Los márgenes del cereal se ven presionados por insumos más caros y rindes de indiferencia elevados. Sin embargo, la necesidad de cubrir costos fijos y un escenario climático favorable sostendrían la intención de siembra.
En las puertas de un nuevo ciclo agrícola, que se iniciará con la siembra de trigo, productores y asesores analizan el impacto de la suba de costos, principalmente combustible y fertilizantes, a causa de la guerra en Medio Oriente. A priori, los números para el cereal no cierran; sin embargo, otros factores de peso podrían impulsar la implantación.
Perspectivas para la fina: entre la incertidumbre y la oportunidad
Según relató a AIRE Agro el ingeniero agrónomo José “Peco” Alonso, integrante de la Regional Videla de Aapresid, la necesidad de amortizar costos fijos y la perspectiva de año Niño, con buenas lluvias, jugarían a favor de la fina.
“Para mí, la gente va a sembrar, por más que no den los costos o que el rinde de indiferencia esté por encima de la media zonal”, estimó.
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Según los números del asesor, la productividad media del cereal en la zona (31,8 quintales/ha) este año no llega a cubrir los gastos, teniendo en cuenta un alquiler de 10 quintales de soja y costos indirectos de U$S 66/ha al año, antes de impuestos a las ganancias y sin contemplar costos financieros. En este esquema, con un rinde de indiferencia de 34,5 quintales, el productor perdería U$S 59 por hectárea.
Sin embargo, trazó otros números en función de la buena humedad que anticipan los pronósticos, con productividades esperadas para un año “con agua suficiente para que los cultivos de invierno despeguen”. En tal caso, se podría aspirar a 39,1 quintales, por encima de un rinde de indiferencia de 36,5 quintales, y un resultado positivo de U$S 56 por hectárea.

Colza y carinata: las alternativas que hoy superan al trigo
En la estimación, Alonso también hizo cálculos para otros cultivos de invierno, como colza y carinata, opciones con mayores chances de rentabilidad. A los rendimientos promedio, y con los precios y costos actuales, ofrecen U$S 41/ha la primera y U$S 50 la segunda; mientras que, con productividades más elevadas por el posible aporte de humedad de El Niño, pasan a ser de U$S 180/ha y U$S 192/ha.
“El dato clave es que los rendimientos de indiferencia están por debajo en crucíferas y por arriba en trigo respecto del promedio de los 13 años”, resumió. Y agregó: “Las crucíferas hoy, en la relación de precios que tienen, están casi triplicando el resultado de un trigo en buenas condiciones”.
Sin siembra también hay costos: el riesgo de dejar el lote vacío
Pero, más allá de la ecuación económica, Alonso remarcó que la necesidad de amortizar costos fijos —que seguirán estando por más que se deje el lote vacío— también es un estímulo para la siembra.
Al respecto, sostuvo que el rendimiento de indiferencia es lo que paga todos los costos: alquileres, maquinaria, insumos y costos indirectos. Este, dijo, es el punto clave: aunque los números del cultivo no anticipen renta, alcanza con acercarse al rendimiento de indiferencia (o incluso menos) para saldar esos gastos de estructura. Caso contrario, implicaría deuda o descapitalización. “El costo sigue, por más que se decida no sembrar”.
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Aclaró, de todos modos, que “no se puede hacer eternamente” un cultivo por debajo del rinde de indiferencia, “porque las máquinas se ponen viejas y el tipo quiebra”.
