Profesionales del INTA revelan que la caída productiva en estos tiempos puede llegar al 40%, sin embargo, la mejora en las dietas, la disponibilidad de agua y sombra, pueden aliviar el impacto.
Es lógico que sea verano y que haga calor, pero para los animales en el campo la situación se hace compleja, porque la productividad se puede desplomar 40% en leche y los riesgos se acrecientan si no se toman ciertas precauciones.
Es ya cuando el termómetro supera los 25 grados que el sistema productivo entra en una zona de complicaciones, donde la nutrición deja de ser una rutina para transformarse en una estrategia de supervivencia.
“Debido al calor, la disminución de la producción puede llegar al 40%”, dice con claridad Eloy Salado, ingeniero zootecnista especializado en nutrición y producción animal, que pone el foco en las cuestiones metabólicas. La vaca genera calor interno al fermentar los alimentos y, ante temperaturas extremas, pierde la capacidad de disipar ese excedente para mantenerse por debajo de los 38,5 °C corporales, es por eso que las vacas más productivas son las que peor la pasan.
Índice de temperatura y humedad (ITH): la clave para anticipar el estrés calórico en vacas lecheras
“Son más susceptibles por su mayor consumo de alimento y su elevada intensidad metabólica”, comenzando el malestar cuando el Índice de Temperatura y Humedad (ITH) toca los 68 puntos, pero ya a los 56 puntos cae el consumo de energía. Para intentar enfriarse, la vaca recurre al jadeo, un mecanismo que incrementa sus requerimientos de mantenimiento hasta en un 25%, siendo energía que no se destina a la producción de leche.
Fueron los últimos días de 2025 y el comienzo de 2026 penduló entre estrés severo y condiciones de emergencia, situaciones que se desencadenaron pasada la mitad de diciembre, con una primavera que fue agradable y acompañó una buena producción de materia prima.
Es el propio INTA el que brinda pronósticos e incluso la herramienta online que se puede consultar en https://siga.inta.gob.ar/#/ith
Esto sirve para bovinos de leche, para la toma de decisiones y prevención, sobre todo cuando el rango supera los 72 puntos, mientras que para animales de carne son los 76 puntos los críticos, aunque para todos aplican los manejos preventivos.
Dietas frías y agua de calidad: las estrategias nutricionales para sostener la producción en verano
Frente a esto, la implementación de dietas frías buscan reducir el incremento de calor interno, siendo una estrategia el uso de lípidos. Las grasas aportan alta densidad energética sin el calor de fermentación de otros componentes. “La vaca bajo estrés térmico pierde su capacidad metabólica de poner en juego mecanismos de ahorro de glucosa”, explica Pablo Roskopf, médico veterinario y becario INTA-Conicet, que remarca que en definitiva las vacas lecheras son “metabólicamente inflexibles”.
El manejo del agua y los horarios de alimentación definen también el camino. Una vaca de alta producción necesita más de cien litros diarios, por lo tanto, si el agua falta o está caliente, el consumo de comida se detiene y por eso, la ración totalmente mezclada (TMR)debe entregarse en las puntas del día, entre las 5 y las 6 de la mañana o al anochecer, para evitar que el proceso digestivo más intenso coincida con el sol del mediodía.
La palatabilidad es determinante, por eso Roskopf sugiere reemplazar henos secos por forrajes húmedos, que ayudan a que la vaca siga comiendo a pesar del agobio, evitando desbalances costosos. “Si se suministran proteínas de alta degradabilidad sin una fuente de carbohidratos fermentables, el animal requerirá energía extra para detoxificar excesos de urea”.
La higiene del comedero es vital, por lo que hay que remover restos fermentados y tolerar un rechazo del 5% para garantizar que lo que el animal tiene enfrente sea siempre comida fresca. Junto con el ajuste de minerales como sodio y potasio para compensar las pérdidas por jadeo y el soporte indispensable de sombra y ventilación, la dieta fría se consolida como la única vía para que el potencial genético del rodeo no se evapore bajo el sol del verano.
Nuevas investigaciones del INTA para mitigar el estrés calórico en tambos
La problemática del estrés calórico plantea de forma constante y global nuevos desafíos, es por eso que la ciencia sigue avanzando para entender las mejores maneras de contenerlo.
Es en este sentido que con el mes de enero, Salado y Roskopf iniciaron un ensayo que apuntad de forma directa a la nutrición y el alivio del estrés calórico.
Si bien recién comienza, con el apoyo de la empresa Balchem, que produce soluciones nutricionales para bovinos, trabajan en la evaluación de la Niacina en las dietas. La vitamina B3 protegida, es encapsulada para protegerla de la digestión animal, teniendo un efecto vasodilatador, que ayuda a disipar el calor.
“Vamos a evaluar tres dosis. Cero suplementación, que serán los casos testigo, versus las de seis gramos/vaca/día; y las de 12 gramos/vaca/día”, detalla Salado, siendo que además de la respuesta productiva “vamos a medir indicadores fisiológicos de estrés como la temperatura corporal, que debería ser menor en las vacas suplementadas con respecto al grupo testigo y la frecuencia respiratoria”. En unos meses se podrá tener claridad con este registro.
Es importante que en todas las unidades productivas la sombra, natural o artificial, esté disponible para todos los rodeos, que el agua esté cerca y sea limpia, como combinación inicial. A eso se agrega la estrategia en la dieta, pero también y cada vez más, sombra en los corrales de espera, e incluso ventilación y aspersión para mejorar las condiciones de los animales y para que el impacto económico se alivie a la par.
El manejo de la alimentación se vuelve una herramienta de supervivencia para el ganado lechero ante las temperaturas extremas. En la cuenca lechera central, el calor no es solo un factor ambiental, sino un desafío metabólico que puede desplomar la producción de leche hasta en un 40% si no se ajustan las estrategias en el comedero.
“Debido al calor, la disminución de la producción puede llegar al 40%”, afirma Eloy Salado, especialista del INTA Rafaela. El experto explica que el problema central reside en que el animal no logra disipar el calor generado por su propio organismo durante la fermentación de los alimentos. Por esta razón, las vacas más productivas, al consumir más alimento, son paradójicamente las más vulnerables al estrés térmico.
El impacto comienza mucho antes de lo que se percibe a simple vista. Para una vaca de alta producción, el malestar arranca cuando el índice de temperatura y humedad (ITH) toca los 68 puntos, mientras que a partir de los 56 puntos ya se observa una caída en el consumo de energía. El jadeo, ese mecanismo visible para eliminar calor, tiene un costo físico altísimo que incrementa los requerimientos de mantenimiento del animal hasta en un 25%.
La implementación de «dietas frías» surge como la respuesta técnica más efectiva para mitigar estos efectos. La clave consiste en evitar que el pico de calor generado por la digestión coincida con las horas de mayor temperatura ambiental. Se recomienda suministrar la ración completamente mezclada (TMR) entre las 5 y las 6 de la mañana o durante el anochecer.
El agua se posiciona como el insumo más crítico. Salado es categórico al respecto: “Las vacas de alta producción son capaces de beber más de 100 litros por día; la falta de agua disponible en ambientes cálidos es una de las principales limitantes para el mantenimiento del ganado”.
Para que el animal no deje de comer a pesar del agobio, la dieta debe ser atractiva. Pablo Matías Roskopf, también del INTA Rafaela, sugiere reemplazar los henos secos por forrajes húmedos como silajes o subproductos como el bagazo de cerveza, que mejoran la palatabilidad. Además, Roskopf advierte sobre los desbalances: “si en la ración se suministran proteínas de alta degradabilidad sin una fuente de carbohidratos fermentables, el animal requerirá energía extra para detoxificar excesos de urea”, lo que termina castigando la síntesis de proteína láctea.
Finalmente, el manejo del comedero requiere una higiene rigurosa. El especialista recomienda remover constantemente los restos fermentados y ofrecer comida fresca varias veces al día para estimular el consumo voluntario. En este contexto, la sombra y la ventilación son indispensables, pero sin una dieta diseñada para el calor, el potencial productivo se pierde inevitablemente.
El manejo de la nutrición en el tambo deja de ser una rutina para convertirse en una cuestión de supervivencia cuando el termómetro no da tregua. El estrés calórico no es solo un factor climático extremo; es el principal responsable de que la producción de leche caiga hasta un 40%, afectando además la reproducción y, en casos críticos, provocando la mortandad de la hacienda.
“Las vacas más productivas son más susceptibles por su mayor consumo de alimento y su elevada intensidad metabólica”, explican Eloy Salado y Gerardo Gagliostro, especialistas del INTA. El problema es que el animal genera calor interno durante la fermentación de lo que come y, cuando la temperatura ambiente supera los 25 o 26 grados, ya no logra disipar ese calor para mantenerse por debajo de los 38,5 °C corporales.
Para enfrentar este escenario, la implementación de «dietas frías» es una herramienta indispensable. Una de las claves es el uso de lípidos, que aportan una altísima densidad energética sin generar el calor de fermentación que producen otros alimentos. Al suplementar con grasas, se logra un ahorro de glucosa y energía que la vaca destina a mantener el volumen de leche. “La vaca bajo estrés térmico pierde su capacidad metabólica de poner en juego mecanismos de ahorro de glucosa”, advierten los técnicos, calificándola como un animal “metabólicamente inflexible” en estas condiciones.
El agua fresca es el otro pilar innegociable. Una vaca de alta producción puede necesitar más de 100 litros diarios cuando el ambiente calienta. Si el agua falta o está caliente, el consumo voluntario de comida cae estrepitosamente. Por eso, la estrategia del comedero debe ser precisa: “La ración completamente mezclada (TMR) deberá suministrarse preferentemente por la mañana temprano, entre las 5 y las 6, y al anochecer”. De esta forma, se evita que el pico de calor de la digestión coincida con el momento más sofocante del día.
La calidad de la fibra también juega su partido. En lugar de henos secos, los expertos recomiendan forrajes húmedos como ensilajes o subproductos del tipo bagazo de cerveza para mejorar la palatabilidad. Es vital que la comida sea fresca: se debe tolerar un rechazo de hasta el 5% para poder limpiar el comedero y ofrecer raciones nuevas que estimulen al animal a seguir comiendo.
Finalmente, el manejo mineral no puede quedar al azar. El jadeo constante y el desbalance electrolítico aumentan las necesidades de sodio y potasio. Controlar estos niveles en la ración es tan importante como garantizar la sombra y la ventilación forzada en los corrales. Sin una planificación forrajera que prevea reservas de alta calidad para el verano, el sistema queda expuesto a pérdidas que van mucho más allá de unos litros menos en el tanque.

