¿Cómo viene impactando la sequía en la campaña de gruesa? Con el ciclo avanzado, técnicos de la región relevan situaciones contrastantes y estiman pérdidas elevadas en algunos planteos, según ambiente, cultivo y momento de implantación.
Pese a las lluvias registradas en los últimos días, la campaña gruesa en el sur de Córdoba y Santa Fe continúa mostrando un escenario heterogéneo. En algunos lotes de soja y maíz, las pérdidas de rendimiento podrían alcanzar hasta el 20%, según relevamientos realizados a campo.
En ese contexto, el 11 de febrero se realizó una gira agronómica en Wenceslao Escalante y Colonia Bismarck, provincia de Córdoba, organizada por la región CREA Sur de Santa Fe. Durante la recorrida, el asesor del CREA Monte Maíz, Juan Osuna, analizó la evolución de la campaña en el sudeste cordobés y el suroeste santafesino.
Lo que antes era excepcional se volvió una condición
La campaña gruesa comenzó en condiciones favorables, luego de una cosecha de trigo con rendimientos récord y perfiles recargados de humedad. Ese escenario se sostuvo hasta fines de diciembre. “En Navidad tuvimos la última lluvia importante y generalizada. Después empezaron el calor y la falta de agua, y la situación se fue complicando”, recordó Osuna.
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Las complicaciones no son una excepción, sino una condición que se viene repitiendo en los últimos años. Según el técnico, “en general, durante las últimas campañas venimos viendo un enero complicado en términos climáticos”.

Lo cierto es que, desde comienzos de 2026, las diferencias entre ambientes se hicieron más visibles. Mientras los lotes de mayor aptitud lograron amortiguar el estrés, en los de menor calidad aparecieron síntomas tempranos, como pérdida de hojas en soja y un adelantamiento marcado de los maíces.
Maíz y soja, cómo se comportó cada uno
¿Cómo impactó este escenario en los cultivos? “En general, los maíces de primera sembrados en lotes de buena calidad llegaron en buenas condiciones, porque se pudieron sembrar temprano gracias a las lluvias de septiembre”, dijo Osuna. Las reservas en los perfiles más las precipitaciones primaverales le dieron la posibilidad al cultivo de alcanzar rendimientos aceptables. No obstante, destacó que puede haber una pérdida de peso de granos. “Estimamos que si un lote tenía un potencial de 120 quintales por hectárea, esos cultivos terminarían dando 110 o 115 qq”, detalló.
La principal alarma se concentra en la soja de primera. “Sobre todo las variedades centrales, del grupo de madurez IV medio, transitaron el período crítico en enero y no tuvieron condiciones de humedad para proyectar altas productividades. Hace diez días empezó a llover en algunas zonas, pero no todos los lotes lograron recomponerse”, dijo el asesor técnico.
En soja de segunda, la situación depende del planteo productivo. “Algunos productores salieron a sembrar inmediatamente, mientras cosechaban el trigo. Esos cultivos sembrados más temprano son los más complicados, porque transitaron la sequía en estadíos entre R1 y R4, cuando la planta define gran parte de su rendimiento. Por eso pueden haberse visto más afectados que los que se sembraron luego”, explicó.
En cambio, las sojas implantadas más tarde hoy atraviesan estadios avanzados de madurez, por lo que ya dejaron atrás el período más crítico y podrían cerrar la campaña sin mayores pérdidas si acompañan las lluvias.

Rendimientos esperados tras el estrés de enero
¿Ya se puede proyectar cuál sería la pérdida de rendimiento? Según Osuna, “en maíz podemos estimar pérdidas de entre 5 y 6% en los mejores ambientes, y de entre 10 y 20% en los peores”.
“En soja de primera podríamos tener una pérdida general de entre 10 y 20%, según el lote: 10% en los de alta producción y 20%, o quizás algo más, en los que presentan restricciones”, apuntó.
En soja de segunda todavía falta mucho por definirse. “El partido aún se está jugando, no pondría escenario de pérdidas ya que todavía estamos lejos de la definición”, afirmó. Habrá que ver cómo evolucionen las lluvias en las próximas semanas.
Girasol, la vuelta de un grande a las rotaciones
La campaña actual de granos gruesos tuvo un condimento especial en la región, con la vuelta del girasol al sistema de rotación. Esta revancha del cultivo respondió, en parte, a su capacidad de adaptarse a condiciones de estrés, algo que se puso de manifiesto frente a la situación de sequía.
Para Osuna, “la introducción del girasol en nuestra zona se explica, en parte, por la erraticidad del clima durante las últimas campañas de gruesa”. “Se trata de un cultivo que soporta mejor la falta de agua y las altas temperaturas, se desarrolla rápido y puede ubicarse en ambientes con restricciones”, agregó.
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“Cuando los otros cultivos están estresados, el girasol sigue su curso, y es lo que estamos viendo en nuestra gira a campo. Hoy se está cosechando con buenos resultados. Pareciera que vamos hacia una producción normal”, concluyó.
