Tras una década de manejo regenerativo, un establecimiento del norte santafesino logró revertir la degradación de sus suelos, combinando producción y conservación. “La clave fue planificar el uso del monte y del pastizal como un solo sistema”, explica el ingeniero agrónomo Oscar Cena, autor del trabajo.
La recuperación de suelos severamente erosionados en el norte de Santa Fe dejó de ser una hipótesis técnica para convertirse en una experiencia concreta. A través de un planteo de Ganadería Integrada al Bosque Nativo, un establecimiento logró revertir una crisis ambiental y productiva profunda y consolidar, en poco más de una década, un sistema regenerativo con resultados medibles y proyección a largo plazo.
Un punto de partida crítico: suelos degradados y ganadería en crisis
En 2014, el establecimiento “Los Aromos” -a 17km de Reconquista, en el departamento General Obligado- atravesaba una situación crítica. El paisaje estaba marcado por suelos desnudos, cárcavas profundas y una degradación acumulada durante años de sobrepastoreo y ausencia de planificación. La lógica productiva había estado centrada casi exclusivamente en la carga animal, sin considerar la capacidad del ambiente para sostenerla, lo que derivó en un sistema ambientalmente agotado y económicamente vulnerable.
“El diagnóstico inicial mostraba un suelo completamente descubierto, sin vida, expuesto al sol, al viento y a las lluvias”, explica el ingeniero agrónomo Oscar Cena, responsable técnico del plan de manejo. Según detalla, la pérdida de cobertura vegetal había anulado la infiltración del agua y acelerado los procesos erosivos, comprometiendo de manera directa la funcionalidad del ecosistema.
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La crisis también se manifestaba en el plano productivo. La falta de forraje y el deterioro general del ambiente afectaban el bienestar animal y la eficiencia del sistema. “Había una mortandad elevada; incluso se registraban muertes durante el parto por la falta de fuerza de las vacas”, señala Cena, al describir el punto de partida del proceso.

Planificación, manejo y decisión: las claves de la recuperación
Frente a ese escenario, el establecimiento decidió implementar un Plan de Manejo en el marco de la Ley Nacional de Bosques Nativos, mediante la elaboración y ejecución de Planes Operativos Anuales (POA). La estrategia se apoyó en una premisa central: recuperar primero los procesos ecológicos para luego reconstruir la productividad. “La planificación predial permitió dejar de mirar el problema de manera fragmentada y empezar a ver la película completa”, resume el autor.
El cambio de rumbo se sostuvo sobre tres pilares. El primero fue la asistencia técnica multidisciplinaria, que permitió diseñar los POA a partir de cartografía de alta resolución e inventarios forestales. El segundo fue la gestión del titular del establecimiento, que asumió una lógica empresarial orientada a resolver los problemas ambientales como base de la rentabilidad futura. El tercero fue el rol del personal de campo, encargado de ejecutar las prácticas definidas en el plan.

“La recuperación no fue azarosa; fue el resultado de decisiones técnicas y de una gestión constante en el tiempo”, subraya Cena. Entre las principales acciones se incluyeron el ordenamiento del pastoreo mediante esquemas rotativos racionales, la construcción de picadas cortafuegos, la limpieza de perímetros y un manejo forestal enfocado en favorecer la regeneración natural del monte nativo.
Resultados a diez años: datos que confirman la regeneración
Con el correr de los años, los efectos comenzaron a consolidarse. Para 2025, el establecimiento alcanzó un 95 % de cobertura del suelo, un indicador clave para frenar la erosión. La actividad biológica regresó de manera progresiva, con la presencia visible de lombrices, insectos y hongos. “Hoy el agua de lluvia infiltra; ya no escurre arrastrando el suelo como ocurría antes”, destaca el ingeniero agrónomo.

La mejora ambiental tuvo un impacto directo sobre la producción ganadera. La recuperación del estrato herbáceo y el aprovechamiento de frutos del bosque permitieron aumentar la disponibilidad de alimento y estabilizar el sistema. “Se pasó de un escenario de escasez extrema a uno de abundancia forrajera”, explica Cena. El rodeo creció de forma gradual, con índices de mortandad mínimos, y el manejo forestal planificado habilitó además la extracción y comercialización de madera proveniente de podas y raleos.
El proceso también generó efectos positivos en el plano social. El sistema sostiene empleos permanentes y temporarios, demanda mano de obra rural calificada y revaloriza el asesoramiento técnico continuo. “Invertir más tiempo y más recursos fue una decisión consciente, tanto del titular del plan como del equipo técnico”, afirma el asesor.

Lo que viene: nuevos desafíos para la ganadería con bosque
Lejos de considerarse una experiencia concluida, el trabajo proyecta nuevos desafíos. El horizonte 2026–2036 contempla profundizar el manejo integrado, mejorar los índices reproductivos del rodeo e incorporar áreas agrícolas destinadas a reservas forrajeras.
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“Estamos ante un nuevo paradigma de desarrollo”, concluye Cena. “La ganadería integrada al bosque nativo demuestra que producción y conservación no solo son compatibles, sino que se necesitan mutuamente para enfrentar el cambio climático y las demandas actuales de la sociedad”.
