Mientras la industria acelera la transición hacia insumos biológicos, la startup fundada por la biotecnóloga rosarina Julia Roulet desarrolla proteínas diseñadas a medida para eliminar bacterias específicas sin afectar la microbiota del suelo ni generar los impactos del cobre.
La revolución de los bioinsumos para el agro recién empieza. Después de una primera ola impulsada por microorganismos, una nueva generación de tecnologías busca dar un paso más allá. En ese escenario se mueve Syocin Bio, una startup nacida en Rosario que desarrolla proteínas diseñadas a medida para eliminar bacterias específicas que afectan a los cultivos, sin alterar el resto de los microorganismos beneficiosos presentes en el suelo.
La empresa, fundada por la biotecnóloga Julia Roulet, trabaja sobre una plataforma de biología sintética que le permite crear bactericidas altamente específicos para cada problema sanitario. El objetivo es ofrecer una alternativa a los tradicionales productos a base de cobre, utilizados desde hace más de un siglo para controlar enfermedades bacterianas, pero cuestionados por su impacto ambiental y por la creciente resistencia que desarrollaron muchos patógenos.
«La próxima generación de biológicos ya no está basada solamente en microorganismos. También aparecen proteínas, ARN y otras biomoléculas. Son desarrollos mucho más sofisticados, pero también con mayores ventajas», explicó Roulet.
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La emprendedora, egresada de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), realizó su doctorado en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR) y parte de esa formación en la Universidad de California, en San Diego. Allí comenzó a conocer el ecosistema de startups biotecnológicas y el modelo de financiamiento mediante fondos de Venture Capital, un esquema que terminaría siendo clave para convertir una investigación científica en una empresa. El 2020 fue el año para dar el salto.

«Siempre quise emprender en biotecnología, pero sabía que era un camino complejo porque requiere mucho capital antes de empezar a generar ingresos. En Estados Unidos vi que existía una forma de hacerlo y entendí que era posible», recordó.
Una solución de precisión
La tecnología desarrollada por Syocin Bio apunta a resolver uno de los grandes desafíos de la producción agrícola: controlar bacterias patógenas sin afectar el equilibrio biológico del suelo. Actualmente, los tratamientos más utilizados -fundamentalmente para los cultivos intensivos- son compuestos derivados del cobre, productos de amplio espectro que eliminan tanto las bacterias perjudiciales como una gran cantidad de microorganismos beneficiosos.
«Es parecido a lo que ocurre cuando una persona toma un antibiótico. No solo elimina la bacteria que genera la enfermedad, sino también parte de la microbiota que resulta beneficiosa. En el suelo sucede exactamente lo mismo», explicó Roulet.
El problema no termina allí. Después de décadas de uso intensivo, muchas bacterias desarrollaron resistencia al cobre, mientras que este metal pesado se acumula en el suelo y puede afectar también la calidad del agua y de los alimentos. Frente a ese escenario, la startup diseñó una plataforma capaz de desarrollar proteínas específicas para cada bacteria y para cada cultivo.
«Lo interesante es que podemos construir una proteína dirigida únicamente al microorganismo que queremos eliminar. No afecta al resto de la microbiota y además puede combinarse con otros productos biológicos», señaló.
Más allá de los microorganismos
Si bien los bioinsumos ya son una realidad en la agricultura, la mayoría de los productos disponibles están basados en microorganismos vivos. Syocin Bio apuesta a una tecnología diferente.

Las proteínas no son organismos vivos, por lo que no se reproducen una vez aplicadas en el ambiente. Esa característica, según la empresa, permite controlar mejor su acción y reducir incertidumbres sobre su comportamiento en el ecosistema. «Los microorganismos tienen enormes ventajas, pero también deben adaptarse al ambiente donde se aplican y pueden generar interrogantes sobre su comportamiento a largo plazo. Las proteínas cumplen una función específica y luego se degradan; no se multiplican», explicó la fundadora.
Actualmente, la empresa desarrolla bactericidas para compañías que ya comercializan productos biológicos y buscan ampliar su portafolio con soluciones para enfermedades bacterianas. «Hoy todas las empresas del sector están migrando hacia los biológicos y necesitan herramientas complementarias. Ahí es donde nuestra tecnología puede aportar mucho valor», afirmó.
Roulet aseguró que la empresa -con base en Zona i, el parque de innovación del Polo Tecnológico de Rosario (PTR)- se encuentra entre las primeras del mundo en desarrollar bactericidas agrícolas basados en proteínas. Hasta ahora, muchas de las investigaciones para combatir bacterias se apoyaron en bacteriófagos —virus que infectan bacterias—, una estrategia que todavía enfrenta limitaciones para su adopción comercial.
«Somos pioneros en esta tecnología aplicada a bactericidas. Hay muy pocas empresas trabajando con proteínas para protección de cultivos y recién a fines de 2025 se aprobó en Estados Unidos el primer fungicida basado en proteínas», destacó.
Ese antecedente representa una señal importante para toda la industria, ya que confirma que el marco regulatorio empieza a adaptarse a esta nueva generación de desarrollos.

Del laboratorio al mercado
Como ocurre con gran parte de las startups de base científica, el desafío no termina cuando la tecnología funciona en el laboratorio. La empresa continúa invirtiendo en investigación y desarrollo mientras avanza en acuerdos comerciales con compañías del sector y busca nuevas rondas de inversión.
«Nuestro objetivo es generar ingresos propios mediante el desarrollo de productos para clientes, pero el nivel de inversión que requiere este tipo de tecnología hace que el Venture Capital siga siendo fundamental para crecer», explicó.
Los primeros inversores fueron argentinos, a través de GridX, aunque posteriormente se incorporaron fondos de Estados Unidos y Europa, donde existe mayor experiencia para financiar emprendimientos de biología sintética.
Desde su creación, Syocin Bio fue concebida con una estrategia internacional. Estados Unidos, Brasil y Europa aparecen como los mercados prioritarios, tanto por su escala como por el desarrollo regulatorio que ya comenzaron a mostrar para este tipo de productos.
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Según Roulet, el plazo para lograr las primeras aprobaciones comerciales dependerá de cada mercado y de cada desarrollo, aunque estima que los primeros productos podrían llegar en un horizonte de entre uno y dos años. Mientras tanto, el equipo —integrado principalmente por doctores, doctorandos e ingenieros, con una fuerte presencia femenina— continúa perfeccionando una plataforma tecnológica que busca acelerar el diseño de proteínas para distintos problemas sanitarios.
«Lo que hoy nos diferencia es la velocidad. Antes, desarrollar una solución de este tipo llevaba muchísimo tiempo. Con la plataforma que construimos podemos diseñar estos productos mucho más rápido y adaptarlos a cada necesidad», concluyó la emprendedora rosarina.
