La campaña comienza con perfiles recargados en buena parte de las regiones productivas, pero los balances de nutrientes siguen siendo negativos. Desde FERTILIZAR AC advierten que el análisis de suelo y una nutrición ajustada serán determinantes para que el maíz pueda capitalizar la disponibilidad hídrica.
El maíz inicia una nueva campaña con una condición que ofrece una oportunidad productiva: buena disponibilidad de agua en los perfiles de suelo. Sin embargo, desde FERTILIZAR AC remarcaron que ese recurso debe estar acompañado por una adecuada oferta de nutrientes para que el cultivo pueda expresar el potencial de la genética disponible.
“Tenemos agua disponible y genética con un enorme potencial. El desafío es que la nutrición no se transforme en el factor que limite ese rendimiento”, señaló María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de la asociación civil.
El planteo cobra relevancia frente al progresivo empobrecimiento nutricional de los suelos agrícolas argentinos. En la última campaña se repuso menos del 40% de los principales nutrientes extraídos con los granos, con balances negativos para nitrógeno, fósforo, azufre y zinc.
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Un maíz de 120 quintales demanda 260 kilos de nitrógeno
El potencial productivo del cultivo también elevó sus requerimientos. Para alcanzar un rendimiento de 12.000 kilos por hectárea, un maíz necesita absorber aproximadamente 260 kilos de nitrógeno y 48 kilos de fósforo por hectárea.

Esos valores corresponden al nutriente requerido por el cultivo y no equivalen directamente a la cantidad de fertilizante comercial que debe aplicarse. La dosis final debe considerar cuánto nitrógeno y fósforo puede aportar el suelo, además de otras fuentes disponibles.
En el caso del nitrógeno, la recomendación debe contemplar los nitratos presentes antes de la siembra y el aporte generado por la mineralización de la materia orgánica. El Nan, o nitrógeno incubado en anaerobiosis, permite estimar parte de esa capacidad de suministro del suelo.
“Las brechas de aplicación de nutrientes explican, en gran medida, las brechas de rendimiento”, sostuvo González Sanjuan. Según FERTILIZAR AC, en promedio el país cosecha alrededor de un 30% menos de maíz del potencial que podría alcanzar.
El análisis de suelo, antes de definir la dosis
Conocer la oferta nutricional del lote es el primer paso para definir una estrategia de fertilización. La recomendación de FERTILIZAR AC es analizar fósforo extractable, zinc y azufre de sulfatos en los primeros 20 centímetros, y determinar los nitratos disponibles hasta los 60 centímetros.
La adopción de esta herramienta todavía es limitada. Una encuesta reciente de la entidad mostró que solo el 26% de la superficie se muestrea todos los años, mientras que el 9% nunca se analiza y el 17% lo hace con muy baja frecuencia.
El análisis también permite evitar aplicaciones innecesarias. “Fertilizar sin diagnóstico implica trabajar sobre supuestos, cuando hoy contamos con herramientas para ajustar la nutrición a la realidad de cada lote”, explicó Esteban Ciarlo, coordinador técnico de FERTILIZAR AC.
Agua y nutrientes, una combinación que define el rendimiento
La disponibilidad hídrica es una de las principales condiciones para alcanzar altos rendimientos, pero no garantiza por sí misma una buena respuesta productiva. Un cultivo correctamente nutrido puede utilizar con mayor eficiencia el agua disponible.
Ensayos de largo plazo de la Red de Estrategias de FERTILIZAR AC registraron mejoras de entre 22% y 44% en la eficiencia de uso del agua en maíz bien nutrido. El indicador pasó de menos de 12 kilos de grano por milímetro de agua a casi 17 kilos. Con 500 milímetros de agua, esa diferencia representa aproximadamente 2.500 kilos de maíz por hectárea.
“Agua y nutrientes deben pensarse en forma integrada”, planteó Ciarlo. Por eso, el escenario de perfiles recargados al inicio de la campaña representa también una oportunidad para ajustar el diagnóstico y evitar que una deficiencia nutricional limite el rendimiento.
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Durante el ciclo, sensores de vegetación, clorofilómetros e índices como NDVI pueden complementar el diagnóstico inicial y ayudar a monitorear el estado nutricional del cultivo.
El objetivo, según FERTILIZAR AC, es cerrar las brechas de rendimiento sin profundizar el deterioro de los suelos. La estrategia combina análisis, fertilización balanceada y seguimiento del cultivo para transformar la disponibilidad de agua y el potencial genético en producción.
