El presidente de la Sociedad Rural Argentina definió el acuerdo como una oportunidad histórica para el agro, al destacar la previsibilidad y las reglas claras que puede aportar al sector. Señaló además el desafío de competir en un mercado más exigente y el impulso que ese escenario puede generar para mejorar la eficiencia productiva.
Con la firma del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur cada vez más cerca, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Nicolás Pino, evaluó el entendimiento como una oportunidad histórica para el agro, destacó la previsibilidad que puede aportar para fortalecer al sector y advirtió sobre el desafío de competir en un mercado más exigente, al tiempo que subrayó que el objetivo no pasa sólo por aumentar volúmenes exportados, sino por “vender mejor”.
En un análisis difundido en la previa de la posible concreción del acuerdo, Pino consideró que los avances recientes en las negociaciones representan uno de los hitos más relevantes para la economía argentina en las últimas décadas. Tras casi 25 años de conversaciones, el dirigente planteó que el entendimiento abre la puerta a una mayor inserción internacional del país en un escenario global cada vez más competitivo.
Previsibilidad y reglas claras para planificar inversiones en el agro
Desde su perspectiva, el acceso al mercado europeo —que concentra alrededor del 15% del PBI mundial y es uno de los principales demandantes de alimentos— ofrece una ventana estratégica para la agroindustria argentina. En ese sentido, definió al acuerdo como “una oportunidad histórica que no podemos desaprovechar”, al habilitar un destino clave para una amplia gama de productos, desde carnes y granos hasta vinos, frutas y producciones regionales con mayor valor agregado.
El titular de la SRA también puso el acento en el impacto que podría tener el acuerdo en términos de reglas de juego. Señaló que la previsibilidad y la claridad normativa son condiciones centrales para planificar inversiones de largo plazo y mejorar la productividad, y sostuvo que el ingreso con arancel cero a un mercado consolidado puede modificar las perspectivas de crecimiento de muchos productores. Para Pino, esa previsibilidad es un factor clave para fortalecer al agro argentino y reducir limitaciones estructurales que hoy condicionan su expansión.

No obstante, reconoció que un entendimiento de esta magnitud implica desafíos. La apertura comercial, advirtió, obligará a competir en mejores condiciones, lo que demandará ajustes, mayor eficiencia y una mejora continua en la calidad de las cadenas productivas. En esa línea, sostuvo que la competencia también puede funcionar como un estímulo positivo, al impulsar la innovación y la competitividad interna en un contexto internacional más integrado y exigente.
No sólo vender más: el desafío de agregar valor y vender mejor
Frente a las objeciones planteadas por algunos sectores europeos, en particular por productores que temen una mayor presión competitiva, Pino remarcó que el acuerdo no debe interpretarse como un esquema de beneficios unilaterales, sino como un marco de oportunidades recíprocas, con cláusulas que ordenan y regulan el intercambio comercial.
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Finalmente, el dirigente rural planteó que el desafío para la Argentina no se agota en la apertura de mercados. A su entender, el acuerdo marca el inicio de una etapa más ambiciosa de inserción internacional, en la que el foco debe estar puesto en la calidad y el valor de lo que se exporta. En ese sentido, sintetizó que “no se trata solamente de vender más, sino de vender mejor”, con reglas claras y contrapartidas firmes que permitan desplegar todo el potencial del sector agroindustrial como motor de un desarrollo económico sostenible.
