“La vida te va llevando”, resume Alberto sobre el origen de su proyecto. Con una trayectoria ligada a la arquitectura comercial y los efectos especiales, la pandemia lo empujó a reconectar con su veta creativa y manual. Tenía varias ideas en mente, pero fueron sus hijos quienes eligieron: el Tractortito fue el seleccionado.
Desde entonces, Zethnaref se dedica con pasión a fabricar estas piezas únicas. “Son 76 piezas hechas una por una, sin batería, a pedal. Mi intención es que quede en la familia. Hago algo que puede durar por infinidad de años”, explicó con orgullo.
Tractortito, un diseño pensado para jugar, compartir y durar
El Tractortito no solo está pensado como un juguete, sino como una herramienta para enseñar valores. “Quiero que el chico transpire la camiseta, que aprenda a compartir con sus amigos y hermanos. Para eso es el acoplado, que también tiene una manija para remolcar en caso de que el niño no sepa pedalear”, detalla el creador.
“Estuve seis meses desarrollando la forma. Es algo orgánico, cálido, diferente a los tractores modernos que son muy agresivos. Busco algo más nostálgico, con impronta antigua”, sumó.
Zethnaref vive en Juárez Celman, en las afueras de Jesús María, donde tiene su quinta y su taller. “Trabajo 10 o 12 horas por día durante un mes para hacer cada uno. Ya fabriqué unos 25 que están en lugares como Nogoyá, Uruguay o La Pampa”, contó.
A sus 65 años, asegura que hoy trabaja con pasión: “No por obligación, sino por amor. Es un hobby, pero también un sustento”.