El carbón de la panoja reapareció con fuerza en el sudeste cordobés y en algunos lotes ya genera pérdidas de hasta el 50% del rinde.
En las últimas campañas, el carbón de la panoja del maíz (Sporisorium reilianum) volvió a manifestarse con intensidad en el sudeste de Córdoba y encendió señales de alerta entre técnicos y productores. Según un informe de la Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM), si bien se trata de una enfermedad conocida, hacía décadas que no se registraban niveles de daño tan elevados en la región.
El impacto es directo y severo: cada planta infectada pierde completamente su capacidad de producir granos. De acuerdo con la REM, en algunos lotes la incidencia alcanzó niveles tales que las pérdidas de rendimiento se acercaron al 50%.
Un cambio en el patrón que preocupa
Más allá de los valores de daño, lo que genera mayor inquietud es el cambio en la forma en que aparece la enfermedad. “Ya no se trata de casos aislados, sino de muchos lotes con presencia de carbón, aunque sea en baja proporción”, explicó José Luis Zorzín, director adjunto de la REM.
Este nuevo escenario responde, en parte, a transformaciones en los sistemas productivos. La mayor frecuencia del maíz en las rotaciones y la reducción de los intervalos entre cultivos favorecen la persistencia del patógeno en el suelo.
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El hongo puede sobrevivir durante años, lo que dificulta su erradicación. Además, la infección ocurre en etapas muy tempranas del cultivo —durante la emergencia—, pero los síntomas se observan mucho más adelante, cuando el daño ya es irreversible.
Cómo reconocer el carbón de la panoja
A campo, la enfermedad presenta signos visibles y característicos. Las panojas o espigas pueden aparecer deformadas o directamente reemplazadas por una masa negra y polvorienta. También es común observar plantas de menor tamaño, con desarrollo anormal y sin formación de granos.
Durante la cosecha, estas estructuras liberan un polvillo oscuro que facilita la dispersión del hongo dentro del lote e incluso hacia otros campos, incrementando el riesgo de propagación.
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Prevención: la única herramienta efectiva
Dado que no existen controles eficaces una vez que el cultivo está implantado, el manejo del carbón de la panoja se basa en la prevención. Desde la REM recomiendan implementar rotaciones adecuadas, elegir híbridos con mejor comportamiento y sostener una correcta nutrición y sanidad del cultivo.
También sugieren evitar siembras muy tempranas, especialmente en suelos fríos que retrasan la emergencia, ya que estas condiciones favorecen la infección inicial.
El monitoreo cobra un rol central. Identificar los lotes afectados, registrar su presencia y ajustar las decisiones agronómicas para las próximas campañas permite reducir el riesgo. En ese sentido, también es clave evitar la dispersión del patógeno mediante la limpieza de la maquinaria.
Aunque se mantiene como una enfermedad de baja frecuencia a nivel general, su impacto puede ser muy alto cuando se combinan las condiciones predisponentes. Por eso, técnicos y productores coinciden en la necesidad de volver a ponerla en agenda para anticiparse y minimizar pérdidas.

