El déficit hídrico condiciona la campaña agrícola en el sur de Córdoba, con efectos desiguales sobre maíz y soja, según un relevamiento del INTA Río Cuarto.
La campaña de granos gruesos atraviesa un escenario complejo en el departamento Río Cuarto, la principal zona maicera de la Argentina, donde la escasez de precipitaciones comienza a impactar sobre el estado de los cultivos y el rendimiento esperado. Según un informe del INTA, se observan situaciones dispares, que van desde lotes que aún conservan buen potencial hasta planteos donde el impacto es mayor, con pérdidas importantes.
En las últimas semanas, el registro de lluvias explica buena parte de este escenario. “De la ciudad de Córdoba hacia el norte ha llovido mucho, con eventos que superaron los 50 milímetros, mientras que en la zona de Río Cuarto y alrededores tuvimos precipitaciones de entre 5 y 12 milímetros”, explicó Sebastián Muñoz, jefe de la EEA INTA Río Cuarto.
A la falta de lluvias se sumó un aumento de las temperaturas, que superaron los 30°C, lo que aceleró la pérdida de humedad en el perfil del suelo y profundizó el estrés de los cultivos, especialmente en aquellos planteos con suelos de menor aptitud o con manejos más deficientes.
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Déficit hídrico en el sur de Córdoba: lluvias escasas y altas temperaturas agravan el escenario
La información surge de un relevamiento realizado por el INTA Río Cuarto, que abarca unas 2 millones de hectáreas del departamento y zonas aledañas, incluyendo áreas de influencia de las agencias de extensión de Adela María, La Carlota y Coronel Moldes. El monitoreo integró recorridas a campo, datos de lotes de productores, ensayos propios del INTA y aportes de profesionales de la región. Además, se incluyeron datos del estado hídrico de los suelos, comportamiento de la vegetación frente al stress hídrico e índices de vegetación para los primeros 10 días de enero 2026.
El diagnóstico general es el de una campaña heterogénea. Hacia el sudoeste y sur-sudoeste del departamento, en el límite con San Luis, predominan situaciones regulares, con impacto directo sobre el rendimiento esperado. En esos sectores comenzaron a redefinirse algunas estrategias productivas. «Hay productores ganaderos que están picando el maíz de primera para destinarlo a la hacienda, porque el cultivo ya perdió parte del rendimiento como consecuencia de la falta de precipitaciones», señaló Muñoz.
En contraste, hacia el noroeste del área relevada, en localidades como Alpa Corral, Rodeo Viejo y Las Albahacas, las lluvias fueron más abundantes y el estado de los cultivos es mejor. Allí se observan sojas con buen desarrollo y maíces que superan 1,8 metros de altura, con espigas de tamaño superior al promedio. “En esos ambientes estamos viendo rindes del orden de los 90 quintales por hectárea, cuando la media zonal ronda los 75”, indicó.
En la zona cercana a la ciudad de Río Cuarto, el escenario es intermedio. Predominan lotes con estados de cultivo buenos a muy buenos y de regular a bueno, donde el rendimiento se ve afectado, aunque sin daños irreversibles por el momento. En estos casos, la evolución de la campaña dependerá en gran medida de lo que ocurra con las precipitaciones en las próximas semanas. “Si en los próximos días se registraran lluvias de 30 o 40 milímetros, muchos lotes podrían recuperarse y volver a ponerse en carrera para una buena campaña”, advirtió Muñoz.
La heterogeneidad también se expresa dentro de un mismo lote. En un establecimiento cercano a Río Cuarto donde se aplican manejos variables, Muñoz describió diferencias marcadas entre ambientes: “En las zonas de baja productividad, los maíces prácticamente están sin espigas o son muy chiquitas, de 30 o 40 quintales por hectárea. La zona de media productividad más o menos se salva, y en la zona de alta tenemos espigas de 80 u 85 quintales”. Esa variabilidad intralote termina condicionando el resultado final, incluso dentro de un mismo planteo.
Por otra parte, destacó que la respuesta de los cultivos también varía según la calidad de los suelos y el manejo. En ambientes con suelos de buena aptitud y rotaciones adecuadas, los cultivos lograron sostenerse aun con lluvias escasas. “Hoy vemos que los suelos de buena calidad, con buen manejo, están sosteniendo los cultivos prácticamente en todas las zonas. En cambio, donde la calidad del suelo es menor y la rotación no fue adecuada, la falta de agua empieza a evidenciarse con mayor claridad”, explicó.
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De una campaña prometedora a un escenario de alerta tras el cambio climático de enero
La campaña 2025/26 había comenzado con condiciones favorables. Un otoño particularmente lluvioso, poco habitual para la región, permitió recargar los perfiles de suelo, y la primavera aportó algunas lluvias adicionales. Ese contexto generó buenas expectativas al momento de la siembra e impulsó una mayor superficie de maíz temprano. “Llegamos a la siembra con perfiles de humedad óptimos y, hasta fines de noviembre, la campaña era excepcional”, recordó Muñoz.
Si bien las precipitaciones de los últimos meses de 2025 estuvieron entre un 15 y un 20% por debajo de la media, la reserva hídrica permitió que los cultivos se sostuvieran hasta mediados de diciembre. Incluso los cultivos invernales mostraron resultados destacados, con rindes elevados para una zona que no es tradicionalmente triguera. “Hasta fin de año veníamos apuntando a una campaña levemente superior a la media”, señaló.
El cambio de escenario se produjo después de Año Nuevo, con altas temperaturas y ausencia de lluvias. Desde entonces, el impacto varía según cultivo y momento fenológico. En el caso del maíz de primera, el período crítico transcurrió mayormente en diciembre, cuando todavía había humedad disponible en el suelo. “Los maíces de buen rendimiento atravesaron ese período en buenas condiciones. Con esta seca están afectados, pero el rinde ya está bastante definido y es bueno”, explicó.
Para la soja, la situación es más ajustada. El rendimiento se define durante la floración y la formación de vainas, y una parte de los lotes se encuentra actualmente en ese estadio. “Hay sojas tempranas que ya superaron el período crítico, pero otras están justo en R2 y R3. Para ese caso, es clave que llueva en estos días”, advirtió.
En el caso del maíz tardío y la soja tardía, el período crítico se concentrará entre principios y mediados de febrero. Por ahora, la demanda hídrica es menor debido al tamaño de las plantas, pero el riesgo se traslada a las próximas semanas. “La seca actual no los afecta tanto, pero si llegamos a febrero sin agua, el impacto puede ser importante”, concluyó.
