Instituciones públicas y privadas realizarán una jornada técnica en Avellaneda para debatir el futuro del riego complementario en la región. Especialistas aseguran que incorporar entre 200 y 300 milímetros de agua en momentos críticos permitiría duplicar o triplicar los rindes agrícolas y dar mayor estabilidad financiera a las empresas.
El riego artificial como pieza clave para impulsar el desarrollo en el norte santafesino será el eje de una jornada que se realizará este jueves 14 de mayo en el Centro de Desarrollo Rural de Avellaneda. No sólo se trata de incrementar los rendimientos agrícolas y ganaderos, sino también de agregar valor en origen a un mayor volumen de granos y aportar estabilidad financiera a las empresas agropecuarias.
“El riego complementario es una alternativa para mejorar la producción en el norte de Santa Fe”, planteó en el programa 6AM de AIRE el ingeniero agrónomo del INTA Reconquista y titular de la Asociación Civil Impulsar Avellaneda, José Luis Spontón, coordinador de la jornada “Tecno Riego Litoral”, organizada por distintas entidades públicas y privadas.
Los baches climáticos que condicionan la producción
En la región, explicó el especialista, el régimen de lluvias ronda entre 1.200 y 1.300 milímetros anuales, un volumen suficiente para producir “si no existieran los baches que se dan en distintas épocas”, alternando períodos muy secos con otros excesivamente húmedos. En ese contexto, el riego se vuelve estratégico.
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Como ejemplo, indicó que en INTA Reconquista registraron cerca de 400 milímetros en abril, pero apenas 26 milímetros en febrero, un mes clave para el rendimiento de los cultivos de verano. Una situación similar ocurre entre julio y septiembre, cuando se define la productividad de los cultivos de invierno y la oferta forrajera para la ganadería.
Cómo el riego puede duplicar o triplicar los rindes
Spontón sostuvo que sumar entre 200 y 300 milímetros de agua en esos momentos críticos podría duplicar o incluso triplicar la producción en sistemas de secano.
Según detalló, un maíz de punta que actualmente rinde entre 4.500 y 5.000 kilos por hectárea podría alcanzar los 12.000 kilos. La soja podría estabilizarse en torno a los 3.300 kilos, frente a los actuales 1.900/2.100 kilos, mientras que el trigo, cuyo promedio ronda los 1.700 kilos por hectárea, podría llegar a 4.000 o 5.000 kilos. “Lo tenemos medido, no tenemos dudas de la respuesta que hay”, afirmó.
Estabilidad financiera y agregado de valor local
El especialista remarcó que el clima de la zona es muy variable y que “puede haber años en los que no se use el riego o se utilice muy poco, pero cuando falta agua es cuando aparecen los quebrantos en muchas empresas del norte”. Por eso, consideró que esta tecnología también puede aportar previsibilidad económica.
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En ese sentido, sostuvo que el objetivo final es “transformar el norte”. Explicó que actualmente existen integraciones porcinas y avícolas que deben abastecerse en más de un 80% de soja y maíz provenientes de otras regiones para elaborar alimento balanceado. Por lo tanto, incrementar la producción local permitiría potenciar el agregado de valor en origen.

“Este es el desafío: más que pensar en la cantidad de hectáreas bajo riego, pensar cómo transformamos y desarrollamos más el norte de la provincia”, señaló.
Qué sistemas de riego pueden implementarse
El tipo de riego a utilizar depende tanto de la capacidad de inversión como de las características del terreno. Existen sistemas gravitacionales —como los utilizados en arroceras—, pivotes de avance frontal, lateral o rotativos, riego por aspersión y también por goteo.
“Se puede empezar por el sistema gravitacional e ir generando escala para llegar luego a aplicar otros sistemas más eficientes”, indicó Spontón. “Apuntamos a decir: usemos agua; después veremos cómo”.
Potencial productivo y limitantes para expandir el riego
En la región comprendida desde Margarita o Calchaquí hacia el norte, el técnico estimó que existen unas 200.000 hectáreas agrícolas, de las cuales 50.000 tendrían potencial para incorporar riego mediante agua de napa.

Además, sostuvo que todas podrían regarse a través de sistemas de retención de agua de lluvia, mediante la construcción de embalses o represas. También recordó que existe un proyecto en marcha para irrigar con agua del río Paraná unas 20.000 hectáreas del distrito Avellaneda.
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Con disponibilidad de agua y tecnología, el principal obstáculo sigue siendo el financiamiento. Según explicó, una inversión media en sistemas de aspersión —intermedia entre el sistema gravitacional y el goteo o pivote— “puede ubicarse entre 2.500 y 2.800 dólares por hectárea para unas 90 hectáreas”.
“La inversión se recupera en cinco o seis años”, concluyó, y consideró que acceder a líneas de financiamiento con esos plazos sería un incentivo clave para expandir el riego en el norte santafesino.
