El único semillero del país advirtió sobre el impacto de la informalidad y planteó la necesidad de actualizar el marco regulatorio para incentivar inversiones. En paralelo, anticipó el lanzamiento de una nueva variedad desarrollada con el INTA que promete mejoras productivas, menor costo operativo y mayor calidad de fibra.
Con un mercado de semillas de algodón tensionado por la informalidad, Alejandro Fried, director de Gensus, el unico semillero del país en el rubro, advirtió sobre la necesidad de actualizar el marco normativo para acompañar la innovación, respaldó una adecuación del sistema argentino a estándares internacionales como UPOV 91 con matices según cultivo, y anticipó el lanzamiento de una nueva variedad desarrollada junto al INTA que promete mejoras productivas, reducción de costos y calidad de fibra.
En el marco de Expoagro 2026, y en medio del renovado debate sobre la adhesión de Argentina al acta del año 1991 de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV), Fried dialogó con AIRE Agro y trazó un diagnóstico crítico sobre el presente del mercado de semillas de algodón, al tiempo que delineó la estrategia tecnológica de la empresa y su posición frente a la discusión por la propiedad intelectual.
El debate por la propiedad intelectual divide al agro argentino
El contexto no es menor. En marzo de este año, el gobierno de Javier Milei reactivó la agenda para avanzar hacia UPOV 91 —actualmente el país se rige por UPOV 78 y la Ley de Semillas 20.247— tras compromisos asumidos en un acuerdo comercial con EE.UU. La iniciativa reavivó la histórica tensión entre la industria semillera, que reclama mayor protección para sus desarrollos, y los productores, que advierten sobre restricciones al uso propio de semillas y un aumento de costos.
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En ese escenario, Fried adoptó una postura intermedia. “UPOV es un marco a nivel internacional. Argentina tiene muchas de las cosas de UPOV 91 ya incluidas en su sistema”, explicó, aunque reconoció que el punto más sensible es la regulación del uso propio. Para el directivo, avanzar hacia ese estándar implicaría “acercarse a la realidad de otros países”, pero subrayó que cualquier adecuación debe contemplar las particularidades de cada cultivo.
“Ese aggiornamiento hay que hacerlo en función de las características de cada cultivo: no es lo mismo soja que algodón”, sostuvo. A su entender, una eventual adopción de UPOV 91 podría ordenar el sistema y potenciar el desarrollo tecnológico, en un contexto donde la falta de reconocimiento de la propiedad intelectual desalienta inversiones y limita la llegada de nuevas biotecnologías.
El mercado de semillas de algodón vuelve a caer en la informalidad
Ese diagnóstico se apoya en la evolución reciente del mercado algodonero. Fried recordó que, tras la creación de Gensus en 2016 —cuando la empresa adquirió el negocio de semillas de Monsanto en el país—, se logró avanzar en la formalización del sector. “En 2017 se sembraba un 13-14% de semillas fiscalizadas. Llegamos a un 60% de reconocimiento de valor de la tecnología”, detalló.

Sin embargo, ese proceso se revirtió en los últimos años. “Pasó un ‘tsunami’ donde el productor empezó a buscar por fuera del mercado variedades importadas o de contrabando”, afirmó. Como resultado, el uso de semilla fiscalizada volvió a caer hasta el 14% en la última campaña, en parte por la relajación de controles.
Para el ejecutivo, este retroceso evidencia las limitaciones del esquema actual y refuerza la necesidad de un marco que incentive la innovación. “Hay que confiar en que el recambio varietal, con nuevas tecnologías, puede revertir esta situación”, señaló.
La tecnología “imi” que Gensus y el INTA lanzarán en 2026/27
En ese sentido, anunció una nueva variedad de algodón, desarrollada en conjunto con el INTA, que estará disponible en el mercado argentino desde la campaña 2026/27. Se trata de un material con resistencia a imidazolinonas —único en el mundo, según destacó— que actualmente se encuentra en etapa precomercial.
“Va a traer muchas ventajas para el productor desde el punto de vista productivo, de reducción de costos y calidad de fibra”, explicó Fried. La mejora en la calidad responde, además, a una demanda creciente tanto del mercado interno como de la exportación, en un contexto de cambios en la industria textil.

La nueva variedad se inscribe en una estrategia más amplia de incorporación de biotecnología. Gensus ya aprobó un evento con resistencia a lepidópteros y tolerancia a herbicidas como glifosato y glufosinato de amonio, al que ahora se suma la resistencia a imidazolinonas. “Vamos a tener un producto súper competitivo, con variedades adaptadas al campo argentino y con la tecnología que hoy el productor está buscando”, afirmó.
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Fried también advirtió sobre desafíos agronómicos que condicionan al cultivo, como la deriva de herbicidas —especialmente 2,4-D— que ha provocado la reducción del área algodonera en regiones como Santiago del Estero y Chaco. Frente a esto, la empresa trabaja junto al INTA en desarrollos específicos para mejorar la tolerancia.
