El INTA desarrolló una guía para implementar este servicio en el campo. Reportan aumentos de hasta 30% en rindes de soja y mejoras en la calidad del aceite.
La polinización suele asociarse a los frutales y a la horticultura, pero también desempeña un papel clave en producciones extensivas. Aunque todavía no integra el paquete tecnológico habitual de estos cultivos en Argentina, existe un amplio margen para potenciar este servicio en planteos de soja y otras oleaginosas, como girasol, cártamo, carinata, camelina y colza.
Según Pablo Cavigliasso, investigador del Grupo de Gestión Ambiental de la EEA INTA Marcos Juárez, «la polinización biológica y de precisión (con colmenas), tienen un gran impacto en la producción agrícola. Cerca del 70% de los cultivos de importancia económica del mundo dependen, en alguna medida, de la polinización para alcanzar su rendimiento y la calidad de sus productos», explicó.
Los ensayos muestran incrementos promedio cercanos al 30% en el rendimiento de la soja. En carinata, colza, cártamo y girasol los aumentos también superan ese valor, mientras que en camelina alcanzan alrededor del 50%. Además, en varios de estos cultivos se registraron mejoras del 5 al 6% en el contenido de ácido oleico.
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«Calculamos que la polinización representa un impacto potencial de 4,4 billones de dólares sobre las exportaciones argentinas. Solo en soja, el aporte de este servicio a las exportaciones anuales equivale aproximadamente al 0,22 % del Producto Bruto Interno (PBI)», afirmó durante una jornada realizada en el INTA Marcos Juárez, donde se presentaron avances de distintas líneas de trabajo sobre el tema.

Tecnología de procesos
El equipo del INTA Marcos Juárez trabaja para incorporar la apicultura como una tecnología de procesos dentro de los sistemas agrícolas. Los ensayos, realizados en lotes con entre 20 y 150 colmenas, permitieron desarrollar protocolos para planificar el ingreso de los apiarios, monitorear el flujo de polen, organizar la logística del servicio y evaluar su impacto productivo.
«Buscamos generar sinergias entre la apicultura y la producción de soja. Monitoreamos cómo ingresa el polen del cultivo a las colmenas y desarrollamos sistemas de trazabilidad para evaluar el funcionamiento del servicio y su impacto productivo», explicó Cavigliasso.
Mientras que en la producción de miel el objetivo es maximizar la cosecha, en los servicios de polinización se busca mantener una alta disponibilidad de abejas forrajeras durante todo el período de floración del cultivo.
«No es lo mismo preparar una colmena para producir miel que para brindar un servicio de polinización. En este caso buscamos que haya mucha postura, un recambio permanente de forrajeras y que la colmena no tenga limitaciones de espacio para seguir creciendo», indicó.

Logística del servicio
La ubicación de los apiarios constituye un aspecto clave. Según explicó, más del 70% de la actividad de forrajeo se concentra dentro de un radio de entre 300 y 500 metros alrededor de las colmenas. Por eso, la distribución debe planificarse para cubrir homogéneamente el lote y contemplar la presencia de cultivos vecinos que puedan modificar el desplazamiento de las abejas.
El monitoreo semanal de las colonias también resulta indispensable. «La actividad de la colmena cambia continuamente. Cuanto mayor es la población, mayor es el porcentaje de abejas dedicado a recolectar alimento. Por eso hay que seguir su evolución durante todo el servicio», sostuvo.
El manejo de las aplicaciones fitosanitarias constituye otro de los desafíos para compatibilizar la agricultura con la apicultura. Para ello, compararon aplicaciones terrestres, aéreas y con drones, realizadas tanto de día como de noche, y analizaron residuos de fitosanitarios en miel.
Los resultados mostraron que las aplicaciones terrestres nocturnas tuvieron una incidencia menor sobre las abejas que las aplicaciones aéreas diurnas, lo que aporta información para definir estrategias de manejo que favorezcan la convivencia entre agricultores y apicultores.
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Además, el sistema requiere definir acuerdos entre ambas partes. Para ello, el equipo desarrolló modelos de contratación que establecen las condiciones para el ingreso de las colmenas, las responsabilidades de cada actor y la logística del servicio durante la campaña.
Según Cavigliasso, los incrementos de rendimiento observados en los ensayos permiten incorporar la polinización como un costo más del sistema productivo sin comprometer su rentabilidad. «El modelo económico muestra que el servicio puede financiarse con el propio aumento de la producción», concluyó.
