 toneladas de alimento balanceado peleteado y tienen entre 20 y 24 bocas abiertas permanentemente. Esto modifica el comportamiento alimenticio: el bovino no come una o dos veces por día, como sucede en feedlots tradicionales, sino muchas veces en pequeñas cantidades, similar a un pastoreo continuo.

El pellet utilizado incorpora tecnología que evita que el animal coma en exceso, aun sin contener fibra. Primero genera sensación de saciedad, por lo que el bovino debe detenerse y tomar agua; luego, otro componente vuelve a habilitar el apetito. Esto regula el consumo de manera natural.
Según Crespín —quien también es uno de los socios de la Cooperativa Agrícola Mixta de Margarita, que fabrica este alimento balanceado—, “esta tecnología de autoconsumo autorregulable controla la cantidad de ingesta, generándole al animal una sensación de saciedad”. Así, evita que coma de más y no hace falta agregar fibra para prevenir excesos.
Con este esquema de autoconsumo, las ganancias de peso también acompañan. En recría, animales de 200 kilos aumentan, en promedio, entre 1 y 1,1 kilo por día, variación que depende del peso inicial, del estado del lote y de la genética del bovino. En la fase de engorde, las ganancias suben y pueden alcanzar 1,5; 1,6 o hasta 1,7 kilos diarios.
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Beneficios de utilizar el feed lot ecológico
El comportamiento animal cambia de ansiedad a calma. El productor lo describe con una escena cotidiana: “algunos animales van 20 o 30 veces por día al silo a comer de a bocado pequeño”. Esto reduce peleas jerárquicas, mejora la digestión y elimina la necesidad de medicaciones grupales. Crespín lo resume desde su experiencia: “antibióticos generales no ponemos más, salvo casos puntuales”. En la práctica, el establecimiento logró reducir cerca del 80% el uso de tratamientos con antibióticos.
Como no se reparten raciones con tractor, también se reduce el uso de gasoil, el desgaste de maquinaria y el tiempo destinado a tareas mecánicas. El personal pasa a enfocarse en recorridas sanitarias, control de peso y detección temprana de síntomas. La eficiencia proviene del manejo y no de la infraestructura pesada.

Otro beneficio aparece en el bienestar del personal. Según Crespín, en este sistema “no hay prácticamente moscas y tampoco hay olor desagradable”, como sucede en encierres tradicionales. El olor típico del feedlot no se percibe en estas condiciones más aireadas y con menor concentración animal. “Esas dos cosas son muy buenas para la gente que vive en el campo y para cualquier persona que venga a trabajar al establecimiento”, agregó.
Una revancha para la peor zona del campo
Otro aspecto relevante del sistema es el uso del suelo. La hotelería no se instaló en el mejor lote del establecimiento, sino en el peor. Según Crespín, “eran los peores lugares de campo”, superficies donde antes apenas se podía sostener un animal cada dos hectáreas. Con el feedlot ecológico, esos lotes pasaron a alojar una actividad intensiva mientras reciben, al mismo tiempo, un aporte constante de materia orgánica.
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La fertilización es consecuencia del propio objetivo productivo: “estamos dándole de comer al animal y nos está aportando materia orgánica para el suelo”, explicó el veterinario. Cuando esa zona se recupere lo suficiente, el establecimiento podrá rotar el encierre hacia otro punto del campo. La infraestructura lo permite: los corrales se construyen con boyeros, los bebederos pueden ser portátiles y el silo puede trasladarse cuando está vacío.
La rotación evita compactar siempre el mismo sitio, distribuye la fertilidad y posibilita que esa tierra, que antes no generaba ingresos, pueda destinarse a pasturas o cultivos en el futuro. Crespín lo sintetiza de manera simple y práctica: “lo podés hacer en cualquier parte del establecimiento”.
