Con una superficie nacional en retroceso y precios deprimidos por la superproducción global, el sector arrocero atraviesa una campaña ajustada. En Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, los cultivos muestran potencial productivo dispar, mientras el negocio enfrenta una ecuación económica cada vez más exigente.
La campaña arrocera 2025/26 transita su tramo final con un escenario productivo razonable, aunque condicionado por factores climáticos y, sobre todo, por una coyuntura comercial adversa.
A nivel nacional, la superficie implantada se ubica en torno a las 174 mil hectáreas, cifra por debajo de campañas anteriores, reflejando el impacto de márgenes ajustados y elevados costos de producción.
La producción total podría ubicarse en un rango de más de 1 millón de toneladas de arroz cáscara, dependiendo del desempeño final de los rindes.
El arroz sigue concentrado en las provincias del Litoral, con Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe concentrando más del 90 por ciento de la superficie sembrada del cultivo, reflejando la importancia de estas zonas para el abastecimiento interno y los envíos al exterior.
En este contexto, Entre Ríos, cuenta con una superficie cercana a las 60 mil hectáreas, aunque también con una leve retracción interanual. Las expectativas de rinde se ubican en valores buenos a muy buenos, aunque por debajo de los techos históricos, según detallan desde la Bolsa de Cereales.
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En Santa Fe, la campaña alcanzó unas 33 mil hectáreas, con fuerte concentración en el departamento Garay, donde la firma Adecoagro siembra alrededor de 13 mil hectáreas. Desde esta zona, Pablo Bode, con establecimientos productivos en San Javier y Colonia Tres, dijo a Aire Agro que a nivel productivo están en un nivel intermedio. En referencia a la marcha de este ciclo detalló que “esta cosecha parecía que sería de menor cuantía por el margen bruto de producción a los costos actuales. El productor piensa que tal vez las perspectivas de precios pueden cambiar, pero por el momento eso no viene sucediendo de manera significativa”, explicó.

Bode agregó que el sector atraviesa un empalme de campaña sin señales claras de recomposición de valores. “Al momento, no hay ningún comportamiento de precios que cambie la ecuación”, afirmó.
En términos productivos, los rindes promedio se ubican entre 5.500 y 5.600 kilos por hectárea, cifras que este año resultan difíciles de alcanzar. “Hubo días nublados y lluviosos o de mucho calor. Las expectativas son que no se van a lograr rindes normales. Tuvimos pocas lluvias a la siembra y al nacimiento. Las condiciones son buenas, pero no excepcionales para los rindes esperados”, detalló.
Desde el punto de vista económico, la situación es compleja. “Nos estamos consumiendo la amortización del capital. Los precios son bajos. En un contexto internacional de superproducción mundial, con India interviniendo en el mercado, eso nos pone en una mala situación. No vemos perspectivas de recuperación de precios. La crisis la está sufriendo el sector arrocero por superproducción”, advirtió.
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Si bien el consumo se mantiene estable y hay movimiento en la industria, los valores no acompañan. “Hay ventas, hay elaboración, hay salida, el consumo es estable, pero con bajos valores”, resumió.
Una “tormenta perfecta” para el negocio
En Entre Ríos y el sur de Corrientes, el diagnóstico es similar. Martín Sordelli, asesor de productores en la región, definió el escenario actual como “una campaña complicada desde el punto de vista del negocio”.
“Venimos con costos altos, difíciles de manejar, en un contexto internacional con mucho volumen de arroz en el mercado. Y ahora, en el último mes, vemos además un mercado interno planchado. En otras épocas, alguno de los dos componentes del negocio traccionaba para arriba; hoy eso no sucede. Precios y demanda están con tendencia a la baja. Eso convierte al panorama en una tormenta perfecta para el sector”, sostuvo.

El impacto ya se refleja en la superficie sembrada, que cayó en términos porcentuales tanto a nivel país como regional respecto de campañas previas. “Esto atenta contra los productores pequeños que no están integrados. Es un ciclo para mirar más y mejor los números, las eficiencias. Los costos se pueden manejar poco. Los productores son altamente eficientes y revisan permanentemente mejoras posibles, pero los impuestos son altos y, si bien hubo una baja de retenciones, la clave siempre está en mejorar los rendimientos, que es lo único que impacta de lleno en la ecuación final”, señaló.
Clima y potencial productivo
Desde el punto de vista agronómico, la campaña estuvo atravesada por un escenario climático que no respondió plenamente a los pronósticos iniciales de “Niña”. “Tuvimos días grises, de poca radiación al inicio de la campaña. Eso ocasionó plantas a las que les faltó crecimiento y condiciones adecuadas en la etapa vegetativa. Ahora, en la etapa reproductiva, hubo ciertas mejoras y veremos finalmente cómo cierra el ciclo”, explicó Sordelli.
En Corrientes, ya se observan rendimientos por debajo de los promedios históricos. En Entre Ríos, en cambio, los lotes muestran mejor comportamiento. “Los arroces están bien, con buen potencial, aunque algo amarillentos y con menor crecimiento vegetativo por la baja radiación solar. Los rendimientos serán buenos a muy buenos, pero la merma general vendrá por la reducción de superficie sembrada”, indicó.
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La cosecha general comenzará en Febrero y será clave para terminar de definir el volumen final de la campaña.
Expectativas comerciales
En el frente externo, el eventual avance del acuerdo Unión Europea–Mercosur genera expectativas moderadas en el sector. “Nos genera esperanza, tanto para el arroz como para las demás producciones, a ver si se abren nuevas opciones de negocio y se puede sacar arroz del mercado interno hacia el externo. Pero hoy es más una expresión de deseo que una realidad concreta”, concluyó Sordelli.

Con un mercado internacional sobreabastecido, precios deprimidos y márgenes ajustados, el arroz argentino enfrenta una campaña donde la variable productiva acompaña, pero la ecuación económica continúa bajo presión. El desafío inmediato será sostener eficiencia y escala en un contexto que exige cada vez mayor precisión en la gestión.
