Las precipitaciones de enero mostraron fuertes contrastes dentro de la provincia, con impactos muy diferentes según la región. El comportamiento de las lluvias, sumado a la disponibilidad de agua en el suelo, condicionó el estado de los principales cultivos y el balance agrícola a escala provincial y nacional.
Las lluvias de enero de 2026 en Santa Fe mostraron una marcada disparidad territorial: mientras el centro-norte y el noreste provincial acumularon registros por encima de los valores normales, el sur y sudoeste atravesaron un mes con precipitaciones muy por debajo de lo esperado.
Ese patrón, con un claro gradiente norte–sur, tuvo impactos diferenciados sobre las condiciones hídricas y productivas, en un contexto que a nivel nacional volvió a confirmar el carácter crítico de enero para la agricultura en secano.
Según el informe mensual meteorológico del Centro Regional Santa Fe del INTA, elaborado a partir de datos de las estaciones experimentales de Oliveros, Rafaela y Reconquista, y de la Red Provincial de Pluviómetros, enero se caracterizó por una distribución heterogénea de las lluvias.
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Los mayores acumulados se concentraron en el centro-norte y noreste, con registros superiores a los 145 milímetros y sectores puntuales que superaron los 195 mm. En contraste, el sur y sudoeste provincial registraron valores significativamente inferiores a lo normal, en general por debajo de los 100 mm.
Fuerte contraste entre el norte y el sur de la provincia
En el sur santafesino, el área de influencia de INTA Oliveros reflejó con claridad ese déficit. Allí, las precipitaciones alcanzaron apenas 13,2 mm en todo el mes, lo que representa solo el 12 % del promedio histórico de 104,6 mm.
En la región centro, los registros de INTA Rafaela mostraron un escenario algo menos extremo, aunque también deficitario. Durante enero precipitaron 91,2 mm, un 27 % menos que el promedio histórico de 124,6 mm. A diferencia del sur, las lluvias estuvieron relativamente bien distribuidas a lo largo del mes. Un dato relevante fue la continuidad en el ascenso de la napa freática: tras ubicarse por debajo de los 7 metros en noviembre, alcanzó alrededor de 6,5 metros en diciembre y se situó en enero a poco menos de 6 metros de profundidad.
El panorama fue distinto en el norte provincial. En la zona de INTA Reconquista, los registros de enero de 2026 se ubicaron muy cerca de los promedios históricos en la mayoría de las variables, con precipitaciones incluso superiores a la media. El acumulado mensual fue de 179,9 mm, frente a un promedio de 162,7 mm para el período 1996–2025. No obstante, el informe advierte que la segunda quincena del mes se caracterizó por altas temperaturas y escasas lluvias. Al igual que en Rafaela, el nivel freático continuó en ascenso y se encuentra a menos de 6 metros, con vientos predominantes del noreste y sudeste.
Enero, un mes clave para la agricultura en secano
A nivel nacional, el Instituto de Clima y Agua del INTA señaló que enero es un mes decisivo para la agricultura en secano de las regiones Pampeana y Chaqueña. En condiciones promedio, la demanda hídrica de una cobertura vegetal completa ronda los 180 mm, mientras que el aporte de lluvias suele ubicarse entre 100 y 150 mm, con valores que caen a unos 50 mm en el extremo sudoeste del país.
Enero de 2026 no escapó a ese marco general, aunque volvió a evidenciar fuertes contrastes espaciales. Las lluvias fueron muy espaciadas en algunas zonas y el total mensual resultó muy bajo en una franja que atravesó el sur de Entre Ríos y Santa Fe, el centro de Córdoba y el este de San Luis. En cambio, la región Chaqueña y el norte del Litoral mostraron mejores condiciones hídricas, con almacenajes de agua en el suelo que al 1 de febrero superaban el 50 % de su capacidad.
De acuerdo con el investigador del INTA Jorge Mercau, el análisis del confort hídrico —la relación entre la transpiración potencial de la vegetación y la demanda de la cobertura verde— permite dimensionar el impacto de estas condiciones. En el norte del país, el confort se mantuvo alto durante todo el mes, favorecido por las lluvias de enero y el almacenamiento previo. En el oeste y el sur pampeano, en cambio, predominaron niveles bajos, con zonas que terminaron enero en sequía, a pesar de haber mostrado mejores condiciones a mediados de mes.
Impacto en los cultivos: maíz y soja, los más condicionados
El diagnóstico agrícola resultante es igualmente heterogéneo. En la región Chaqueña, los cultivos de verano se encuentran mayormente en implantación y todavía tienen por delante sus etapas más críticas, previstas hacia marzo, con un inicio de febrero marcado por buena recarga hídrica.
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En la franja central, los maíces tempranos fueron los más afectados, con pérdidas en sectores del oeste y rendimientos aún inciertos más hacia el este. Los maíces tardíos y las sojas de primera ingresan en sus períodos críticos con cierto estrés, parcialmente aliviado por lluvias recientes en algunas áreas, mientras que los cultivos de segunda presentan mayores riesgos en la implantación.
Hacia el sur de Buenos Aires y la Depresión del Salado, el panorama continúa siendo complejo, con daños ya visibles en etapas críticas de los cultivos de verano y una alta dependencia de nuevas precipitaciones. En conjunto, enero dejó un escenario de fuertes contrastes regionales que condiciona las perspectivas productivas y vuelve a poner en primer plano la importancia del agua disponible en el suelo para amortiguar los déficits hídricos en los momentos clave del ciclo agrícola.



